martes, 2 de febrero de 2010

El amigo, otro "yo" globalizado

Por: Querien Vangal

Enero / 2007

 

Basta con poner alguna palabra que se refiera a "globalización" para que uno crea que está actualizado. Lo cierto es que hay temas de siempre que valen para todos, y que, en ese sentido, son "globales".

 

Uno de esos temas es el de la amistad. Los griegos decían que el amigo era un como un duplicado de uno mismo. "El amigo es otro yo". ¿Se trata de un ser clonado? ¿Se trata de una copia más o menos genuina?

 

Resulta claro que el amigo es siempre alguien distinto. Y, sin embargo, somos amigos porque tenemos mucho en común. Somos amigos, ante todo, porque coincidimos en una serie de elecciones, valores y gustos que nos hacen vibrar por lo mismo. Es por eso que pasamos mucho tiempo juntos, porque existe una "sinfonía" de corazones que es la base de la amistad. Por eso decían también los antiguos griegos que para ser amigos había que comer juntos una buena cantidad de sal (o, si actualizamos la frase, hay que comer juntos una buena cantidad de tacos...).

 

Pero también somos amigos cuando compartimos los momentos de dolor y de sufrimiento. La prueba muestra quién es verdadero amigo. Ante el dolor todos sentimos un impulso de rechazo, de huida. Tampoco nos gusta ver sufrir a los demás. Por eso, quizá instintivamente, giramos los ojos al ver una herida, al ver a un pobre tirado en la calle. Pero cuando el que sufre es un amigo, la cosa cambia. Si le queremos de verdad, su dolor no nos alejará de él, sino que nos obligará, con lazos más fuertes que los de la ley, a acompañarlo, a darle una mano, a ser para él un compañero de fatigas. Ese es el significado original de "compasión": dolerse con el otro, especialmente con ese otro al que amamos.

 

¿Y cuál es el camino para tener amigos? Será un hombre de pocos amigos quien quiera conservar la máxima autonomía, la capacidad de decidir en cada momento lo que hay que hacer, cuándo, cómo y por qué. Cerrarse es la gran tentación del egoísta (palabra que encierra todo lo negativo que se esconde en cada uno de nosotros), mientras que abrirse implica el riesgo de tener que dejar algo para que el otro (el que puede empezar a ser amigo) gane mi tiempo, mis gustos, mi trabajo, mi entrega.

 

La amistad se construye cuando nos dejamos a nosotros mismos y nos encontramos en el otro, cuando rompemos los límites de lo conocido y empezamos a compartir, a darnos. Y ello nunca será fácil. Primero, porque no podemos darnos a cualquiera. Quien ha creído iniciar una amistad y se ha visto "usado" o traicionado por "el amigo" sabe lo doloroso que es esto. Hay que buscar al que de verdad merece ser mi amigo. Pero, y aquí nace la segunda dificultad, también yo debo merecer el poder convertirme en amigo de los demás... No podré ser amigo de nadie si veo sólo lo que los otros me puedan dar, o lo que puedo ganar con tal o cual relación.

 

En la verdadera amistad sólo debe interesar una cosa: que los dos sintonicemos plenamente en un ideal común, y que experimentemos esa extraña alegría del estar juntos, y del volcarnos sobre el otro, simplemente "porque es mi amigo", sin más.

 

La amistad es un reto para todos, especialmente para los adolescentes, pero también para los adultos, que querríamos poder contar con más de algún amigo de verdad. Es un reto de modo especial para un mundo cada vez más "globalizado", donde quizá se aumentan mucho los contactos, pero falta la intimidad. Aristóteles decía que solamente es posible tener pocos amigos, pues no hay tiempo suficiente para conquistar la amistad con muchos. Quizá las prisas nos han quitado ese estupendo "perder el tiempo" que crea, si el tiempo está "bien perdido", amistades para siempre. Habrá que empezar, por lo tanto, a dejar más huecos en la agenda para, simplemente, "ganar amigos". Una inversión de la que nunca nos arrepentiremos.

 

¡Vence el mal con el bien!

 

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EE.UU. llegó a 300 millones de habitantes

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2007

 

En Octubre del 2006, la Oficina del Censo de los EE.UU. anunció que la población de los Estados Unidos alcanzó los 300 millones de habitantes y constituye la tercera población más grande del mundo, muy lejos de China (1,3 billones) e India (1,1 billones). Simultáneamente a este anuncio también hubo numerosas intervenciones en los medios de comunicación acerca de una supuesta superpoblación en Estados Unidos. Casi la única voz discordante con estos lamentos fue la del Population Research Institute. Y fue tan notorio el contraste que la BBC de Londres se interesó en indagar acerca de esa visión optimista – y no alarmista- sobre el crecimiento demográfico en Estados Unidos.

 

En efecto, a pesar de cualquiera de los problemas inherentes a los niveles de la inmigración y pautas impropias de desarrollo, el crecimiento demográfico general de EE.UU. es una bendición, no un problema. Con esto se trata de demostrar lo errado que están los que sostienen el antiguo mito de la "sobrepoblación".

 

Los estudios actuales en demografía dan cuenta de una realidad muy distinta a lo que dicen los medios de comunicación. Actualmente la población de EE.UU. crece cerca de 0,9% al año. La densidad de su población es de 30 personas por kilómetro cuadrado mientras que la densidad de la población mundial es de 43 (eso incluye las vastas áreas del desierto del Sahara, el interior australiano y Groenlandia donde casi nadie vive). Estados Unidos ocupa el puesto 143 en la lista de las 193 naciones de todo el mundo ordenados según la densidad de su población, y tiene una de las reservas de recursos naturales más ricas del mundo. Por lo que a pesar del rápido crecimiento demográfico en algunas regiones metropolitanas y de sus suburbios, EE.UU. en general está muy distante de ser un país superpoblado.

 

Uno de las más sonoras alarmas acerca del peligro de la expansión de población de EEUU son ahora las relacionadas al medio ambiente. Dicen algo así como: "el crecimiento demográfico está haciendo insostenible nuestro ambiente". Sin embargo son muchas las naciones con registros ambientales iguales o superiores, la mayoría en la mira de los ecologistas, y que tienen de lejos una densidad de población más grande que la EE.UU.: Austria, 97 personas por Km. cuadrado; Francia, 110; Dinamarca, 126; Suiza, 181; Italia, 192; Alemania, 230; Gran Bretaña, 243; Bélgica, 339; Los Países Bajos, 395. Estos países, con sus poderosos lobbies verdes, tienen normalmente leyes ambientales más rigurosas que las nuestras. Y Rusia, con una diminuta densidad de población de 8, tiene un registro ambiental bajísimo.

 

Algunos países prósperos, con poblaciones en sano crecimiento, tienen densidades de población que hacen parecer despoblados a los Países Bajos. Y sus economías gozan de prosperidad a pesar que deben importar la mayor parte de sus recursos a diferencia de los EE.UU. Singapur tiene una densidad de 6,400 personas por Km. cuadrado, Hong-Kong casi por allí, y Taiwán, un mero 636. Corea del Sur tiene 491 y Mónaco tiene 16,620.

 

En una nota de prensa típica del Boston Globe tan aficionado a las "alarmas" demográficas, señaló el 31 de agosto, "Los Estados Unidos, a punto de llegar a los 300 millones de habitantes, es el único país industrializado que ha experimentado crecimiento demográfico fuerte en la última década, creando tal preocupación que el estampido y el inmenso apetito de los americanos por el alimento, el agua, y la tierra mermarán bruscamente los recursos naturales de la nación en años venideros, según un informe revelado ayer. . . . Mientras algunos investigadores se enfocan sólo en las tasas de fecundidad alarmantes de países pobres, que crecieron en 16,3% de 1995 a 2005, no reparan que la población de los EE.UU creció en 10,6% en ese período, es decir 29 millones de personas, anotó el informe. Europa durante ese tiempo creció en 504.000 personas, menos de 1%. El boom de población de EE.UU. fue atribuido a la alta tasa de nacimientos, la inmigración, y al aumento de la longevidad".

 

Lo que el Boston Globe no dice es que ésas otras naciones industrializadas se están suicidando. Con tasas de natalidad que promedian alrededor de 1,5 niños por mujer (muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1) las naciones europeas Occidentales se encuentran en el ocaso. A pesar de tasas altas de la inmigración y una relativa tasa de natalidad todavía sana de 2,0, los EE.UU enfrentan la insolvencia de los planes de Seguridad Social y Médica debido al fracaso de las personas nacidas durante el baby boom de tener suficientes niños. Los países europeos, ambos Occidental y Oriental, y Japón enfrentan el mismo problema. EE.UU. también corre el riesgo de llegar a ser un país económicamente inviable sin un suficiente número de jóvenes para trabajar y con el problema de una población más vieja en las décadas que vienen.

 

¿Podrá la infraestructura EE.UU. mantener 300 millones de habitantes y sus subsiguientes incrementos indefinidamente? Ésta es una buena pregunta porque veremos que 300 millones no son suficientes.

 

Thomas Malthus y muchos otros se hicieron la misma pregunta para sus propias naciones en distintos momentos de la historia. Quienes con Malthus tuvieron un pronóstico pesimista sobre las posibilidades de la creatividad y empresa humanas se equivocaron rotundamente. Felizmente hubo otros que fueron más optimistas y acertados. Se nos antoja citar a Julián Simon quien con ánimo desenfadado siempre pregonó que el recurso prioritario y fundamental fue el ser humano.

 

La respuesta a la pregunta de la solvencia de una nación requiere, además de una fe en el ser humano, de una serie de variables: estructura de edades, tasas de natalidad, envejecimiento poblacional. Hoy, después de décadas de creer ciegamente en la anticoncepción y de ejecutar programas masivos públicos y privados, insistir en esas recetas haría que las cifras no pinten muy bien para el futuro de los norteamericanos.

 

Para la actual estructura demográfica y económica, la población de EE.UU es muy pequeña. La generación del baby boom y las siguientes generaciones han tenido muy pocos hijos, provocando que en el futuro no haya suficientes de trabajadores para mantener a los numerosos jubilados que se tendrán en las próximas décadas. Esto exigirá reformas de los sistemas del Seguro Social, Medicare y Medicaid para ajustar a las reglas del libre mercado tal como lo sugiere el experto Peter Ferrara. Sin éstas se seguirán promulgando desastrosas políticas públicas dirigidas a bajar la natalidad y estaremos en un círculo vicioso: a menor solvencia, menos nacimientos y menos nacimientos producirán menos solvencia.

 

Muchos expertos han salido con diferentes datos estadísticos pero nadie discute la gran tendencia negativa en la relación entre trabajadores y jubilados y el gran impacto que está por venir. De acuerdo al Comité de Presupuesto del Congreso, la relación entre trabajadores y jubilados era de 5 a 1 en 1960. En el 2002, era de 3 a 1, una caída del 40%. En el 2050, será de 2 a 1, una caída adicional de 33%. Al mismo tiempo la expectativa de vida para EE.UU. se incrementará y los costos de cuidado médico subirán tremendamente, como ha pasado en las últimas décadas. Sin duda el sistema de Seguridad Social estará en bancarrota.

 

"Dado que la generación del baby boom todavía no ha pasado al retiro necesariamente y mientras la relación de jubilados en comparación a los trabajadores todavía es baja, estamos en medio de un periodo de tranquilidad demográfica", dijo al Congreso el ex Jefe de las Reserva federales, Alan Greenspan, hace algo de 4 años. "Cortos de una adecuada aceleración de la productividad mucho más allá del nivel promedio de los 7 años anteriores o de un mayor crecimiento de la inmigración, el actual envejecimiento de la población terminará con la relativa tranquilidad en el presupuesto en alrededor de una década". Sólo quedan 6 años!!!!

 

El problema en EE.UU. con una población de 300 millones de personas es que no son suficientes... para mantener la solvencia económica de la nación.

 

La tasa de natalidad de EE.UU. es de sólo 2.0 hijos por mujer, apenas por encima del nivel de reemplazo. El boom de niños que produjo la generación que ganó la Segunda Guerra Mundial fue seguido por un bajón en la generación de los `60s. El bajón continuó y continuará en el futuro previsible. Ni siquiera las altas tasas de inmigración hacia EE.UU. detendrán la estrepitosa caída en el número de trabajadores por cada jubilado. Según las Naciones Unidas, la proporción de la población estadounidenses de 65 años o más pasará de 12.3% actualmente a 20.60% en el 2050. Aquellos de 80 años o más aumentarán de 3.6% a 7.3%

 

El Seguro Social enfrenta un déficit de 11 billones de dólares a largo plazo. Medicare enfrenta uno de 68 billones.

 

Felizmente, hay soluciones. La mejor es que la gente tenga muchos hijos. Eso no sólo salvará al seguro Social y a Medicare, sino que salvará a la economía en general de una escasez de trabajadores. Esto también reducirá la necesidad de altos niveles de inmigración con sus consecuentes problemas. Desafortunadamente, no parece estar por venir un incremento dramático de las tasas de natalidad en EE.UU. De modo que para salvar a los programas sociales tan preciados, es muy probable que las élites de Washington efectúen una estrategia diferente, una tendiente a deprimir las tasas de natalidad aún más hasta adoptar el estilo europeo de una espiral de muerte (la mayoría de naciones europeas tienen muy bajas tasas de natalidad que han predestinado a la ruina a sus sociedades).

 

Desde el término de la Segunda Guerra Mundial, el gasto público de EE.UU. como proporción del Producto Bruto Interno ha oscilado cerca del 20%. Para adoptarse las soluciones del libre mercado a los problemas de Seguridad Social y Medicare (algo que todavía no se han implementado), el gasto público tendría que crecer en cerca del 40% del Producto Bruto Interno para el 2050. Lo cual sólo sería posible a través de un gigantesco aumento en los impuestos que pagan las familias de los trabajadores. Esto, a su vez, haría que los norteamericanos tengan aún menos niños que los que tienen actualmente, dado que las cuestiones económicas son la razón número 1 para optar por tener menos hijos.

 

Algunos, aún los más conservadores en Washington, quieren establecer un compromiso que resulte en un impacto sobre los fondos públicos que involucre "sólo" el 30% del Producto bruto interno. Ese "sólo" se traduciría en un aumento de 50% en los impuestos.

 

"Esta desastrosa tendencia de crear un Gobierno elefantiásico no sólo puede ser detenida sino que actualmente puede revertirse a través de reformas que contarían con un gran respaldo popular, si son estructuradas y explicadas correctamente" escribió Ferrara el 6 de Septiembre en Issue Brief del Instituto para la Innovación de las Políticas Públicas. "De hecho, estas reformas juntas podrían reducir substancialmente el gasto público como porcentaje del Producto Bruto Interno".

 

Ferrara propone soluciones de sentido común para salvar los programas públicos sin aumentar los impuestos (1). Estas propuestas también darían a las familias norteamericanas más control sobre una mayor parte de su dinero:

Cuentas Personales para Seguridad Social: Este dinero podría ser invertido en la bolsa de valores y ganar un sólido retorno en vez de estar depositado en una cuenta de gobierno ganando un mínimo interés. Los hijos podrían heredar todo monto sobrante en vez de que el gobierno se los quede para sí mismo.

 

Cuentas Personales para Medicare y Medicaid: Nuevamente la idea es que las inversiones en bolsa pueden multiplicar el dinero de los impuestos de los norteamericanos más rápido que lo que el gobierno puede hacerlo. Adicionalmente, los individuos podrían tener incentivos por mantener bajos sus costos de cuidado de salud bajos ya que conservan fondos sin usar para ellos mismos. Por ahora con fondos comunes nadie siente la urgencia de ahorrar. Por otro lado son burócratas quienes deciden qué cuidado de salud recibirás. Estas simples medidas traerán un uso más racional de los fondos ahora que las tasas de costos vienen subiendo.

 

Reforma de los Impuestos en Pro del Crecimiento: Reemplazando el ineficiente código de impuestos con una tasa plana o impuesto nacional sobre las ventas se incrementaría el crecimiento de la economía enormemente. No obstante tendría que tenerse cuidado de evitar impuestos excesivos sobre las familias numerosas actualmente beneficiadas por el crédito fiscal asignado a los que tienen niños. El problema de población de EE.UU. necesita urgentemente de soluciones. Un supuesto fundamental es que ésta se incremente más rápido de ahora en adelante. Esperamos que así suceda y que las políticas públicas no le den la espalda a los datos demográficos interponiéndose en el camino.

 


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De las dictaduras

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2007


La dictadura es una forma adulterada
 e inhumana de ejercer el poder.

 

Las organizaciones civiles de la Unión Europea han expresado su opinión en la última encuesta, realizada a raíz del fallecimiento del general Augusto Pinochet, quien fuera presidente de Chile de 1973 a 1990, así como del delicado estado de salud de Fidel Castro, que ha sido desde 1959 el máximo dirigente de Cuba.


El sondeo presentaba cuatro opiniones sobe la dictadura:


--Va contra la ética, la democracia es el único sistema aceptable.


--Da más garantías éticas que las actuales democracias.


--En determinadas ocasiones drásticas podría justificarse.


--Puede ser éticamente comparable a la democracia actual.


Con el 56, 4 por ciento de votos, las opiniones consideraron que la dictadura va contra la ética, pues la democracia es el único sistema aceptable.


Un 32,2 por ciento opinó que da más garantías éticas que las actuales democracias.


Un 28,2 por ciento piensa que en determinadas ocasiones drásticas podría justificarse. Y un 11,8 por ciento dice que la dictadura puede ser éticamente comparable a la democracia actual.


Los participantes acompañan sus juicios con comentarios. Algunos de ellos, mayoritarios, expresan que la dictadura, sea cual fuere su origen, es una forma adulterada e inhumana de ejercer el poder pues quebranta la libertad, que es el principal derecho de los ciudadanos.


También comentan que la democracia es un sistema político más positivo, porque involucra a los ciudadanos en el gobierno de su nación, pero la democracia exige una educación, y el problema es que esta formación no todos los ciudadanos la tienen.


La encuesta siguiente ya está en el portal del encuestador, ahora con el tema de la pena de muerte a criminales de guerra.


La consulta es: «Ante la pena de muerte ejercida sobre Saddam Husein y la posibilidad de que se sigan enjuiciando a la pena de muerte a genocidas y criminales de guerra ¿Cuál debe ser la posición europea?».


Las alternativas como respuestas son:


a) De condena y rechazo público.


b) De que en ciertos casos extremos se debe ejercer la pena de muerte.


c) De total apoyo a la ejecución de estos criminales pues han robado la vida de muchas personas y destrozado a sus familiares.


Los comentarios a la encuesta están a disposición de los que lo deseen, así como artículos relacionados con la pena de muerte.  ¿Y usted que piensa al respecto?


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Cristóbal e Isabel

Por: Antero Duks

Enero / 2007

 

Imposible pasar por alto en este agonizante 2006 los 500 años de la muerte en Valladolid, España, de Cristóbal Colón. O los 80 años de la reina Isabel II, de Inglaterra.

 

En el caso de Colón, se ha producido una orgía de libros y documentales que creen ir más allá de lo que enseñaron hasta hoy los textos de historia.

 

Autores hay que lo presentan como un conde gallego, un marino nacido en América, un corsario catalán o un judío converso que tuvo que ocultar su identidad. No falta quién vea en él a un descendiente de los templarios.

 

Discovery lo sospecha catalán. Dominaba ese idioma por encima del suyo, el dialecto genovés, y el latín, el inglés de entonces, que habló desde que perseguía ovejas.

 

Si no, ¿cómo echarle primero el cuento al rey Juan II, de Portugal, quien no le paró bolas, y después a los muy católicos reyes de España?

 

Se ha sabido que si no fuera por uno de los confesores de Isabel, el prior Juan Pérez, Colón no habría podido llegar hasta la reina.

 

Tanto conocía Pérez la letra menuda palaciega que Isabel aceptó recibir a Colón con quien le han inventado chismes hollywoodescos.

 

El éxito de Colón radicó en que en supo venderse, habló claro y confiado en lo que proponía, y cobró duro por su trabajo. Eso dice un maquiavelo moderno llamado Richard Greene, en su libro Las 48 leyes del éxito.

 

Hace menos de 500 años, según Greene, Colón se dio el lujo de tratar a los reyes como si fueran iguales. No se arredró ante los de arriba.

 

En Colón, del sueco Landström, leemos que sólo el navegante genovés "comprendió que los vientos del nordeste debían soplar hasta las Indias, y que los del oeste debían soplar de las Indias a Portugal...". En suma: Colón fue el único que supo leer el viento.

 

Ahora, que en vez de llegar a las Indias, Colón desembarcó en América, es otro cantar. Ya se ha dicho que a América llegaron primeros los vikingos y los chinos.

 

No nos digamos mentiras: si la reina Isabel no empaña su bisutería, y Colón no aprende a leer el viento, todavía andaríamos de taparrabos.

 

Otra reina, Isabel II, de Inglaterra, está cumpliendo en 2006 sus primeros 80 años, de los cuales lleva 54 de reinado, y 59 sin repetir marido.

 

Envidio a don Felipe Mountbatten porque siendo esposo de reina, tiene la mujer por exquisita cárcel.

 

Gracias a su condición de príncipe consorte, nunca ha tenido que madrugar a levantar pa' la prosaica yuca. Le basta dormir con su propio jefe. O sea que en Inglaterra, duermen juntos gobierno (o monarquía) y oposición.

 

El príncipe nunca ha tenido jefe de personal, jamás ha tenido que hacer cola para entrar a cine, no sabe lo que es triturar horarios de oficina, tender la cama, lavar la loza, preparar fish and chips para algún flemático súbdito.

 

Sólo de vez en cuando sale del silencio de su cartuja de oro londinense para decir algún exabrupto. Y regresa a su anonimato de cinco estrellas.

 

¿Cómo no felicitar a la reina en su octogésimo aniversario, si los ingleses le han hecho sustanciales aportes a la humanidad?

 

Si no fuera por los ingleses, a estas alturas no sabríamos de dónde venimos.

 

Gracias, señor Darwin, por recordarnos que venimos del mono, un pacífico pariente que nunca ha fabricado un miserable cortaúñas.

 

El bobo sapiens ha ido mucho más allá: tenemos con qué destruirnos y con qué pasar a ser olvido puro, polvo de estrellas.

 

Por otro inglés, Charles Chaplin, sabemos que un día sin humor es un día perdido. Y cuando el mundo necesita una ironía o una paradoja para sobrevivir, puede leer a Wilde.

 

Claro que el mejor regalo que nos podría hacer la reina a sus súbditos de la aldea global, sería regalarnos alguno de sus divertidos sombreros.

 

O renunciar a una figura cada vez más arcaica, decorativa y costosa como la monarquía. Renuncie o no a la corona: God Save the Queen.

 

 

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Cristo, ¿el más grande socialista?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2007

 

Diversas reacciones ha producido en la Iglesia católica latinoamericana la postura del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tras asumir por tercera ocasión la primera magistratura de su país al declarar que Cristo ha sido «el más grande socialista» de la historia.

 

A la reacción de la Conferencia Episcopal de Venezuela, se han unido voces de diferentes sectores de la Iglesia para matizar tanto ésta como otras afirmaciones de carácter religioso del mandatario venezolano. La mayor parte de ellas señala la experiencia que se ha tenido del socialismo real durante el siglo XX, sobre todo en la antigua Unión Soviética y los países de Europa del Este.

 

A las críticas se ha unido monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, al sur de México, quien  emitió un comunicado que importante dada la importancia que reviste el tema, sobre todo para la Iglesia y el futuro del catolicismo en América Latina.

 

El pasado 11 de enero, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al jurar para un tercer mandato de seis años, con la posibilidad de promover una reelección sin límite, dijo que lo hacía en nombre de «Cristo, el más grande socialista de la historia».

 

Por la tarde del mismo día, Daniel Ortega, al asumir la presidencia de Nicaragua para los próximos cinco años, sostuvo que «debe imperar el reino de Cristo y no el reino de las guerras, del empobrecimiento o de la destrucción de la naturaleza». Es el mismo comandante que, hace años, cuando los obispos empezaron a criticar las desviaciones marxistas del sandinismo, afirmó: «Yo creo en Cristo, pero no en los Obispos».

No faltaron personas, en tiempos en que el marxismo estaba vigente, que sostenían: «Cristo fue el primer marxista de la historia».

 

¿Qué decir al respecto? ¿Se pueden sostener estas afirmaciones, según la doctrina católica?

 

Ante todo, hay que distinguir qué se entiende por socialismo. Si se le hace equivalente al marxismo, que es un materialismo cerrado a la trascendencia, centrado en la economía y en la buena intención de hacer a todos iguales, obstruyendo las libertades individuales y la iniciativa personal, es obvio que este socialismo ya está superado por la historia. Si se pretendiera poner a Cuba como modelo de este sistema, habría que preguntar a los cubanos por qué tantos de ellos hacen angustiosos intentos por huir de su país. Son innegables algunos logros en salud, alfabetización, instrucción escolar, trabajo, aunque mal remunerado, y un mínimo de alimentos, racionados, pero a costa de derechos humanos fundamentales, sobre todo de la libertad religiosa. Es obvio, por tanto, que si al sistema socialista se le identifica con el marxismo, Cristo no es socialista.

 

En cambio, si por socialismo se entiende la lucha para que el sistema social, político y económico sea justo y solidario, sobre todo para que los pobres vivan con la dignidad que Dios quiere, eso está muy de acuerdo con lo que Cristo vino a enseñar. Su mayor preocupación fue que aprendiéramos a amarnos como hermanos, con una opción solidaria por los marginados. Esa es la prueba de que en verdad lo hemos comprendido y de que somos discípulos suyos. Por lo que hayamos hecho a favor de los excluidos, seremos evaluados al fin de nuestra historia, y mereceremos el cielo o el infierno.

 

Los primeros cristianos se distinguían por compartir fraternalmente sus bienes, de modo que entre ellos no había quien padeciera necesidad. Si esto es lo que se pretende poner en práctica cuando se habla de socialismo, ¡bienvenido! Y todos hemos de comprometernos en ponerlo en práctica, pues en ello se juega nuestra identidad cristiana. Sin embargo, esto no se puede lograr pisoteando derechos inalienables de las personas y de las sociedades.

 

Al respecto, es ilustrativo lo que acaba de expresar el Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, monseñor Ubaldo Santana: «El presidente ha anunciado su decisión de impulsar a Venezuela por el camino del "socialismo del siglo XXI". Este tema no debe dejar a nadie indiferente. La Iglesia tiene una palabra que ofrecer al respecto y está dispuesta a dar su contribución en el diseño de este proyecto, manteniéndose fiel a los postulados del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia: el reconocimiento de la unidad de la persona, de su trascendencia y de su libertad en sus múltiples dimensiones, defensa y garantía de sus derechos humanos, independencia y equilibrio de los poderes. Bien conocida es la posición de la Iglesia que considera contrarios al verdadero desarrollo humano tanto el sistema fundamentado en el neoliberalismo salvaje, como los sistemas socialistas que se fundamenten en el marxismo-leninismo. Al hablar de socialismo del siglo XXI, se puede entender que se quiere deslindar o por lo menos diferenciar de los socialismos reales del siglo pasado que tanto sufrimiento, dolor y muerte trajeron a la humanidad».

 

¿A qué se debe que propuestas, como las de Hugo Chávez, tengan tantos seguidores? Sigamos escuchando a monseñor Santana: «Las utopías de diversos cortes revolucionarios han vuelto por sus fueros luego de un largo eclipse en América Latina, montadas en la ola del desencanto provocado por el fracaso de democracias representativas, fundamentadas en modelos capitalistas neoliberales que no fueron capaces de eliminar las flagrantes desigualdades sociales y superar la grave lacra de la pobreza... Algunos de los cambios políticos que se están produciendo llevan en sus entrañas una poderosa aspiración de edificar un orden más justo de la sociedad y del Estado. Intentan darle voz y poder a los excluidos del mundo. La causa es legítima, pero ¿cómo saber si se están utilizando las estrategias adecuadas? El Estado no se puede encargar solo de tan compleja e ingente tarea. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo al principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales».


Seamos críticos ante quienes invocan el nombre de Dios para justificar el terrorismo, las guerras, los sistemas explotadores de los pobres, los totalitarismos inhumanos, las represiones indebidas. De igual manera, sepamos discernir los hechos reales, no los discursos, de quienes invocan a Cristo para implantar sistemas distintos u opuestos. Jesús es muy claro: «No todo el que me llame 'Señor, Señor', entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Y la voluntad de Dios Padre es la justicia, la opción por los pobres, el amor mutuo; no los insultos, la vanidad, el poner la confianza en los recursos económicos, la obstrucción de la justa libertad.

 

 

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¡Comparte tu pan!

Por: Querien Vangal

Enero / 2007

 

Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían. Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: "Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda". Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes, que sobraron a los que habían comido. ". (Juan 6, 1-15)


El problema que nos narra san Juan en la multiplicación de los panes y pescados está clarísimo: problema de alimentación. Hay cinco mil hombres que carecen de comida. Tienen hambre, y ¡mucha!


Ante este problema hay dos lógicas:


La lógica humana del cálculo egoísta y el interés: ¡despídelos, Señor!

La lógica divina del compartir caritativamente: ¡Dadles vosotros de comer!


¿En cuál estamos cada uno de nosotros?


El mensaje del Evangelio es bien claro: hay que compartir. ¡Lo que no se puede hacer con cinco panes y dos pescados! Jesús dio de comer a 5.000 hombres y le sobraron doce canastas. Y sin contar las mujeres y los niños, que llegarían, yo creo, en total a unas 15.000 personas en ese descampado.


Hay que compartir, y así Dios alimentará a su pueblo.


¿Cómo de los 57 millones de hombres y mujeres hoy a pie por el planeta tierra, 3.700 millones gritan de hambre, cientos de miles enferman del hambre, y 40.000 niños diarios mueren de hambre? ¿Por qué?


¡Por no compartir! No le demos más vueltas.


Ni Eliseo, ni Jesús, crearon los panes, sino que les llevaron unos pocos panes, y Eliseo y Jesús los trocearon, los "milagrearon" y los repartieron. Y así hubo para todos, ¿qué tal?


Así debemos hacer nosotros: tenemos pocos panes, pero no siempre los repartimos, ni los compartimos. Y así nos va: 3,700 millones gritan de hambre, de los 6 mil millones que habitan en el planeta... y 40,000 niños mueren de hambre diariamente, además de los 15 millones de leprosos y los 800 millones de analfabetos del mundo. ¡Por no compartir! No le demos más vueltas.


¡Hay que compartir, si queremos solucionar estos problemas que nos aquejan hoy! Pero como no sólo de pan vive el hombre, igualmente hay que compartir la justicia, la fe, el amor, la dignidad, los derechos, la paz, la cultura, las desgracias, las alegrías, las penas... Dios no remplaza al hombre. Lo que el hombre no le da a Dios, Dios no lo puede multiplicar, no lo puede "trocear".


¿Siempre tienes disponibles en tu corazón tus cinco panes y los dos pescados? ¿Te importan tus hermanos hambrientos?


Oye, ¿qué haces que te los estás comiendo solo en el rincón de tu egoísmo?

-- Es que tengo hambre, mucha hambre, ¿sabe usted?


¿No ves la cantidad de hermanos tuyos en Africa, aquí mismo en México que se están muriendo de hambre? ¿No te compadeces de ellos?

-- Es que mi familia los necesita, ¿sabe usted?


Pero, ¿no te importa que la gran familia de Dios, que también es tuya, esté mendigando?

-- Pues, voy a ver si me sobra algo... ¿sabe usted?


Y así nos va. ¡Qué egoístas somos!


Y tú, ¿dónde están tus panes y pescados? ¿Ya te los comiste?

-- La verdad es que, es que... me los estoy guardando para mañana... no sea que mañana no tenga para mi vejez...tengo que asegurar algunos mendrugos, ¿no cree?


Pero, oye, ¿quién te ha dicho que vivirás mañana? ¿Por qué no los compartes hoy con los hermanos que hoy se morirán, si tú no los compartes? ¿No tienes corazón compasivo?

-- Vamos a ver.


Y así nos va.


Jesús hará el milagro, si tú compartieras tus cinco panes y dos pescados. Si no, nada puede hacer.


El proceso para esa caridad, para que surja esa caridad es claro. Nos da ejemplo Jesús en este evangelio.


Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él. Primero: levantar los ojos y ver. Pues, ojos que no ven, corazón que no siente. El egoísmo nos impide levantar los ojos. La indiferencia nos tapa los ojos. Y la ambición nos ciega. ¡Abre tus ojos, amigo! ¡Levanta tus ojos y mira a tu alrededor cuántos están muriéndose de hambre material, pero también de hambre de amor, de paz, de justicia, de cariño!

Sintió compasión. Segundo: sentir compasión. Nuestro corazón debería ser un sismógrafo que sabe registrar las necesidades del prójimo, de nuestro hermano. ¿Por qué el corazón a veces está parado y no siente esa compasión? Otra vez: el egoísmo. El egoísmo nos hiela el corazón. ¡Deja que tu corazón reaccione a la humano al ver tantas miserias" ¡Compadécete! Dios quiere amar a través de tu corazón. ¡Préstale tu corazón!


Háganlos sentar. Tercero: dar solución concreta. Sí, mirar al cielo y bendecir y orar; pero también, distribuir esos cinco panes y dos pescados que entre todos podemos juntar. ¿Qué nos impide esto? De nuevo, el egoísmo. El egoísmo no mira ciertamente al cielo, ni bendice los alimentos, ni tampoco los distribuye. El egoísmo se va a una esquina donde nadie le vea, ni le moleste, y ahí, se los come él solo todos los panes y pescados: "¡Son míos! Tengo hambre... me los he ganado con honestidad... me queda mucho camino de vuelta y quiero tener fuerza...". Somos familia, somos comunidad, y en cuanto pongas tus panes y pescados se agranda la familia y se forma la comunidad, y se sentarán, nos sentaremos, y comerán, y comeremos, y habrá alegría y amor. ¡Venga, comparte! ¡Forma comunidad!


Recojan los pedazos. Cuarto: ¡Impresionante!, habrá en abundancia para otras ocasiones y para otros hermanos. ¡El milagro de Dios por haberle dado nuestra poquedad: cinco panes y dos pescados! Todos satisfechos. ¡Así es Dios: frente a la mezquindad del cálculo humano emerge con claridad la generosidad del don divino! Aprendamos la lección. ¡Da y habrá para todos y se recogerán para otros hermanos y para otras ocasiones! ¡Qué maravilla! ¿No crees?


El egoísta nunca está satisfecho. Nunca recoge, porque no da. No se le multiplica su gozo, su alegría, su caridad y su fe, porque nunca los comparte. ¡Maldito egoísmo que nos cierra ojos, corazón y manos, ante las necesidades de nuestros hermanos!


"¡Qué nos importa que haya 3,700 millones que gritan de hambre, de los 5,700 millones del planeta! ¡Qué nos importa que haya 40,000 niños que diariamente mueren de hambre! ¡Qué nos importan los 8,000 millones de analfabetos y los 15 millones de leprosos! ¡Qué nos importa que haya habido inundaciones en Chiapas, y se mueran de hambre en la Tarahumara, y que todas las noches recojan papeles en las calles, para hacer algunos pesitos y poder comer! ¡Sólo tenemos cinco panes y dos pescados!".


¿Es que no sabemos que si los compartimos, el Señor hará el milagro para que haya para todos, se sacien, e incluso que sobre para otras ocasiones y para otros hermanos nuestros?


¿Por qué no hacemos la prueba? Abramos los ojos... Abramos el corazón... Abramos las manos...Experimentaremos la felicidad y repartiremos felicidad.

 

 


«LA ORACIÓN DEL QUE SE HUMILLA PENETRARÁ HASTA LAS NUBES»
 



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Como ríos desmadrados

 

Por: Querien Vangal

Enero / 2007

 

 

Cuántas veces habremos contemplado escenas en las que se ven los desastres provocados por los ríos salidos de madre, arrasando lo que encuentran a su paso. Pues así suele suceder en la educación cuando los padres no tienen la suficiente fortaleza para encauzar a sus hijos.

 

En los últimos años se ha creído que educar es dar de comer, vestir y mandar a los hijos a una escuela. A los niños se les reprende cuando se pelean con sus hermanos por que sus gritos molestan a los papás, pero no se les enseña a querer y respetar a las personas por lo que valen, y a servirlas de forma habitual en la convivencia diaria. ¡Pocos hijos…, y tan egoístas y comodones como sus papás!

 

Un buen amigo me envió una presentación que dice: "En nuestro intento de ser los padres que quisimos tener, somos los últimos regañados por nuestros padres, y los primeros regañados por nuestros hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de nuestros padres, y los primeros que vivimos bajo el yugo de nuestros hijos…, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten… Son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por esto que les respeten sus ideas, sus gustos, sus caprichos, sus formas de actuar y de vivir.

 

"Los hijos necesitan percibir que durante su niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden mantener en pie y de guiarlos cuando no saben a dónde van. La debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos".

 

Ayer, rebotando estas ideas con un grupo de señoras, una comentó: "Cuando digo un no claro y bien marcado nadie me protesta, pero si digo un no titubeante terminan consiguiendo lo que quieren".

 

En definitiva, lo que más educa es el amor, pero el amor exigente; un amor vivido con prudencia y fortaleza, sabiendo imponer, pero no por mal humor, ni por impaciencia, y sin gritos. Ahora bien, si quienes deben guiar son egoístas, o abusan de su mando, o simplemente no se preocupan de la formación de sus hijos, por no querer complicarse la vida, tarde o temprano pagarán las consecuencias.

 

En la sociedad civil sucede lo mismo, y así, el momento que estamos viviendo refleja que nuestros graves problemas sociales se deben, en gran parte, a la falta de autoridad y, por supuesto, a una educación de ínfimo nivel. A la gente no se le ha educado en las virtudes, el respeto y la responsabilidad, pero sí se le ha enseñado a protestar y a burlarse de la autoridad.

 

Las aguas se están desbordando y cada día es más clara la necesidad de levantar muros de contención, reforzando la atención a la familia.

«LA ORACIÓN DEL QUE SE HUMILLA PENETRARÁ HASTA LAS NUBES»
 



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