viernes, 5 de marzo de 2010

Comprender y entender es parte de la formación

 

Por: Querien Vangal

Marzo / 2007

 

 

Una dificultad especial que se presenta en la educación de nuestros hijos, sobre todo es la propia incapacidad, la falta de conocimientos en lo referente al tema, por un lado. Y por otro la carencia de actitudes positivas, la indiferencia y apatía de nosotros como padres, para cumplir con éxito la tarea de formar la voluntad, los sentimientos y las emociones en un mundo en constante desarrollo o transformación ¿Cuántos padres dejarán de cumplir con este deber?

 

Hay que educar, dirigir, encaminar, ayudar a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales. Hay que a educar acerca de la sexualidad pero muchos padres tienen miedo por su falta de habilidades y aptitudes pero no se atreven a reconocerlo. Porque además reconocerlo y aceptarlo cuesta, y cuesta mucho. Pero reconocerlo y aceptarlo es el principio de la superación personal.

 

Nos preparamos para el matrimonio por lo menos en lo material, pero ¿iremos al matrimonio con la preparación necesaria, aún que ya no suficiente, para ser padres?

 

Como padres tenemos que ordenar la convivencia de nuestra iglesia doméstica en bien de cada uno de sus miembros, porque la familia es la "escuela del amor". Hoy se enseña lo negativo porque es lo más fácil, porque no cuesta y se aprende sin ningún esfuerzo. Hoy la formación se improvisa, pero por el bien de cada uno de nuestros hijos, por su verdadera felicidad y también por el bien y la felicidad de nosotros como padres, tenemos que dejar de fomentar el individualismo, la pasividad, el egoísmo y el indiferentismo. Porque ante padres individualistas, improvisados, pasivos, egoístas e indiferentes, tendremos hijos con las mismas características. "Lo que se siembra se cosecha".

 

Como padres tenemos que alejar de cada uno de nuestros hijos "la cultura", la mentalidad de que el ser humano debe ser tratado como objeto. Y que como tal los objetos sólo sirven para la propia satisfacción y después se desechan "Úsese y deséchese". Ese cambio de mentalidad lo tenemos que lograr con nuestro propio ejemplo. El compromiso debe ser "No hagas lo que yo te digo, has lo que yo hago". Porque los hijos son el reflejo negativo o positivo de los padres, esto es innegable.

 

Debemos prepararnos para entender y enfrentar las manifestaciones sexuales de cada uno de nuestros hijos y sus necesidades afectivas en la niñez, adolescencia, pubertad, juventud y edad adulta.

 

Como punto de partida en un tema tan sensible como es la educación sexual, debemos, es necesario reflexionar que la educación sexual no solo es instruir en lo que es el sexo. La educación – formación es: preparación, orientación, comunicación, confianza, diálogo y mucho amor.

 

Nuestro deber como padres es adquirir la capacidad, la aptitud, el talento y tener la disposición para lograr que nuestros hijos comprendan. Y lograr que comprendan es lograr que cada uno tenga una idea clara de las cosas, es conseguir que conciban y entiendan, es tener nosotros la capacidad de penetrar con ellos y despejar todas las dudas que les van surgiendo a medida que avanza su edad. Porque tratar de formar con autoritarismo e imposición es una barbaridad, además de ser una clara manifestación (prueba) de lo mencionado en el párrafo inicial. Hoy se necesita demostrar y adquirir la capacidad de persuadir con razones que lleven a creer o a hacer algo. Hoy nuestros hijos y nosotros necesitamos razonamiento. Hoy nosotros mismos necesitamos comprender, entender y convencernos a nosotros mismos para luego convencer y mover con razones, llegar al conocimiento seguro y claro que nos permita probar algo de manera que racionalmente no se pueda negar. No hay que imponer sino convencer.

 

Es verdad que los niños, adolescentes y jóvenes no siempre entienden todo lo que junto o por separado de sus padres experimentan y por eso muchas veces se sienten a disgusto con ellos mismo y con los demás. Esto sin contar que el no comprender muchas cosas, el negarles o distorsionarles la verdad les ocasionará un daño y además perderán la confianza en los adultos. El no comprender y no entender los volverá seres fríos, indiferentes, egoístas y hasta agresivos, con tendencias a actuar o a responder violentamente.

 

Por eso los padres de familia tenemos la necesidad y el deber de prepararnos y actualizarnos para poder dialogar y comunicar con amor y confianza, y así poder cumplir integralmente con el deber de formar y colaborar en el desarrollo personal y de los valores humanos de cada uno de nuestros hijos. De nosotros depende que a través de nuestro propio ejemplo los hijos descubran el modelo de amor generoso y fiel. Siempre será tiempo para dar buen ejemplo.

 

Nosotros, los padres debemos ser las vías, el cauce y los conductos, a través de nosotros, nuestros hijos deben entender, tener idea clara de las cosas. Saber y conocer lo suficiente para ser mejores seres humanos. Y esto no se adquiere precisamente a través de un programa de televisión. O de una fría instrucción escolar o de los "amigos" o en un puesto de revistas en la esquina.

 

En nuestras manos está ayudar a cada uno de nuestros hijos a usar la razón, la justicia y la rectitud, el respeto y la honestidad. Tenemos que ayudar a desarrollar su inteligencia que es la capacidad de entender o comprender.

 

La familia es la única responsable de inculcar los valores humanos y religiosos. Por eso es necesario prepararnos para cumplir correctamente con la encomienda.

 

La formación no se improvisa.  Improvisar es hacer algo de pronto, de prisa, sin preparación ni entendimiento. No seamos padres repentinos, improvisados y que ojala nuestros hijos no nos tomen desprevenidos.



Como ser un matrimonio feliz... preparando el que los hijos se van

 

Por: Querien Vangal

Marzo / 2007


Después de pensarlo con calma, considero que en la práctica diaria existe una clave suprema y casi infalible que asegura el triunfo de cualquier matrimonio: la capacidad de perdonar y pedir perdón. Y que esa actitud depende en buena medida de la que adoptemos ante los defectos del propio cónyuge: aceptarlos, conforme los vayamos descubriendo, y, si no son ofensa de Dios, esforzarnos por comprenderlos e incluso amarlos.

 

 

Presunción de inocencia

 

Y es que, por más que luche por corregir esas faltas, a lo largo de la vida se harán más de una vez presentes, con las molestias que suelen llevar aparejadas y que exigen del otro consorte una decidida e incondicionada resolución de pasarlas por alto cuantas veces fuere necesario… como los ignoramos —más aún, los «comprendemos» y nos producen ternura— cuando se trata de nuestros hijos pequeños… que no son muy distintos de nuestro cónyuge, ¡especialmente del marido!

 

Volviendo al perdón, lo estimo tan relevante que cabría sostener que el «sí» del día de la boda resultará vano si no se encuentra reforzado y protegido, desde entonces y a lo largo de toda la vida en común, por la decisión de perdonar siempre que la persona amada o bien no advierta el agravio infligido al cónyuge o bien, al percibirlo, se muestre sinceramente arrepentida y luche por corregirse.

 

Para lograrlo resulta muy conveniente que en cada uno de los miembros del matrimonio reine incontrastada la «presunción de inocencia» respecto al otro. Esto es, el firme convencimiento de que, aunque las apariencias pudieran dar a entender lo contrario, nuestro esposo o esposa nunca realiza nada con la intención de «fastidiarnos».

 

Si las propias disposiciones hacia el otro son las de hacerle la vida lo más agradable posible, ¿qué nos autoriza a presumir que él o ella habría de actuar con fines menos rectos? Una cosa es el error o el descuido, fácilmente tolerables si se advierten como tales (reitero la comparación con nuestros hijos de corta edad), y otra muy distinta, y rarísima en un matrimonio normalmente constituido, el afán de herir o hacer daño de manera consciente y premeditada, incluso en los momentos de cansancio o aburrimiento o nerviosismo o en las explosiones de mal genio derivadas de esas circunstancias.

 

Reflexionar a menudo cuando la mar está en calma sobre esta verdad casi obvia facilitará enormemente el disculpar o incluso pasar por alto — ¡no advertirlos!— los roces y las tensiones originadas por el tráfago de la existencia cotidiana.

 

Perdonar, olvidar... Para curar

 

Tal vez por eso, la disposición habitual de perdonar y solicitar el perdón constituyen una de las pruebas más esencialmente significativas del amor entre los esposos… y del mismo amor de Dios, de Quien se admira, más aún que su poder creador y la maravilla de la Encarnación, justo Su reiterado y siempre actual afán por perdonar a quienes le ofendemos y, compungidos, volvemos al combate.

 

Pues bien, a ese Dios que sale a nuestro paso, se nos acerca, nos sana, indulta y olvida, hemos de intentar asemejarnos los esposos. Teniendo en cuenta que el resultado será siempre un incremento de nuestro amor recíproco, porque sólo en ese amor haya su fundamento la capacidad de perdonar… y de olvidar y curar, haciendo desaparecer la afrenta y las huellas que pudiera dejar en nosotros y en nuestro cónyuge.

 

A este respecto, me gusta recordar unas palabras de Étienne Gilson: «El Dios de nuestra Iglesia no es sólo un juez que perdona, es un juez que puede perdonar porque es, primero, un médico que cura»… y goza —que Él me excuse la aparente irreverencia— de una colosal «mala memoria».

 

En realidad, para nosotros los humanos, perdonar y olvidar de veras incluye la máxima eficacia alcanzable: es, en cierto modo, nuestra manera más real de curar, lo que más se acerca a cauterizar definitivamente la herida. De ahí la alusión un tanto cariñosa y bromista a la «mala memoria» divina que, sin embargo, es un recurso de tremenda eficiencia, y nada metafórico, en la vida conyugal.

 

En esta línea, recuerda Paul Johnson: «los secretos de un matrimonio bien trabajado son paciencia y perseverancia, tolerancia y dominio de sí, estoicismo y tenacidad, resistencia, disposición a perdonar y, a falta de todo eso, mala memoria: ¡nada menos!». Y comenta Amadeo Aparicio: «No es fácil adquirir una buena mala memoria. El peso de los recuerdos, la dificultad de olvidar ciertas cosas, la actitud rencorosa que, en una discusión, saca todos los trapos a relucir, y el apasionamiento de la polémica que lleva a decir más de lo que uno quisiera, hacen complicado el entendimiento entre ambos. Y es imprescindible ejercitarse en el olvido, sustituyendo los "malos recuerdos" por una voluntad decidida de perdón».

 

Resumiendo: la firme decisión de perdonar e, incluso antes, de pedir perdón, con todo lo que lleva aparejado de comprensión y olvido, compone una de las actitudes básicas más «rentables» de todo hogar que aspire a cumplir su cometido en este mundo, generando e irradiando hacia quienes lo rodean felicidad y contento.

 

Lo confirma la reflexión de un santo del siglo XX en torno a las pequeñas trifulcas que surgen en la convivencia. En tales circunstancias —nos aconseja—, «debemos acostumbrarnos a pensar que nunca tenemos toda la razón. Incluso se puede decir que, en asuntos de ordinario tan opinables, mientras más seguro se está de tener toda la razón, tanto más indudable es que no la tenemos. Discurriendo de este modo, resulta luego más sencillo rectificar y, si hace falta, pedir perdón, que es la mejor manera de acabar con un enfado: así se llega a la paz y al cariño».

 

 

Al estilo de Dios

 

Pero ¿por qué perdonar y pedir perdón se muestran tan eficaces en la vida matrimonial y mejoran de manera casi insuperable la calidad personal de los cónyuges, purificando e incrementando su amor recíproco? Por una razón relativamente sencilla y ya insinuada: por cuanto todo ello asimila el afecto mutuo de los esposos al Amor infinito de Dios.

 

Como acabamos de sugerir, otorgar un perdón sin condiciones puede considerarse como una de las operaciones más caracterizadoras y exclusivas y portentosas del Dios omnipotente y amorosísimo. «Errar es humano, perdonar divino», aseguraba Pope. Por eso perdonar de corazón, sin falsas reservas ni retrancas, olvidando realmente la injuria y, desde este punto de vista, haciéndola desaparecer, acerca infinitamente a Dios a quien perdona y provoca una gratitud también cuasi divina en quien así se siente amado.                                                              

 

 

Muchas veces se ha comentado que el amor permite ver al ser amado con ojos divinos. («Gracias quiero dar al divino / laberinto de los efectos y de las causas —escribió Borges— / […] por el amor, que nos deja ver a los otros / como los ve la divinidad, /…». Ahora bien, parece evidente que Dios observa a las personas con una mirada afabilísima, que pone en primer término cuanto de bueno, de grandioso, Él está produciendo y conservando en cada una. No es que ignore nuestros defectos, pues nos conoce con la máxima perfección; pero los calibra en sus justas dimensiones, más como carencias que como entidades positivas. Y, dentro de la persona, cualquier déficit no representa sino un detalle casi irrelevante frente a la grandeza sublime de su eminente dignidad.

 

El amor de Dios se dirige, directo y eficaz, como una saeta bien orientada, hacia el núcleo más íntimo del ser humano: y ese meollo, la médula de la persona, es merecedor, por gratuita dádiva divina, de un amor incondicionado… incluso cuando transitoriamente la criatura se vuelve contra su Creador.

 

De ahí que San Josemaría Escrivá, que vivió con intensidad suma el amor a Dios y a los hombres pudiera llegar a sostener que él no necesitaba perdonar… justamente porque Dios le había enseñado a amar sin reservas ni distingos. Y así, de Dios, debemos aprender los cónyuges.

 

Motivos para amar… y pasar por alto la ofensa

 

Y es que, cuando se quiere de veras, el presunto ultraje, la descortesía o el desinterés resultan como anegados por la abundancia de realidades positivas que aquel a quien se estima nos ha demostrado a lo largo de toda su existencia y nos sigue mostrando incluso en esos momentos menos conseguidos. Y de ahí, como sugería, que ante un amor sincero y apasionado, el agravio pasa muchas veces inadvertido y no requiere ser exculpado: remedando e invirtiendo radicalmente el sentido del no muy feliz dicho popular, cabría sostener que «no ofende el que quiere… ni el que es querido».

 

La clave, como de costumbre, es el amor. Lo sostiene esta cita, que a la par resume y confirma mucho de lo anteriormente expuesto: «Cada uno de nosotros tiene su carácter, sus gustos personales, su genio —su mal genio, a veces— y sus defectos. Cada uno tiene también cosas agradables en su personalidad, y por eso y por muchas más razones, se le puede querer. La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás: es decir, cuando hay amor, que anula y supera todo lo que falsamente podría ser motivo de separación o de divergencia. En cambio, si se dramatizan los pequeños contrastes y mutuamente comienzan a echarse en cara los defectos y las equivocaciones, entonces se acaba la paz y se corre el riesgo de matar el cariño».

 

No pretendo sostener con cuanto vengo diciendo que siempre sea fácil perdonar, precisamente porque el orgullo anida muy hondo en el centro de nuestros corazones. Pero cuando el esfuerzo de amor continuado transforma el perdón en actitud habitual, los efectos de crecimiento de la vida en común no podrán nunca ponderarse en exceso: quien perdona experimenta un gozo y una paz, una alegría… que no dudo en volver a calificar de cuasi divinas.

 

Y el que es absuelto descubre en el esposo o en la esposa la imagen fidedigna de un Dios compasivo… y le resulta muy difícil no quererlo o quererla con toda el alma, porque por él o ella se siente infinitamente amado. Uno y otro, al pedir disculpas y otorgarlas, se vacían de sí mismos, de sus presuntos «derechos», dando en consecuencia un paso de gigante hacia la verdadera acogida y el don recíprocos.

 

Y así, reblandecidos y remodelados ambos espíritus por la efusión amorosa del perdón, inmensamente cercanos al Hogar divino, se torna sencillo disponerse al cambio que efectivamente los introducirá más en el otro cónyuge, elevando la calidad y el colorido de su mutua entrega y poniéndolos en condiciones de desbordarse en beneficio de cuantos crecen y mejoran a su amparo.

 

Lo positivo... del otro

 

Concluyo, con palabras de Ugo Borghello: «Narra una fábula que el demonio merodeaba por los barrios con el fin de dividir y arruinar a las familias. Se introducía en los hogares bajo la apariencia de un peregrino cansado y, mientras lo atendían, se las ingeniaba para hacer a la mujer caer en la cuenta de que el marido la trataba como a una esclava, mientras él permanecía tranquilamente sentado, charlando con el huésped, o cosas por el estilo. Y así proseguía insidiando, hasta que lograba hacer estallar una rabiosa discusión.

 

Pero un día entró en una casa donde todos sus intentos fracasaron. Fue él entonces quien se enfadó y, desesperado, exclamó: "¿Pero vosotros no discutís nunca?". "No, porque desde el primer día hicimos un pacto: cada cual deberá fijarse sólo en los propios defectos y en los méritos o cualidades del cónyuge". Basta reflexionar un poco sobre la anécdota para advertir que quien se comporta de este modo lleva todas las de ganar».

 

La verdad ilustrada por este apólogo la expresa, con términos más técnicos, Gottman, un especialista americano: «Lo que hace que un matrimonio funcione es muy sencillo. Las parejas felizmente casadas no son más listas, más ricas o más astutas psicológicamente que otras. Pero en sus vidas cotidianas han adquirido una dinámica que impide que sus pensamientos y sentimientos negativos (que existen en todas las parejas) ahoguen los positivos. Es lo que llamo un matrimonio emocionalmente inteligente».



Comentarios mínimos de Anteroduks

 

Marzo / 2007

 

Desarrollo estabilizador

 

 

Hace unos días falleció Don Antonio Ortiz Mena, quien fuera Secretario de Hacienda durante doce años, con los Presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. Un amigo y compañero a quien recuerdo con aprecio, me platicó la siguiente anécdota: «Cuando yo estudiaba en la Universidad de Nueva York y él presidía el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo visité en Washington. La reunión duró varias horas. Fue para mí beber en el pozo de sabiduría de alguien que hizo historia en México. Posteriormente lo visité en su casa de Cuernavaca, siempre dispuesto a platicar sobre sus experiencias.»

 

Durante su gestión como Secretario de Hacienda se alcanzó un crecimiento promedio anual del 6.2% y una inflación promedio anual de 2.6%. Ortiz Mena sirvió a dos Presidentes. A uno de ellos lo calificaron de izquierda y al otro de derecha. A pesar de ello, en los doce años México mantuvo fundamentalmente la misma política económica. Esa política, promovida por Ortiz Mena, fue más allá de las tendencias ideológicas del Presidente en turno. Las líneas fundamentales pueden parecer simplistas para algún estudiante de posgrado en economía, pero dieron resultado.

 

Ortiz Mena, abogado, tenía un gran sentido común y actuaba con lógica económica. Uno de sus secretos fue mantener controlado el gasto público. Siempre les pidió a los Presidentes que no gastaran más de lo que podían financiar sanamente. También les aconsejó mantener precios libres y reducir en la medida de lo posible los subsidios. En otras palabras, finanzas sanas y un entorno macroeconómico que infundiera confianza.

 

Durante varios años de esos doce, la inflación fue menor a la de Estados Unidos, por ello y la baja deuda externa, no fue necesario devaluar el peso. La baja inflación logró que los salarios tuvieran durante su gestión, a pesar que se revisaban cada dos años, el mayor incremento real del siglo pasado en el país. Los resultados económicos de su gestión están registrados como los mejores en la historia moderna de México.

 

 

¿Prejuicios o principios?

 

 

La palabra "prejuicio" está desprestigiada, lleva una gran carga emocional, pero es muy útil para atacar a quienes opinan en contrario. No sé si la confusión entre los conceptos "prejuicio" y "principio" o "valor" sea voluntaria, subconsciente o auténtica, pero muchas personas utilizan el primero para atacar al segundo: lo que tú dices es por prejuicio, cuando la verdad es que lo que el otro dice lo dice por ser un principio.

 

¿Qué es un prejuicio para los diccionarios? Es una "opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal" para el RAE. Otra definición es: "juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma inmotivadamente de antemano y sin el conocimiento necesario". ¿Cuáles son sus sinónimos? recelo, suspicacia, prevención, preocupación, obcecación, ofuscación, arbitrariedad, tabú, monomanía, convencionalismo, terquedad, aprensión, escrúpulo. Siempre se considera que un prejuicio es una opinión sin base, hecha sin conocimiento del tema, por eso es tan útil para atacar a quien argumenta contra lo que se afirma, para desprestigiarlo.

 

Es muy común escuchar la palabra prejuicio cuando los partidarios de asuntos como el aborto, la eutanasia y la homosexualidad y por supuesto el "matrimonio" entre homosexuales se refieren a las opiniones en su contra. El rechazo a opiniones basadas estrictamente en principios morales lo califican como "prejuicio", cuando se trata realmente de lo contrario: la defensa del principio moral o ético es el producto de un juicio de valor, hecho con conocimiento de causa; no se pre-juzga, se juzga.

 

Los principios de la moral natural, los derechos del hombre, el derecho a la vida, son productos de largas y fructíferas reflexiones hechas por muchos pensadores a través de la historia; son producto de juicios de valor, exactamente lo contrario de lo que es un prejuicio.

 

Curiosamente, muchas de las posiciones tomadas por los defensores de la cultura de la muerte o de la homosexualidad como forma "normal" de vida, son auténticos prejuicios. Aceptan las posiciones contrarias a los principios precisamente porque no han sometido a juicio dichas posiciones. Decir que defender un principio (que contradice sus deseos) es un prejuicio es una cómoda forma de evitar el juicio moral ante temas de vital importancia para la sociedad.

 

Acusar a alguien que defiende principios de tener prejuicios en temas como los señalados, es lo mismo que acusarlo de "retrógrado". Este caso es también lo contrario: los verdaderos retrógrados son quienes piden volver a la edad de las cavernas, antes de que la humanidad descubriera y/o aceptara el valor de la vida humana, por ejemplo, como principio.

 

Quienes defendemos principios morales que la humanidad ha sostenido a través de los siglos, y sobre los cuales no se puede moralmente transigir, debemos rechazar la etiqueta de "prejuicio" para nuestros principios. Pero he visto que el silencio en muchas mesas de discusión pública permite que el observador caiga en el juego de que, efectivamente, se trata de prejuicios, no de valores o principios lo que se están oponiendo a los antivalores.

 

En una discusión sobre temas moral o éticamente controversiales como la bioética o las culturas de la vida y de la muerte, y cada vez que alguien diga que se defiende lo contrario -los principios de moral universal frente a posiciones permisivas e inmorales- por prejuicios, debemos enfrentarlo con peticiones de juicios de valor, de someter ambas posiciones a juicio.

 

Sin duda que mucha gente acepta falsos principios como auténticos, digamos el supuesto derecho de la mujer a deshacerse de su embarazo con un aborto provocado, y por tanto lo defiende así, y es entonces precisamente cuando el juicio de valor es más valioso y oportuno. Quien así piensa, ha prejuzgado el valor de la cultura de la vida. Si el adversario nos acusa de tener prejuicios –cuando son en realidad valores o principios- es cuando la petición de juicio de valor demostrará la supremacía de los valores o principios sobre los falsos valores o los verdaderos prejuicios a favor de la cultura de la muerte y otros temas semejantes.

 

Bush en México

 

 

El Presidente George W. Bush llegó a México, después de haber visitado Brasil, Uruguay, Colombia y Guatemala. Es natural que haya seleccionado a México como la última escala de ese viaje por el continente. Son días con el Presidente Felipe Calderón en la bella ciudad de Mérida, Yucatán. Se trata de un viaje que promueve esperanza para un continente que está avanzando en términos económicos, pero que aún sigue padeciendo pobreza e inequidad. Veo a México como una promesa ejemplar para esta región del mundo.

 

Sé que el Presidente Bush y los líderes de los Estados Unidos de América están comprometidos con el progreso democrático y económico del Continente Americano. Tenemos este compromiso porque se trata de una región que compartimos con países cuya seguridad y prosperidad están entrelazadas. Tal como lo dijo el Presidente Bush: "Favorece el interés nacional de los Estados Unidos de América ayudar a que los pueblos de las democracias tengan éxito. Cuando nuestros vecinos son prósperos y viven en paz, hay entonces mejores oportunidades económicas y mayor seguridad para nuestro propio pueblo".

 

Es cierto que los encabezados noticiosos de los últimos años se han concentrado de manera particular en el Medio Oriente y en otros lugares de Asia. Pero aun cuando nuestro trabajo en la América Latina se ha visto eclipsado por los encabezados, los Estados Unidos han permanecido comprometidos con la región. Por ejemplo, desde que tomó posesión, el Presidente Bush casi ha duplicado la ayuda al Continente. Su administración ha prometido alivio a la deuda, mayor comercio y ha alentado la reforma y transparencia gubernamental. Aún queda mucho por hacer y vamos a hacerlo. Nuestro objetivo, como lo indicó el Presidente es "un continente Americano donde se respete la dignidad de cada persona, en el que todos participemos y donde las oportunidades lleguen a todas las poblaciones y a todos los hogares".

 

El viaje del presidente Bush demuestra también el compromiso de los Estados Unidos de promover la libertad, la prosperidad y el bienestar general de los habitantes de este continente. Durante el último año hemos sido testigos del fortalecimiento de la democracia en toda la América Latina con elecciones en 11 países. Al mismo tiempo que se fortalecieron las instituciones democráticas, la región siguió creciendo en términos económicos. Las recientes elecciones en la región reflejaron un amplio aprecio público de los beneficios de la democracia. Sin embargo, también dejaron en claro que sus ciudadanos esperan grandes cosas de la democracia, las cuales se cumplen sólo parcialmente. Es nuestra responsabilidad compartida hacer precisamente que los beneficios de la democracia estén disponibles de manera amplia y, en especial, que se dé atención particular a los pobres, a los marginados y a todos que no se sienten representados por las instituciones políticas.

 

Como una prueba de esa responsabilidad compartida, el presidente Bush anunció una serie de nuevas iniciativas, que incluyen aportar 385 millones de dólares para subvencionar hipotecas de las familias trabajadoras en México, Brasil, Chile y los países de América Central.

 

 

Adicionalmente, ha propuesto aportar 75 millones de dólares para nuevos programas educativos, crear una institución que capacite en el cuidado de la salud, y desplegar un buque hospital de la Armada de los Estados Unidos con equipos médicos que tiene la capacidad de atender a 85,000 pacientes y realizar 15,000 operaciones quirúrgicas. El buque viajará a 12 naciones del Caribe y de América Latina. Los Estados Unidos también asistirán a empresas para aumentar su acceso a capital a través de nuevos préstamos, de manera que pueda florecer el espíritu empresarial en la región. En los próximos meses, la Casa Blanca convocará a una conferencia sobre el Continente Americano que va a reunir a representantes de la sociedad civil y del sector privado con el fin de buscar las formas más eficaces de entregar apoyos y desarrollar instituciones representativas.                               

 

 

De regreso a la América del Norte, el Presidente Bush concluirá su viaje precisamente aquí, la región especial del Continente que comparten México, Canadá y los Estados Unidos. Estamos trabajando arduamente para hacer que ésta sea la región más segura, próspera y democrática del mundo. México representa el nexo entre la América del Norte y el resto de Latinoamérica: su rica cultura, geografía e historia tienen raíces sólidas en ambas regiones. Aunque México es una parte tan integral de América Latina, también es extraordinario ver cuánto se extienden también los nexos entre México y los Estados Unidos. Las conexiones entre nuestras familias, comunidades y empresas van mucho más allá de los lazos tan sólidos que hemos establecido a nivel político. De manera sorprendente, cada día del año nuestros dos países realizan entre sí transacciones comerciales por casi un mil millones de dólares. Además nuestra creciente interdependencia nos hace cada vez más fuertes.

 

El Presidente Bush aprovecha también su estancia en México para apoyar los esfuerzos del Presidente Felipe Calderón en cuanto a reducir la pobreza y la desigualdad del ingreso, ampliar las oportunidades económicas y restaurar la ley y el orden. Con respecto al asunto complejo y políticamente delicado de la migración, nuestro presidente ha dicho con claridad que "es importante y esencial que el Congreso apruebe una amplia reforma migratoria que yo pueda firmar convirtiéndola en ley".

 

Sé que los Presidentes George W. Bush y Felipe Calderón se comprometieron a abordar una amplia agenda con el fin de fortalecer nuestra relación bilateral, lo que incluye aumentar nuestros esfuerzos de cooperación para combatir al crimen organizado, promover los intercambios educativos conjuntos e impulsar decididamente el comercio y la inversión, la creación de empleos y los esfuerzos para reducir la pobreza. Vamos a trabajar juntos para abordar nuestros retos comunes de manera responsable, respetuosa y en el mejor interés de nuestros dos países.

 

Los Estados Unidos son afortunados en tener un socio que disfruta de relaciones positivas con los países ubicados al norte y al sur de sus fronteras. Cada vez más, México es un modelo para toda la región. Se trata de una nación en movimiento, con líderes en todo el espectro político que tienen la visión y la determinación de conducir a este país a través de una profunda transformación. He tenido el privilegio de observar un gobierno que reconoce el imperativo de la seguridad y de fuertes instituciones representativas, que está comprometido en combatir la pobreza y las desigualdades que aún afectan a la sociedad mexicana, y que tiene el ánimo de aprovechar los mercados con el fin de que todos los mexicanos –no sólo las elites disfruten de oportunidades económicas y avancen en la senda hacia la prosperidad.

 

El liderazgo político de México está poniendo en vigor políticas orientadas a fortalecer el imperio de la ley, atraer inversiones, mejorar los servicios públicos y combinar la prosperidad económica y la justicia social. Sería una sabia medida que otros países de América Latina emularan las acciones de México.

 

Como siempre, les doy las gracias por su interés en las actividades de la Representación de los Estados Unidos en México. Que Dios bendiga a México y a los Estados Unidos.

 



 

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Calderón apacigua la tormenta

 

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Marzo / 2007

 

 El presidente de México, Felipe Calderón, logró apaciguar en sus primeros cien días de gobierno la tempestad política desatada tras los polémicos comicios que lo llevaron al poder, gracias a una actuación prudente y de mesura. 

 

Calderón asumió el cargo el 1 de diciembre en medio de empujones y abucheos, y protegido por militares, que lo sacaron por la puerta trasera de la Cámara de Diputados ante la iracunda protesta de la izquierda "Progresista" que le reclamó haber llegado mediante el fraude electoral (inventado por AMLO).  "Aunque cien días son pocos para hacer una evaluación de una administración, Calderón ha dado señales positivas que muestran esfuerzos que contrarrestan el pasado inmediato del gobierno de Vicente Fox" (2000-2006), dijo el analista político Gilberto Calderón. Por su parte, el politólogo Federico Berrueto afirmó que en este periodo se puede hacer un balance "moderadamente positivo" después de que el mandatario logró sortear escenarios inciertos en materia económica y política.

 

El director de la empresa de encuestas Parametría, Francisco Abundis, dijo que es favorable la percepción que tiene la población sobre Calderón, quien ha logrado superar muchas dudas que había dejado el conflicto postelectoral. "Al final del gobierno de Fox (2000-2006) hubo mucha frustración y decepción entre la sociedad mexicana, por lo que las acciones de Calderón han logrado elevar su imagen y su aceptación, en particular sus esfuerzos sistemáticos en la lucha contra el narcotráfico", afirmó Abundis.

 

Berrueto destacó como un aspecto positivo el hecho de que logró evitar la confrontación con la izquierda, que le acusaba de fraude electoral y de haber constituido un "gobierno ilegítimo". "Es muy buen síntoma que Calderón no cayó en el revanchismo contra el Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda) pese a las agresiones y actos de provocación", dijo Berrueto.

 

Al comienzo de su gobierno, Calderón anunció una serie de compromisos que se dividieron en cinco ejes temáticos, entre ellos la seguridad pública y Estado de derecho, medidas para avanzar en el desarrollo de una economía competitiva y la creación de empleos. Asimismo, se comprometió con medidas para impulsar las políticas de bienestar social y de igualdad de oportunidades, el respeto a la diversidad política y búsqueda de acuerdos por consenso para avanzar en el proceso democrático, y finalmente el mantenimiento de una política exterior responsable.

 

Entre todas las medidas anunciadas y realizadas han sobresalido los operativos del Ejército y policías federales en al menos ocho estados contra las bandas del crimen organizado, además de la extradición de capos del narcotráfico a EEUU.

 

Los analistas –casta elitista que "gobierna" sentada en un cómodo escritorio con servicio de café--  señalaron que aunque los resultados de todos los operativos son escasos y pobres, también reconocieron que éste es un problema arraigado desde hace décadas, y que las bandas han operado sin control en complicidad con autoridades durante muchos años. "Han sido muchos años de impunidad desde la década de los ochenta, y ahora parece que se está enfrentando el problema de manera directa", dijo Gilberto Calderón. Por su parte, Berrueto indicó que los asuntos de seguridad pública y de la creación de empleos deben enfrentarse con estrategias de largo plazo con programas que puedan comenzar a revertir las condiciones adversas, por lo que "es prematuro hacer un balance en estos temas".  Los analistas coinciden en que en política exterior ha sido donde menos avances ha tenido el gobierno de Calderón, sobre todo porque no ha logrado restablecer el diálogo con América Latina. "En política internacional estamos aislados, no hay avances, ni siguiera definiciones", aseguró Gilberto Calderón, y añadió que donde funciona mejor ha sido en la relación con el Congreso, en el cual las bancadas parlamentarias han dado señales de buscar acuerdos en diversos temas. Los analistas destacaron de Calderón su actitud mesurada y alejada del protagonismo, lo que contrasta con la frivolidad del ex presidente Fox –no se la perdonan que haya sido, a su vez, un crítico mordaz de ellos--   Abundis señaló que Calderón ha capitalizado a su favor la actitud poco institucional del ex candidato presidencial de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, quien ha perdido la fuerza política que alcanzó cuando compitió por la presidencia en 2006.



 

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Al rescate de los abuelos

 

Por: Querien Vangal

Marzo / 2007

 

 Algunos cambios sociales y las condiciones actuales de vida han limitado la función de los abuelos dentro de la familia. Bryce J. Christensen examina esta nueva situación en un estudio publicado en "The Family in America". A la vez, explica el importante papel que los abuelos tienen en la vida de los niños. Ofrecemos un resumen de este trabajo.

 

Gracias al aumento de la longevidad, actualmente hay más personas que nunca con posibilidad de ser abuelos, y de serlo por más tiempo. En Estados Unidos, a principios de siglo había sólo 14 abuelos por cada 100 padres, mientras que hoy la proporción es de 48 por 100. Sin embargo, diversos factores sociales hacen que a menudo se desaproveche su valiosa contribución a la vida familiar.


La memoria familiar

 

Los abuelos ocupan un lugar destacado en la vida de los niños. Según el psiquiatra infantil Kornhaber, "para un niño, sólo los padres están por encima de los abuelos en la jerarquía del afecto".

 

Los abuelos son como "libros vivientes y archivos de la familia", dice Kornhaber. Transmiten experiencia a sus nietos y les inculcan valores. Esta función es especialmente importante en la actualidad, ya que, al pertenecer a una generación en que había menos divorcios y más familias numerosas, los abuelos están en condiciones de "ayudar a los padres y a los nietos a comprender principios hoy olvidados con demasiada frecuencia, y sin embargo esenciales para una buena vida familiar. En palabras de un periodista "se aprende más de diez abuelos que de diez expertos en temas familiares."

 

En particular, los abuelos pueden ser excelentes transmisores de la herencia religiosa. Para los niños, los abuelos son símbolos vivientes de la tradición y de la trascendencia.


Abuelos en los tribunales

 

Por desgracia, las nuevas tendencias sociales y familiares privan a muchos niños de los abuelos. En primer lugar, a causa de la brusca caída de la fertilidad, un gran número de personas mayores tienen pocos nietos o ninguno. Se prevé que en el año 2010 habrá en Estados Unidos más mayores de 55 años que niños menores de 14, lo que supondrá un desequilibrio demográfico sin precedentes. Y se observa que los hijos únicos -muy frecuentes ahora- suelen tener a su vez un solo hijo. En opinión de algunos estudiosos, esta escasez de nietos puede tener efectos educativos perjudiciales, al provocar en los abuelos demasiada competencia por el afecto y la atención de los niños.

El problema se complica con el divorcio. Cuando los padres se separan, los niños pierden dos abuelos, generalmente paternos, ya que suele ser la madre la que se queda con los hijos. Para la madre divorciada, la ruptura con el marido lleva naturalmente a cortar la relación con los suegros, como parte de su deseo de enterrar los antiguos vínculos. Así, es frecuente que la madre impida que los padres del ex marido visiten a sus nietos. Lo que resulta doloroso para los abuelos paternos y para los niños, que siguen ligados con lazos de sangre y por tanto no en las cosas del mismo modo.

 

Esto ha provocado que en Estados Unidos algunos abuelos acudan a los tribunales para que se les otorgue el derecho de visitar a sus nietos. Es ilustrativo de las situaciones paradójicas y los quebraderos de cabeza a los que conduce el divorcio. Por un lado, el mantenimiento de la relación abuelos-nietos es natural. Por otro, la pura lógica legal se opone a que persistan vínculos de derivados de un matrimonio declarado disuelto.

 

De modo que, mientras unos juristas están a favor de reconocer el derecho a visita a los abuelos, pensado en el bien de los niños, otros consideran que eso significa una intrusión en asuntos familiares y una dificultad adicional para que se cierre la herida abierta por el divorcio.

 

En cualquier caso, el recurso a los jueces acarrea consecuencias desagradables. El proceso inevitablemente saca a la luz disputas familiares: para los niños, ya maltratados emocionalmente por la ruptura de sus padres, es un golpe más. Y si el tribunal concede derecho de visita a los abuelos, los pequeños no podrán menos que percibir un conflicto entre el afecto por aquellos y la postura de su madre; pero en caso contrario, sufrirán igualmente, al verse separados de sus abuelos.

 

 

En sustitución del padre

 

Los abuelos maternos están en otro caso. Muchas veces han de llenar el vacío creado por la desaparición del padre al producirse el divorcio. Cuando unos abuelos ejercen las funciones que normalmente corresponden al padre, se crea una situación ambigua. Para el niño, los abuelos son objeto de cariño particular y está investido de una autoridad distinta de la del padre. Si se mezclan los papeles, el niño parece tener unos abuelos demasiado enérgicos o un "padre" excesivamente blando.

 

Si la madre vuelve a casarse los niños no ganan -contra lo que se podría pensar- dos nuevos abuelos que reemplacen a los perdidos. Los "abuelastros" no se sienten especialmente vinculados a los "nietastros", ni estos a aquellos. A la vez, los verdaderos abuelos paternos quedan aún más marginados.

 

 

Un síntoma más de la actual patología familiar son los nacimientos ilegítimos. En Estados Unidos, no llegaban a 400.000 en 1970, pero en 1988 fueron más de un millón. En relación con el total de nacimientos, pasaron del 11% al 25% en el mismo período. Este fenómeno también crea situaciones difíciles desde el punto de vista de los abuelos. Rara vez los abuelos paternos de un niño nacido fuera del matrimonio ayudan o ven siquiera al pequeño.

 

Por su parte, los abuelos maternos suelen verse obligados a sustituir al padre ausente. Pero es habitual que estén disgustados por el nacimiento ilegítimo, lo que puede influir negativamente en su afecto hacia el nieto. De este modo, el aumento de nacimientos ilegítimos también contribuye a que haya niños privados de los valiosos beneficios que les podrían dar unos buenos abuelos.


Apartheid generacional

 

Incluso cuando no media divorcio ni unión ilegítima, la labor de los abuelos resulta obstaculizada por los recientes cambios del ambiente social.

 

En primer lugar, ahora es más difícil que los abuelos vivan cerca de sus nietos. Las distancias hacen que la familia nuclear lleve una vida separada de los demás parientes. A menudo los abuelos no están tan lejos que no puedan visitar a los nietos en forma más o menos regular. Pero las visitas periódicas no son suficientes para que los abuelos lleguen a formar parte de la vida diaria de la familia, por lo que se convierten en algo parecido a los actos sociales, como las reuniones con los amigos.

 

Otro fenómeno reciente que aumenta la separación física entre los abuelos y nietos es la proliferación -especialmente marcada en Estados Unidos- de zonas residenciales para jubilados, generalmente situadas en lugares cálidos.

 

Christensen se refiere también a los efectos de la cultura juvenil. La exaltación de la juventud como valor en sí mismo ha llevado a un cierto menosprecio de los mayores. El culto acrítico a las novedades crea el prejuicio de que por boca del abuelo habla un pasado caduco, más que la experiencia y la sabiduría, por lo que sus opiniones son menos tenidas en cuenta. Esto es, en ocasiones, tan general y notorio, que muchos abuelos renuncian a dar consejos a sus hijos y nietos. En consecuencia, los abuelos de hoy tienen menos autoridad e influyen menos en la formación de los nietos. Los miman, pero no los educan como en otros tiempos, ni tienen la misma facilidad para inculcarles verdades espirituales y morales.

 

 

Abuelos atendidos en casa

 

Otro hecho que favorece la marginación del abuelo es la creciente tendencia a transferir a instituciones especiales la responsabilidad de cuidar de los ancianos, que tradicionalmente ha corrido a cargo de la familia. Esto es, en parte consecuencia de la baja fecundidad, pues cada vez más ancianos tienen uno solo o ningún hijo que pueda ocuparse de ellos. También influye el aumento de familias en que trabajan los dos cónyuges.

 

Christensen señala un factor más: la resistencia pensar en la muerte. Citando al historiador francés Philippe Ariés, "la muerte se ha convertido en un tabú, en una cosa innombrable". Se prefiere que el pariente anciano muera en el hospital, donde "saben que hacer en estos casos", en vez de en casa, rodeado de la familia, nietos incluidos. La agonía y la muerte se han hecho casi invisibles, salvo para los profesionales sanitaristas.

 

El olvido de la muerte fomenta la búsqueda de satisfacciones terrenas. "Cuando la moralidad dominante -dice Christensen- se basa en la existencia de un juicio después de la muerte, los que está cerca de ella naturalmente son objeto de un profundo respeto". Mientras que si sólo se persigue el éxito y la recompensa en esta vida, la reverencia a los ancianos se pierde en gran medida.

Para que los abuelos vuelvan a ocupar el lugar que merecen, el autor cree que es preciso reformar los sistemas de seguridad social, de modo que las familias contribuyan más al cuidado de sus mayores en forma directa. El mal estado financiero de la seguridad social en muchos países puede hacer que, en el futuro, esta opinión se convierta en un imperativo. De todas formas, no es una cuestión meramente económica. Si la familia numerosa sigue siendo una rara avis, resultará difícil que los ancianos pasen del asilo al hogar familiar.



Una asignatura que nadie más enseña

 

El fondo del problema, señala el autor, esta en los mismos factores sociales, espirituales y culturales que perjudican a la familia en general. Christensen propone algunas soluciones al alcance de las familias mismas.

 

Los abuelos, dice Christensen, deben renunciar a la extendida aspiración de disfrutar de un cómodo retiro lleno de diversiones y de viajes de placer. Por el contrario, tienen la posibilidad de llenar los últimos años de su vida con una tarea más útil y satisfactoria: dedicarse a sus hijos y nietos. A su vez, los padres deberían tener en cuenta el factor de la proximidad de los abuelos a la hora de fijar su residencia. Conviene también "apagar mas a menudo la televisión y el video para que los nietos puedan escuchar historias narradas por los abuelos". Hay que hacer un sitio a los abuelos en los planes familiares, para que compartan con los nietos las vacaciones, los días de fiesta, y la asistencia a actos de culto. Y, aunque esto suponga un sacrificio, la familia misma debe ocuparse directamente del cuidado de los abuelos ancianos, sin recurrir a la residencia o al hospital salvo cuando no quede otro remedio.

 

Desde cierto punto de vista, hoy los abuelos son más necesarios que nunca. Su ayuda puede ser especialmente valiosa para los matrimonios jóvenes que necesitan dos sueldos. Pero los abuelos son mucho más que una buena guardería: son un eficaz complemento de la tarea educativa de los padres. Como dice el citado psiquiatra Kornhaber, "La asignatura que imparte el abuelo no se enseña en ningún otro sitio".

 

Es importante hacer notar que el estudio a que me he referido en el presente artículo fue hecho dentro de la cultura y ambiente de los Estados Unidos que, salvo particularidades muy especiales, puede ser extensivo actualmente, dada la globalización, a todos los países occidentales, entre estos México.

 

 



 

«La ley disciplina nuestro cotidiano vivir»

 



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