lunes, 10 de mayo de 2010

Debemos ser constantes

 

Querien Vangal

julio / 2007

 

Al hablar de una batalla nos imaginamos un ejército que empuña las armas dispuesto a conseguir la victoria o morir en la línea de combate. Un día tras otro, sin abandonar las armas y con la vista fija en el objetivo, sin desfallecer ante las inclemencias del tiempo o los ataques del enemigo. Sólo tiene en mente que debe luchar para obtener esa anhelada meta. El cuerpo militar seguirá adelante: cambiarán los efectivos, detallarán la estrategia, estudiarán las dificultades y las posibilidades de vencerlas. Quizás sean semanas, meses, antes de contemplar el fruto final del esfuerzo y la sangre.

 

Una de las piezas claves para la conquista es la constancia. El diccionario la define como la firmeza y perseverancia de ánimo en las resoluciones y en los propósitos. Es la virtud con la cual conquistamos las metas que nos proponemos, y sin ella un trabajo serio es imposible y dudosas las posibilidades del éxito. La constancia es necesaria para formar las virtudes, para crecer en el campo espiritual, humano, social, intelectual, deportivo… Quien es constante tiene facilidad para triunfar, porque se habitúa a la lucha diaria que implica esta virtud, dispuesto a vencer las dificultades e inclusive vencerse a sí mismo.

 

Los resultados son evidentes. Detrás de un deportista de alto rendimiento se encuentran horas de entrenamiento, renuncias en la vida social, rigurosas dietas alimenticias. Un trabajo constante, a lo largo de meses o años para conseguir un mejor rendimiento físico y estar lo mejor preparado para la importante y deseada competición.

 

Lo que construye a una persona virtuosa es el trabajo constante y paciente. La formación de un hábito de caridad universal y delicada, por ejemplo, ha implicado tratar a todos por igual y como uno querría que lo trataran a él; saber disculpar los defectos de los demás y fomentar el buen nombre de quienes lo rodean. No siempre es fácil mantener un ritmo así, pero allí está la virtud y el valor de la constancia. Es necesario un trabajo paciente, momento a momento, como cuando se coloca un ladrillo y otro ladrillo hasta levantar una catedral.

 

No hay que desanimarse por las dificultades y las caídas: son normales y en ocasiones difíciles de evitar. Éstas son preciosas oportunidades para reafirmarnos en la lucha y para madurar en nuestra vida. Purifican nuestras intenciones y nos permiten renovar y valorar más el ideal. No deben ser un motivo para desanimarse y abandonar el combate; lo que vale cuesta, y cuanto más vale, mayor es el costo. Si se cae mil veces, mil veces hay que levantarse. Mantenerse en la lucha es ya una victoria, porque con ella fortalecemos nuestra voluntad y templamos nuestro carácter para resistir tormentas aún más violentas. Así que de las caídas podemos sacar un fruto positivo y favorable para la consecución de nuestro ideal.

 

Para formar esta virtud son necesarios cuatro pasos:

 

Primero, hay que tener metas claras y medios concretos para alcanzarlas. Si no tenemos un ideal sería como si golpeáramos en el aire. Una meta nos dará un estímulo y sentido a nuestra lucha: llegar al Cielo; terminar una competición en primer lugar; lograr un profundo espíritu de oración; leer un número de libros cada mes; dejar el hábito de fumar; ahorrar una cantidad de dinero antes de tal día; aplicar una metodología en el trabajo, en el estudio, etcétera.

 

Después viene el segundo paso: trabajar la constancia con constancia. Cada día, aún en aquellos en que el ánimo no es favorable. Si se presentan mil obstáculos buscaremos mil medios para superarlos, siempre con la vista centrada en la meta.

 

El tercer paso es renovar cada día nuestro propósito para que esté siempre fresco y presente, y para que no perdamos el sentido del porqué nos encontramos en esta lucha. Al inicio del día o cuando vengan las dificultades, si recordamos nuestra meta tendremos una motivación fuerte para no desfallecer y seguir adelante con el ritmo que hemos conseguido hasta el momento.

 

Y como último paso es indispensable levantarse si se tiene una caída en la lucha. De una caída se aprende y se madura. Cuando un corredor cae, se levanta, se sacude si es necesario, y vuelve a emprender la marcha porque tiene fija su mirada en la línea final. Será más consciente de los pasos que no le favorecen y que le pueden causar de nuevo un tropezón y tratará de evitarlos.

 

Arturo Graf, un poeta italiano había dicho: «la constancia es la virtud por la que todas las demás dan su fruto». Si trabajamos esta virtud, y con la gracia de Dios, podremos estar seguros de conseguir tantas otras virtudes que necesitamos para ser mejores personas y para alcanzar las metas propuestas.


 





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¿Debemos matar a los moribundos?



Querien Vangal

julio / 2007



La eutanasia se propone por tres razones:

 

• El alivio al sufrimiento,

• El respeto a la autonomía personal y

• El derecho a morir.



Analicemos cada una de ellas.


1. El alivio al sufrimiento


Permitir a los doctores la eutanasia por un inadecuado tratamiento de dolor o por estar sufriendo debido a razones sociales no sería ético. La visión de que la vida de otra persona ha perdido valor siempre dependerá de los valores personales del observador. No hay criterios objetivos en los cuales cada observador pudiera formarse esa misma visión en las circunstancias que se le presenten. Además, el dolor es parte de la vida humana; se ha de atenuar pero es imposible que se dé una vida humana sin sufrimiento.


2. El respeto a la autonomía personal


La autonomía se entiende comúnmente como un derecho de la persona para ser respetada en sus preferencias en materias que afectan su propio bienestar. Pero de hecho nadie tiene derecho a que se respete cualquier cosa que haya elegido. De ser así. Tu deseo de matarme tendría la misma fuerza que mi deseo de matarte, si es eso lo que mi satisfacción me exige.


La genuina autonomía comprende no sólo un derecho para elegir sino la responsabilidad de elegir dentro de ciertos límites. Ninguna ley que permita la eutanasia estará a salvo del riesgo de que las vidas de los que no querían morir sean puestas en peligro. El derecho a la integridad de su vida habría sido infringido.

3. El "derecho" a morir, ¿es un derecho reconocido internacionalmente?


El derecho a morir no aparece en ninguna declaración de derechos humanos naturales ni en ningún documento de ética. Aparece como una afirmación sin argumento. El derecho a morir puede considerarse inválido al no haber sido demostrado. Los derechos genuinos no son creados por el hecho de afirmarlos.


La Asociación Médica Internacional, la reguladora internacional en ética médica, publicó una declaración sobre el suicidio asistido en 1992, dice: "El suicidio asistido por un médico, como lo es la eutanasia, no es ético y debe ser condenado por la profesión médica".


La eutanasia no es mala porque es ilegal, sino que es ilegal porque es mala. La legalización de la eutanasia cambiaría para siempre los conceptos fundamentales sobre los que nuestras leyes están basadas.


En el derecho penal, el principio de igualdad sería no solamente alterado sino abrogado por la ley de la eutanasia, donde un grupo de personas inocentes se define exento de la protección general que se ofrece a las demás. En este contexto, una persona inocente es aquella que no supone amenaza para otros.


Desde que se legalizó la eutanasia en Holanda en 2000, se ha ido aplicando a pacientes que no pueden decidir por sí mismos. El nuevo paso ha sido extenderla a recién nacidos que sufren por enfermedades graves. El llamado "protocolo de Groningen", propuesto por pediatras de ese hospital universitario, quiere establecer las bases legales para esos casos. Aunque legalmente son los padres los autorizados para decidir, a menudo se aplica la eutanasia neonatal sin su consentimiento o contra su opinión. Se abre la puerta un paso y no se sabe adónde se va a llegar.


Los que recomiendan la eutanasia, lo hacen en nombre de la compasión. En esto son indudablemente sinceros, pero están mal orientados. El término compasión se deriva del latín y significa "sufrir con", y en el contexto de los moribundos, se traduce andar el resto del viaje de la vida al lado de ellos, buscando su consuelo en cada etapa. Matarlos es una forma de abandono, precisamente porque se encuentra que el viaje es demasiado fuerte y difícil para los demás.


¿Legalización de la eutanasia?

 

Si matar a un paciente que está sufriendo y que lo ha solicitado es proporcionar un beneficio auténtico, sería lógico que algunos médicos piensen que no dar ese beneficio a pacientes con sufrimientos similares, es discriminatorio, simplemente porque no pudieron solicitarlo. Si la ley actual no ha evitado que extiendan su práctica hasta ese grado, por qué suponer que respetarían una ley nueva, sobre todo si hay pocas probabilidades de darse cuenta al tratarse de prácticas privadas. Incluso Harold Shipman, el médico inglés que pudo haber matado a centenares de pacientes, no fue descubierto sino hasta que verdaderamente se excedió.


El Comité de la Casa de los Lores (House of Lords Committee) dijo que la ley de la eutanasia "ocasionaría más, y más graves problemas que los que busca resolver", debido a que el abuso sería fácil de ocultar.


Un periodista inglés escribió: "O la vida es siempre y en cualquier circunstancia sagrada, o intrínsecamente no cuenta para nada: es inconcebible que en algunos casos debe ser lo primero y en otros esto último" (Malcolm Muggeridge).


 



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domingo, 9 de mayo de 2010

De las adicciones

 

Querien Vangal

Julio / 2007

 

En la adolescencia tus hijos toman conciencia de qué debe atender, cuidar y querer a su cuerpo porque es ellos mismos. Entonces, ¿por qué a veces se empeñan en dañarlo? ¿Qué pasa cuando algo los engancha? ¿Podemos librarlos de las adicciones?

 

Está de moda fumar y beber. Casi cualquier fiesta a la que asisten tus hijos tiene botellas y cigarros: son los calificativos de la diversión, algunos los llaman socializadores.

 

Esas costumbres decidimos incorporarlas libremente a nuestra vida, a pesar de sabernos que el alquitrán y la nicotina llegan directamente a nuestros pulmones y el alcohol a nuestro cerebro y al hígado.

 

Cuando ya somos dependientes de estas sustancias para funcionar, sentirnos tranquilos o divertirnos se dice que tenemos una adicción.

 

El alcohol y el tabaco son más comunes porque están permitidos por la ley y se tiene acceso a ellos. Una adicción reduce nuestra capacidad de control. Estamos enganchados a algo externo

 

¿POR QUÉ SUCEDE ESTO?

 

Porque llegan directamente al Sistema Nervioso Central (SNC) que es el que coordina nuestros impulsos internos con los cambios externos. Es decir, le introduzco la información a mi cuerpo de lo que debe hacer (ya no me guío por mi inteligencia) Hay sustancias:

 

1. Depresoras: que bajan el nivel de actividad motriz e intelectual, provocan decaimiento del ánimo, afectan el componente afectivo de la personalidad.

 

a. Alcohol

 

2. Estimulantes: que provocan euforia, desinhibición, excitan la actividad

 

a. Nicotina (tabaco)

 

b. Cafeína (café, refresco de cola)

 

c. Medicamentos.

 

Hay otras adicciones no químicas que se presentan con el exceso: juego, televisión dinero, comida, deporte, Internet, videojuegos, compras, trabajo, sexo, etc.

 

 

CAUSAS PARA SER ADICTO SEGÚN LA OMS

 

1. Por curiosidad relacionada con sus efectos y sensaciones


2. Para ser aceptado en el grupo de amigos e integrarse a él

3. Porque están al alcance de cualquiera


4. Por malas actitudes de los padres en e trato a los hijos


5. Por separación, enfermedad o muerte de los padres


6. Por falta de afecto e indiferencia en el ambiente familiar


7. Por presiones y tensiones familiares o escolares


8. Por bajo nivel de autoestima o auto aceptación


9. Para evadir la realidad y tratar de crear una diferente


10. Inseguridad

 

Al hablar de adicciones, no quiere decir que fumar esporádicamente un cigarro o beber una copa de vino o cerveza lo sea. Las bebidas tienen todo un proceso de elaboración, en muchos casos maximizan el sabor de la comida son un excelente acompañante de ciertos platillos y todo un arte. Sin embargo:

 

1. Existen personas que le piden cigarros a quienes pasan salen en la madrugada a comprarlos o se les altera el carácter si no fuman


2. Hay quien es capaz de beber desenfrenadamente sin saborear la bebida, deteriora su personalidad y sus relaciones y depende de una botella para estar bien.

 

Normalmente es en la adolescencia cuando comienzan las adicciones. Las adicciones no químicas son tan extensas que merecen un trato particular y una atención personalizada. Es cuando ya nos volvemos compulsivos en nuestro proceder.

 

 

 

 

 

UNA ADICCIÓN MENOR SEGÚN LA OMS: EL TABAQUISMO

 

1. Una tercera parte de la población mayor de 15 años fuma, esto constituye mil 100 millones de fumadores en todo el planeta y, por si fuera poco, el tabaquismo es el causante de múltiples enfermedades.


2. Cada año, 3 millones de personas mueren por tabaquismo (6% de la mortalidad total)


3. En 30 años los productos ligados al tabaco causarán 10 millones de muertos por año, muchas más víctimas que cualquier enfermedad.

 

Los bombardeos publicitarios y la facilidad para conseguir cigarrillos provocan su mayor consumo. La industria tabacalera mexicana ha invertido millones de dólares en publicidad.

 

En promedio la edad en la que se inicia a consumir el tabaco es a los 16 años.

 

Es importante saber que cada cigarro contiene elementos tóxicos:


1. La nicotina aumenta el ritmo cardiaco y estrecha las arterias coronarias


2. EL monóxido de carbono es un gas venenoso que daña las células de la sangre y reduce la asimilación de oxígeno


3. El alquitrán produce cáncer de pulmón y afecta las vías respiratorias.


4. El amoniaco quema la nariz y la garganta.

 

En algunas mujeres el cigarro produce trastornos menstruales, menopausia prematura, falta de ovulación, cáncer cervical. En el embarazo bajo peso del bebé al nacer y otros trastornos.

 

Además el tabaquismo es un vicio colectivo porque afecta a quienes están cerca de un fumador. Muchas personas sufren afecciones pulmonares o respiratorias, simplemente por convivir con fumadores. Por eso cada vez más se marcan zonas para no fumadores.

 

 

EL ALCOHOLISMO, UNA ADICCIÓN TERRIBLE

 

El alcoholismo es una adicción terrible. Beber inmoderadamente es un problema tan común que pasa desapercibido, porque lo relacionamos con gozar, estar alegres, "alivianarse", pasarla bien. Generalmente durante la adolescencia nos dejamos llevar y si no tenemos una sólida autoestima cedemos a provocaciones como: "maricón", "gallina", "mocho", "¡tómale! ¿No que mucha igualdad femenina?", "con una sola no te va a pasar nada", etcétera.

 

Se piensa que el alcohólico es el que se cae por las calles, cuando también son los que beben pequeñas cantidades a intervalos frecuentes, y no siempre tienen la apariencia de estar intoxicados; sin embargo, necesitan del alcohol para funcionar. Estas personas sufren mucho y a veces destruyen también a sus familias.

 

La borrachera sucede porque el alcohol llega a la sangre y el organismo tarda en eliminarlo… Por supuesto por estar borracho no es lo mismo que ser alcohólico, pero por ahí se empieza. Eso de emborracharse es tan viejo como el relato bíblico que cuenta cómo Noé bebió el vino de su viña y se embriagó.

 

Ahora inicia a una edad mucho más temprana.

 

Los médicos de la Universidad de California en EE.UU. evaluaron las funciones psicológicas de un grupo de adolescentes que habían bebido en más de 100 oportunidades en los últimos tres años y otro grupo en el que no habían ingerido alcohol. Pasaron pruebas de aprendizaje, memoria, desenvolvimiento espacial, destreza de lenguaje, resolución de problemas y atención. Los adolescentes que bebían tuvieron puntajes muy inferiores en los tests de retención de información verbal y de acontecimientos, es decir, todo lo que se refiere a memoria, registraron más pobreza de lenguaje y disminución de la capacidad para observar el espacio. Discutan por un momento su opinión sobre la lectura.

 

Según datos del Consejo Nacional contra las Adicciones CONADIC el 9% de los hombres mexicanos son alcohólicos. El alcoholismo afecta al 46% de los mexicanos de entre 18 y 65 años, el 90% son hombres y el 10% mujeres. El abuso del alcohol afecta también al 36% de los varones de entre 12 y 17 años y al 15% de las mujeres de la misma edad.

 

 

 DEBEMOS TOMAR EN CUENTA QUE EL ALCOHOLISMO:

 

1. Es una enfermedad crónica


2. Es una dependencia física y psicológica


3. Afecta la salud física y mental


4. Afecta las relaciones interpersonales


5. Afecta las relaciones laborales y disminuye la capacidad para el trabajo.

 

Entrar en una adicción es peligroso, normalmente decimos "a mi no me va a pasar"… y cuando menos se espera ¡ya se está enganchado!

 

Conocer las adicciones nos ayuda a decidir mejor que hacer cuando nos encontremos ante un dilema. Si somos sinceros y decidimos por nosotros mismos, sin presiones, entenderemos que nos hacen daños, nos quitan la voluntad y la posibilidad de llevar la vida que queremos sin depender de los influyentes.

 

 



Cristianismo al “ahí se va”


 

Querien Vangal

Julio / 2007

 

 

Yo me pregunto: ¿De qué sirve una religión - cualquiera que sea -, si no es capaz de ofrecer a sus seguidores lo que ellos tienen derecho a esperar? : Respuesta a sus dudas, soluciones a sus problemas, profunda felicidad, un sentido a sus vidas, etc. ¿De qué sirve una religión si no hace mejores a sus seguidores? ¿De qué sirve - por ejemplo - ser católico, si el serlo no te hace ser más feliz, ni te hace sentirte fuerte, valiente ante las dificultades? Si no eres mejor que los que no son católicos - repito -, ¿de qué te sirve tu religión?

 

Los hombres sin religión tienen derecho a decirte: "Demuéstrame que el tener una religión - por ejemplo, la católica -, me reporta bienes y me hace mejor". Antiguamente se decía de los cristianos: "Mirad, cómo se aman". ¿Se puede hoy decir esto también? Alguien con muy mala intención decía estas palabras: 'Si ves que alguien va a los templos y despelleja con su lengua a su vecino, sospecha que es un cristiano'; y por desgracia muchas veces sucede así. Tú crees en Dios y vives tan amargado como yo; ¿de qué te sirve creer en Dios? Vas a Misa los domingos y eres igual, si no peor que yo. ¿De qué te sirven tus Misas y tus rezos?

 

Son preguntas muy duras, pero tienen su punto de verdad. Los jóvenes, por ejemplo, que recibieron una formación religiosa e iban, o mejor dicho, eran llevados a Misa los domingos y les enseñaban a rezar, al llegar a esa edad en que todo se analiza y de todo se pregunta por qué, efectivamente, se preguntan: ¿Por qué tengo que ir a Misa, confesarme y rezar, etc.?  Cuantas veces se escucha decir: "Sí, soy católico, pero a mi manera".

 

Si no tienen respuesta convincente dejan la religión como algo inservible, inútil, infantil, etc., y buscan como sustituto de sus creencias otras cosas, alguna teoría filosófica o psicológica, o lo que esté de moda en el pensamiento; si encuentran respuesta, entonces aceptan su fe con mayor madurez porque la ven útil, necesaria, enriquecedora.

 

Puede, incluso, ocurrir otra cosa, que se cambie de religión como si se tratase del cambio de un abrigo, o de una camisa; De esa manera demuestra qué hondas raíces tenía su anterior religión. El que cambia su fe de un día para otro, mala señal. Y quisiera decir una cosa para aclarar está cuestión: ¿Vale la pena seguir una religión? Depende. Si se vive a medias, ¡no!, si se vive en serio, ¡sí!; Claro que, si el problema de muchos es que ha reducido su religión a un cristianismo de Misa dominguera, a un cristianismo de bolsillo, sin exigencias, claro que esa forma de vivir no da nada, ni respuestas, ni felicidad, ni fortaleza, ¡nada! Pero, hay otra forma de ser cristianos, que sí llena y ayuda y fortalece, que es ser cristianos de verdad.

 

El cristianismo es una religión que vuelve a los hombre felices, valientes realizados, pero con una condición, que tomen el cristianismo en serio. Miles lo toman en broma.

Costumbres que trasmiten valores

Querien Vangal
Julio / 2007

 

El pueblo italiano conserva el siguiente pensamiento latino, generalmente expuesto en la puerta de entrada a la casa: "Que tu camino sea alegre, pero más alegre tu retorno".

 

Tal vez, con un dejo de amargura, alguien podría pensar: yo no puedo decir que mi regreso a casa es alegre porque nadie me espera y, si hay alguien, tampoco tiene consideraciones conmigo. Esto puede ser cierto, pero, no es el modo de afrontar esta realidad para corregirla. La postura adecuada consiste en salir de sí y pensar ¿y yo que hago para que los miembros de mi familia deseen regresar a casa?, ¿qué hábitos familiares cultivo para beneficiar a mis parientes?

 

Los servicios en el hogar para satisfacer las necesidades de los miembros de la familia, son medios para lograr que los demás estén contentos. Pero esos servicios han de realizarse con un estilo adecuado a la categoría de todo ser humano, por el simple hecho de ser persona. Y, además, porque quien los desempeña también es persona y ha de ser consciente de que para demostrar su valía ha de actuar también a la altura de su condición. Los padres de familia tienen mucho quehacer para enseñar este enfoque. Con frecuencia son culpables porque desprecian los trabajos domésticos y provocan que nadie quiera dedicarse a ellos. Más tarde, todos sufrirán las carencias por el abandono de esas labores.

 

El modo de ayudar a regresar a casa a los miembros de la familia y lograr que lo hagan con verdadera ilusión consiste en proponerse realizar aportaciones personales para halagarlos en sus demandas de alojamiento, alimentación, vestido y relaciones interpersonales. En primer lugar se trata de cubrir esos servicios, en segundo lugar realizarlos con actitudes amables, desinteresadas y oportunas. Por tanto, se necesitan conocimientos y habilidades para realizar esas labores y, un decidido empeño por adquirir virtudes. Así, es posible lograr un ambiente acogedor que fomente el respeto y las manifestaciones de cariño.

 

Tal decisión ya supone un enorme adelanto personal, sin embargo, eso es poco, hay que lograr que los demás se hagan planteamientos similares. Esto quiere decir que no basta con hacer, hay que hacer que hacer. Entusiasmar y lograr convencer del bien que reditúa ver contentos a los demás. Cuando alguien está contento es más fácil que tenga apertura para asumir sacrificios en beneficio de quienes le son cercanos.

 

La vivienda

 

Respecto al alojamiento todos deseamos un lugar limpio, funcional y bonito. Además, el espacio ha de dividirse en uno donde se puedan realizar actividades que requieren aislamiento –planeación, estudio, descanso... –, y otro donde se fomente la convivencia, donde se puedan compartir experiencias, proyectos o, simplemente comentar éxitos o fracasos. O estar con otros, sentir la compañía. Quien se ocupa de mantener en buen estado los respectivos sitios ha de enseñar a que quienes disfrutan de ellos pongan interés y esfuerzo por mantenerlos en buenas condiciones. Hay padres que se sacrifican por tener todo dispuesto y soportan sin corregir los deterioros que ocasionan los hijos. Luego, llega el momento de la queja porque nadie aprecia el trabajo que hay detrás de tanto bienestar. No se dan cuenta que mucha culpa es de ellos por no haber hecho que todos colaboraran y, de ese modo práctico, descubrieran el misterioso encanto del esfuerzo.

 

La comida

 

La alimentación exige todo un ritual en la preparación de los ingredientes, la presentación agradable de los platillos, a la temperatura adecuada. En una mesa bien montada –mantelería y adornos, loza, cubiertos, cuchillería...- que  invite a estar allí a compartir, a conversar, a disfrutar. Es un servicio comparable a la prestidigitación, es efímero, desaparece tan pronto cumple su función, pero deja un pozo de satisfacción física y espiritual. Para lograr estos resultados hay que estar dispuestos a ver desaparecer en poco tiempo aquello que ha requerido bastante dedicación. Alrededor de una mesa se aprende a compartir, a sacrificarse para que el alimento alcance a los demás, a controlar los deseos de devorar aquello que más gusta. A descubrir si alguien está inapetente por tristeza o por enfermedad. Se aprende a comer: a apreciar los sabores, a utilizar los cubiertos, a adoptar un ritmo adecuado, a ser sobrios: sin ingerir de más o de menos. Un ambiente así facilita la conversación que implica decir y escuchar, se fomentan los lazos entre los comensales y se profundiza en el conocimiento mutuo. La comida familiar es la oportunidad de que los padres descubran las tendencias de los hijos, quién es oportunista, quién es servicial, quién es desganado y quién avorazado. Quién capta las necesidades de los demás y quién ni cuenta se da. Por último, queda la participación de todos para recoger los sobrantes, lavar los utensilios, guardar todo, hasta la próxima reunión.

 

Cuántas virtudes se pueden conseguir con el buen uso del estar alrededor de una mesa. Cuántas oportunidades desperdiciadas cuando se suprimen esos momentos por un confuso sentido práctico del aprovechamiento del tiempo. Cuántas buenas maneras se han olvidado por no compartir los encuentros en el comedor. Lo más importante de este aspecto de la vida es el desinterés, lo efímero no es, tal vez, económicamente redituable y, sin embargo, deja en lo más profundo un acervo de sentimientos que forjan la personalidad.

 

El vestido

 

La elección del vestuario dentro de la casa es un capítulo importantísimo, pues allí se puede aconsejar con acierto el tipo de ropa más adecuado según las características físicas y las actividades por realizar. En familia es posible aprender a estar a la moda adecuando las tendencias a la propia manera de ser. Esto hace posible la ingeniosa combinación de la moda a mi manera. Cuando los miembros de la familia están ausentes y no intervienen con sus aportaciones, las personas quedan inermes ante los dictados de los diseñadores, la siguen como esclavos porque les falta el apoyo que les da seguridad para manifestar su originalidad. Cuando faltan estos consejos tampoco se adquiere el criterio para distinguir el modo de presentarse según los eventos y se pierde el sentido de oportunidad, por eso, se usa la misma ropa para cualquier circunstancia y se usa como la usan los demás para no correr el riesgo de la crítica, todos se visten igual.

 

Relaciones interpersonales

 

Cada uno de estos tres servicios tiene su finalidad propia, pero, todos coinciden en el objetivo de fomentar buenas relaciones interpersonales. Al compartir la responsabilidad de cubrir las necesidades, las personas desde muy temprana edad aprenden a conjugar el nosotros. El cuidado y la atención a los demás es la característica que distingue a los humanos. Por lo tanto, descubrir el servicio directo a la persona, en lo cotidiano y en la dimensión frágil y precaria, es el modo de devolver a la sociedad deshumanizada un rostro humano.

 

El reto consiste en lograr que la familia redescubra su papel de humanizar a la sociedad por medio del cuidado y del servicio directo y constante a sus miembros.

 

Los valores que se comparten

 

En lo profundo de aquellas actividades realizadas para beneficio de los demás siempre hay un sin número de valores compartidos. Haremos una somera descripción de algunos de los valores presentes en los diferentes servicios en el hogar. Cuando se trata del alojamiento los valores más patentes son el sentido de pertenencia y de identidad. El sistema alimenticio propicia la apertura, la comunicabilidad, el equilibrio, el espíritu de observación y la sensibilidad para compartir. El atuendo manifiesta respeto, protección de la intimidad, sentido de oportunidad.

 

Todos estos valores mejoran las relaciones humanas próximas y remotas.

 

 



sábado, 1 de mayo de 2010

Un padrísimo día del padre

 

Enrique Galván-Duque Tamborrel
jinio / 2007

 

En definitiva, un papá jamás va a opacar la estrella de una madre. Sin embargo, esta verdad de Perogrullo nos permite compartir algunas reflexiones con respecto, aún no pocas veces devaluado "Día del Padre".

Papá nunca podrá comprender el milagro de la vida que se lleva en el vientre, pero es capaz de descubrir la esperanza en el futuro de un bebé, de sembrar sus mejores horizontes en ese pequeño ser al tiempo que se arrodilla ante Dios para dejar en prenda su cansancio, sus horas de trabajo y de esfuerzo construyendo el porvenir de cada hijo.

Es difícil que papá asimile en carne propia que su trabajo es de medio tiempo, cuando ve que las tareas de mamá son de tiempo completo. Sin embargo, es tan generosa su entrega y su cariño, que lo vuelven capaz de privarse -muchas horas de la semana- de la vista y el contacto con los que ama y que son la razón del trabajo cotidiano, con tal regresar a casa con una realidad mejor y distinta de la que él recibió en su momento.

Pocas veces papá se da cuenta del "milagro de la repartición de los peces y los panes" que realiza mamá en cada día. Pero papá ama tanto a quienes le esperan en casa, que es capaz de dejar "para otra ocasión" la adquisición de sus zapatos preferidos o de aquella camisa que vio entusiasmado en el aparador, al recordar que el hijo necesita algunos libros o que su princesita requería aquel vestido que la hacía ver más hermosa que nunca.

Con frecuencia, papá quiere llegar a abrazar a los chicos, a jugar con ellos y convertirse en el líder "de la pandilla", y al encontrarse en casa –como dice Héctor Gagliardi- se topa con una "lista de acusados" que le hace fruncir el ceño y poner cara de serio. Y casi nadie se da cuenta de cómo su corazón de padre se apretuja y se muerde de impotencia ante su papel de juzgador. Por eso aprovecha el arribo de la noche para entrar de puntillas al cuarto de los hijos y acariciarlos mucho y besarlos mucho, dejando caer -no pocas veces- los diamantes que salen de sus ojos convertidos en lágrimas de amor y de esperanza.

Sólo papá sabe lo que es jugarse "el todo por el todo" cuando el trabajo falta. Inventa, crea, pide, suplica, se humilla. Por eso es capaz de llegar hasta los pies del Sagrario y hablar con Dios, de padre a Padre. De aquí que su visión siempre traspasa la pobre perspectiva de "papá-proveedor".

En más de alguna ocasión, papá nos "sermonea" con su clásico discurso del deber ser de las cosas. Y a riesgo de ser reiterativo, lo que en verdad lo mueve es bastante simple: hacer que "el 10" -la calificación de 10- que él consiguió en la vida, sea "el cero", la plataforma de despegue para el futuro de cada uno de sus hijos. Habrá que ver cómo se ilumina el rostro de papá cada vez que habla de sus "diablillos".

Para mucha gente las canas son la señal inequívoca de una llegada a la vejez. Para papá son la acumulación de sus afectos y la prueba mejor de que cada noche de desvelo, cada mañana de talento y cada tarde de hacer un segundo esfuerzo, han valido la pena por cada segundo vivenciado.

Para papá no importa que haya menos ofertas en su día o que no haya festival ni bailables en las escuelas para festejarlo. Él sabe en su interior, que el mejor regalo que puede recibir es que, al llegar a casa -muchas veces con el espíritu abatido y el alma desgastada- es capaz de olvidarlo todo y perdonarlo todo, cuando al final del día se tope con el bálsamo extraordinario de un "¡Papito!" y un abrazo y un beso de los hijos que le hagan recordar que esos instantes son lo mejor que le ha pasado en la vida.

 

 



Un decálogo para el buen conductor


Querien Vangal
junio / 2007

 

 

Las autopistas y las carreteras se llenan de coches durante los meses de verano, sobre todo con motivo de las vacaciones. Esto significa también un aumento de accidentes. Por esto me parece muy oportuno pensar un poco en el deber cívico y moral de conducir observando las normas de tráfico, con prudencia y con sentido de solidaridad con todas las demás personas.

 

Hay un motivo de actualidad para hacer esta invitación. Es la noticia, recogida por los medios de comunicación, de que la Iglesia católica promueve un decálogo para los buenos conductores. ¿Acaso el Código de circulación interesa también a la Iglesia católica?, se puede preguntar el lector. Y la respuesta podría ser: ¿Y por qué no?

 

Si no se puede separar la fe y la vida, la fe también tiene algo que decir sobre la manera de conducir, un hecho en el cual puede estar en juego la vida propia y la de los demás. El tráfico es una realidad de la vida de cada día y sus efectos sobre la vida de muchas personas pueden ser dramáticos, dada la proliferación de accidentes que, como nos dicen los expertos, se deben a menudo a errores humanos: velocidad excesiva, adelantamientos prohibidos, no respeto de las señales de tráfico, exceso de alcohol, etc.

 

El Consejo Pontificio para las Personas Migrantes, poco antes de las vacaciones de este año, ha publicado un texto de 40 páginas sobre los comportamientos en el tráfico. El texto subraya que a menudo se da un instinto de dominación en la persona que se pone al volante de su vehículo. "El automóvil -escribe- es fácilmente utilizado por su propietario como un signo de ostentación personal, como un medio para eclipsar a los demás y provocar en ellos sentimientos de envidia. Sobre su vehículo, la persona proyecta "la afirmación de su ego", hecho que comporta desequilibrios, que a veces se pueden situar "en el límite de la patología". El decálogo lo resume así en el punto quinto: "El automóvil no ha de ser una expresión de poder y dominación, ni un instrumento de pecado".

 

El documento del Vaticano dice que es necesaria, en el tráfico, "una cultura en favor de la vida". La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios a cada persona. Hemos de cuidarlos razonablemente, teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común. Por esto, el primer punto del decálogo del buen conductor recuerda que hay que cumplir el quinto mandamiento de la ley de Dios, que dice: "No matarás".

 

Este mandamiento se concreta en el segundo punto: "La carretera ha de ser un instrumento de comunión entre las personas y no de daño moral". En los puntos siguientes, el decálogo recomienda cosas tan concretas como éstas: "Procura que la cortesía, la corrección y la prudencia te ayuden a superar las situaciones imprevistas; "sé caritativo y ayuda al prójimo que está en situación de necesidad, en especial si el prójimo es víctima de un accidente". Y esta otra que, de cumplirse, podría reducir mucho la accidentalidad: "Convence caritativamente a los jóvenes y a los no tan jóvenes de que no se pongan al volante cuando no estén en condiciones de hacerlo".

 

El decálogo formula estos otros mandamientos de clara tradición cristiana: "Apoya a los familiares de víctimas de accidentes"; "reúne en el momento oportuno al conductor culpable con su víctima, para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón"; "en la carretera, protege al más débil"; y, finalmente, "siéntete tú mismo responsable de los demás".

 

Así pues, no somos responsables sólo de nuestra propia vida, sino también de la de los demás; tanto nuestra vida como la de los demás son de Dios. Por esto, conducir bien es sinónimo de solidaridad; es un deber de justicia y de caridad.