miércoles, 9 de junio de 2010

¿Qué nos pasa?

 

Enrique Galván-Duque Tamborrel
julio / 2007

 

«La verdadera cause de la degradación
del hombre es su ignorancia.»
Querien Vangal

 

Hace unos meses se dio en la ciudad de México un acontecimiento por demás bochornoso y degradante.  Resulta que al llamado de Spencer Tunick, un controvertido fotógrafo estadounidense, se reunieron en el zócalo de la ciudad de México más de diez mil personas, de ambos sexos y de varias edades excepto menores de edad –lo cual hubiera sido la degradación total— para posar totalmente desnudos en una fotografía masiva.

La mayoría –por no decir que todos--  de los comunicadores de México se dedicaron a alabar con entusiasmo desbordante tan magno acontecimiento, y casi toda la sociedad casi se obligó a apoyar ese hecho o cuando menos a ser muy tímida al manifestar sus comentarios.  Esto, lamentablemente, es un reflejo de la derrota de varios tabús y es signo de la incorporación de la sociedad mexicana a las sociedades vanguardistas, queriendo demostrar con ello que somos una sociedad libre y con tintes más de orden pseudo-filosófico.  Esto para evitar ser aplastados por la enorme máquina publicitaria del hecho, a riesgo de parecer que tenemos muchos complejos y que estamos fuera de época con una moral trasnochada.

Es triste reconocer que en estos tiempos y en todo el mundo, pero especialmente en México, hay una embestida contra todos los principios cristianos, familiares y sociales en los que hemos sido educados tradicionalmente como si fueran contrarios a la dignidad y libertad del hombre, y con banderas desplegadas en lo que antes se decía en secreto ahora se proclama con una fuerza total.  Por el contrario, los millones que viven y aman los principios tradicionales tal parece que tienen que esconderse.

Fue verdaderamente penoso escuchar los testimonios de los participantes y más aún los comentarios de los comunicadores que hicieron del hecho de desnudarse en masa una actitud casi heroica y digna de admiración, como si hacer algo que va contra la dignidad de la persona, como si al hacerse en masa cambiara su esencia y se transformara de algo vergonzoso en algo virtuoso.  Clara, los de la "Izquierda Progresista" están de plácemes, después de haber aceptado el aborto, que es un hecho mucho más grave, ya este tipo de espectáculos es cosa menor.  Lo grave del asunto –lamentablemente la sociedad lo pasa inadvertido--,  más que el hecho en sí, es el mensaje que se da a la juventud en cuanto a un concepto de la vida que se está generalizando en la sociedad acerca de una libertad egoísta y desbocada acompañada de un relativismo de valores donde el gran ausente es Dios.

Decía San Pablo. "Una vez hecho Dios a un lado de nuestra vida, nos llegaremos a enorgullecer de lo que debemos avergonzarnos".  Y el profeta Jeremías recibe de Dios este mensaje: "Dos pecados ha cometido mi pueblo: Me ha abandonado a Mi, que soy fuente de agua viva, y se ha ido a excavar cisternas, cisternas rotas que no pueden retener el agua"

Lo más grave del asunto y la sociedad lo soslaya tranquilamente, es como se desvirtúan ante los jóvenes los verdaderos valores por los que deben luchar, y se les proponen a cambio otros falsos, como la rebeldía egoísta, el placer sin responsabilidad o exhibicionismo puro.  Ojalá los jóvenes en lugar de escuchar tantos testimonios que rayan en lo cursi y en lo ridículo, recibieran, escucharan y razonaran mensajes como uno que les dejó el Lic. Anacleto González Flores [1] sobre algo que nunca pasará de moda, EL IDEAL. 

Un resumen del citado mensaje:

«La pasión por el ideal ha muerto, se le dejado desfallecer primero, se le ha abandonado después y ha acabado por morirse. /  Esto explica el desden con que por todas partes se ve lo grande, lo noble y el encogimiento de hombros  con que todos saludan programas y banderas.  Pero lo más grave aún es que nuestra juventud carece de ideal desde hace mucho tiempo; no ha habido quien la arroje en la hoguera donde se encienden las altas y recias pasiones… Nuestra juventud no ha tenido, no tiene desde hace mucho tiempo ni maestros ni abanderados. / Se alzó y sigue lazándose delante de la vida como barca sin timón y sin brújula…cuando mucho se le ha enseñado que arrebate del torbellino del tiempo el pan para el cuerpo. / pero nadie le ha dicho que no empiece la jornada hasta no ir bien provista de pan para el espíritu…Y es necesario empezar por echar en la mano de cada joven que parte o que ya se ha incorporado a la caravana de los que marchan, el pan con que se nutre, se fortalece y realimenta la vida del espíritu; ideal, ensueño, ilusión alta y noble, gallardía, generosidad, arrojo, audacia, osadía ante los fuertes, para que sigan adelante sin desfallecimiento y sin titubeos.»

Hay que darles –ojalá lo entendamos así--  a nuestros jóvenes, auténticos mensajes de verdadera superación, y no piensen que acciones como las del desnudo masivo del zócalo capitalino van a crecer como seres humanos y van a llevar a México a un plano de verdadero progreso y modernidad.  Y que me perdonen los de la "Izquierda Progresista".

«La paciencia de los pueblos tienen su límite en la degradación»

 

[1] RESUMEN DE LA VIDA DEL LIC. ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

Nació en Tepatitlán de Morelos, Jalisco, el día 13 de julio de 1888, siendo sus padres Valentín González y María Flores.

Aprendió las primeras letras en la escuela parroquial de San Antonio (Calle San Antonio, hoy Galeana). Rebocero de oficio al lado de su padre, quien antes había sido herrero; estudió en el Seminario de San Juan de los Lago (1908 a 1913).

Se trasladó a la capital jalisciense y se inscribió en la Carrera de Derecho, destinando su tiempo libre a la catequización de los niños y jóvenes del barrio de Santa Mónica, donde vivía en una casa de asistencia.

Formó los Círculos: "Agustín de la Rosa", "Federico Ozanam", "León XIII", y el de Los "Girondinos".

En 1914, al ocupar las fuerzas carrancistas la capital de Jalisco, marchó a Pueblo Nuevo y se unió a la fuerza del villista Delgadillo, en la cual militaba el padre Pérez Rubio, su padrino. Éste y aquel fueron fusilados en 1915, y él volvió a Guadalajara, cuando se apaciguaron los ánimos.

En 1916, "viernes 14 de julio", se realiza una reunión dirigida por Luis B Beltrán, venido de la capital de la república para organizar el Comité de la Unión Regional de la ACJM; los grupos León XIII, Windthorst, Menéndez y Pelayo, Donoso Cortés, Jaime Balmes, Miguel de Cervantes y Manuel Mancilla, organizados por Anacleto González Flores se adhiere a la nueva asociación.

En 1917 fundó el semanario católico "La Palabra", desde el cual difundió la doctrina social católica; para ayuda de los obreros promovió la BOLSA DE TRABAJO, en ella se les instruía y a la vez se les conseguía empleo: pero la labor más significativa de "La Palabra" fue la lucha en contra del jacobinismo del general Manuel M. Dieguez dueño del poder en Jalisco.

En 1918 organizó las manifestaciones de protesta contra los decretos número 1913 y 1927 del Congreso de Jalisco, que limitaban el culto; promovió, entre otras acciones, el boicot a los espectáculos y a las compras superfluas, para menguar los ingresos del fisco; y al fin logró, el 1º. de febrero de 1919, que aquellas medidas antirreligiosas se derogaran.
En 1922 se recibió de Abogado en la Escuela Oficial del Estado.

1924 -diciembre-, al ser clausurado por el gobierno el Seminario Conciliar formó un comité de defensa que a los pocos meses, bajo su dirección, se convirtió en la Unión Popular, organizada por manzanas, zonas y parroquias, cada una con un jefe. La expresión pública de este movimiento fue el periódico Gladium (espada) del que llegaron a imprimirse cien mil ejemplares.

En mayo de 1925 el papa Pío XI le otorgó al Lic. Anacleto González Flores la Cruz Pro Eclessia et Pontifice.

En 1926 un centenar de delegaciones foráneas de la Unión Popular juraron en el Santuario de Zapopan "defender con la vida: la escuela, la prensa y la doctrina". Ese año se agravaron las relaciones entre la Iglesia y el Estado; en respuesta a las leyes restrictivas contra la Iglesia, dictadas por Calles, el Episcopado Mexicano declaró la suspensión de cultos (1º. de agosto de 1926) y Anacleto González Flores, al grito de: "¡Dios se va!" postuló la resistencia pacífica, el luto nacional y un boicot semejante al de 1918.

La Unión Popular, sin embargo, pasó a formar parte de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, cuyos dirigentes postulaban la guerra.

Ante la disyuntiva de abandonar el liderazgo de la Unión Popular o recurrir a la violencia, optó por aceptar el levantamiento armado -ya aprobado por los Teólogos y con el visto bueno del Papa-, aunque permaneciendo en la ciudad para sostener la oposición y avituallar la batalla.

Disfrazado se mudaba con frecuencia de casa, pero el 1º. de abril de 1927, probablemente a causa de una delación, fue hecho prisionero en la casa de los Vargas González (Mezquitán No. 425) Los esbirros callistas detuvieron a toda la familia: la madre, doña Elvira González; tres hijas y tres hijos: Florentino, Jorge y Ramón (los dos últimos martirizados junto con el Lic. Anacleto González Flores, en el Cuartel Colorado.

Por último, es necesario señalar que al Licenciado Anacleto González Flores no se le ha concedido el puesto que merece, ni en la Historia de Jalisco, ni mucho menos en la de la Nación.

¿Hasta cuándo México recuperará su dignidad? El licenciado José Vasconcelos, Maestro de las juventudes de América, escribió en la Flama:

 

"Mientras los personajes de la Historia no sean colocados en el lugar que les corresponde, un pueblo no recupera su dignidad".

 

 

 

 



¡Qué bueno es el Señor!

 

Querien Vangal
julio / 2007

 

 

Vamos a hablar hoy de la bondad de Dios, y, sin embargo, empezamos con un hecho tremendo, sucedido hace ya muchos años, y que se puede leer en revistas misionales de aquel entonces, por el año 1950. No se creería si no estuviera atestiguado por testigos presenciales, en especial por el Padre Misionero holandés que fue testigo de mayor excepción. El hecho fue el siguiente.

No llovía en una vasta región de China, cundía el hambre, y las autoridades comunistas aprovecharon la ocasión para extender la propaganda del marxismo ateo. Se podía leer en los periódicos:

- Dejaos del Señor del Cielo. Es un mito. Nunca os ayudará porque no existe. Ayudaos vosotros mismos. En las entrañas de la tierra hay abundancia de agua. Abrid pozos, sacadla, regad vuestros sembrados, y ya veréis qué bien va eso. Pedidles a Stalin y a Mao Tse Tung, que canalicen las aguas.

Las autoridades llegan más lejos que los periódicos, y convocan una gran asamblea. En medio de la pradera colocan el simulacro de un gran gigante que representa a Dios, y obligan a la población a asistir al juicio contra el Señor.

- Ahí veis a vuestro Señor del Cielo. Veréis cómo para nada sirve. Ha llegado la hora de entablarle juicio.

Y se le fusila después de un criminal interrogatorio:

- ¿Por qué no haces llover? ¿Por qué no oyes a los que te invocan? ¿Qué haces con tu agua? Tirano, embustero, estrujapueblos... ¡Atención! ¡Apunten! ¡Fuego!...

La cabeza del gigante voló hecha trizas. Al cabo de media hora, mientras las gentes marchaban atemorizadas, se levanta del río Amarillo una nube negra... Comienzan a caer las primeras piedras... Cayeron hasta del tamaño de la cabeza de un hombre, con seis kilos de peso. Árboles y casas quedaron destrozados, y muchos animales y hombres muertos. Los periódicos silenciaron el hecho. Pero se supo fuera de China por las revistas misionales, contado todo por los Misioneros expulsados.

Ahora viene nuestra consideración.

- ¿Por qué este castigo tan horroroso? ¿Cómo pudo Dios, si es tan bueno, responder de esta manera?

Precisamente por eso: porque es tan bueno. Se blasfemó contra el corazón mismo de Dios: contra su bondad inagotable.

El que es todobondadoso se mostró esta vez todoterrible, para demostrarnos que Él es la bondad misma. Aquellas autoridades comunistas chinas atacaron a Dios, ciertamente, con un orgullo y una impiedad increíbles. Iban directamente a la negación de su existencia, con una soberbia endiablada. Pero, independiente de esa infernal intención, atacaron a Dios en uno de sus atributos más queridos, como es el de su bondad, equiparando blasfemamente al Dios de los creyentes con un Stalin y un Mao Tste Tung, dos de los criminales más imponentes que ha conocido la humanidad.

Agarremos la Biblia, y veremos confirmada en cada línea la afirmación del salmo:

- ¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!

Jesús, que es la imagen reveladora de Dios, pasó haciendo el bien, y todos le seguían de aquella manera porque a todos amaba y a todos otorgaba su favor: a los enfermos la salud, a los pecadores el perdón, a los jóvenes su estímulo, a los niños su caricia...

Los hombres grandes arrebatan nuestra admiración, pero el corazón se lo damos únicamente a los buenos. Y Jesús tuvo a gala mostrarse bueno, porque así reflejaba la bondad infinita de Dios y así robaba nuestros corazones para Dios.

Dios es fuente inagotable de todo bien. Por amor nos creó. Por amor nos salvó. Por amor nos dio su propio Hijo, como lo proclama el mismo Jesús:

- ¡Así amó Dios al mundo, que le dio su propio Hijo!

De lo cual sacará San Pablo la consecuencia más natural:

- El que a su propio Hijo entregó por nosotros, ¿cómo no nos va a dar generoso con él todas las demás cosas?...

Dios muestra cada día esa bondad dándonos con abundancia asombrosa todos sus bienes. Jesús toma el Sol como punto de comparación para explicarnos esta bondad de Dios.

El Sol da a todos los hombres, a los buenos y a los malos, sin distinción alguna, los rayos de su luz y de su calor. Y el Sol no nos pregunta a ver si le queremos o no le queremos. No nos dice después a ver si le estamos agradecidos o no. No nos exige que le rindamos cuentas de cómo hemos aprovechado o malgastado su beneficio. Nunca se cansa de derramar sobre nosotros toda la fuente de su energía.

Así, así es Dios. Como Dios no tiene encima de Sí a nadie de quien recibir algo, todo su afán es dar sus bienes y sus riquezas profusamente. Pone a nuestra disposición todas las criaturas, que las ha hecho para nosotros, y después ¡esto es lo máximo y lo incomprensible!― se da a Sí mismo metiéndose con toda su vida en nuestro corazón.

¿Es bueno, o no es bueno Dios?... ¿Le damos o no le damos la razón al salmo, cuando nos grita: Gustad y ved qué bueno es el Señor?...

Si los ateos niegan a Dios y quieren castigos, allá ellos. Rogamos por su salvación: ¡Que se les abran los ojos! Nosotros, no nos cansamos de repetir:

- ¡Realmente, Dios es bueno de verdad!....



¿Pornografía? No, gracias

Querien Vangal
julio / 2007

Fontanella es una población que dista a escasos 30 kilómetros de Bérgamo, en el norte de Italia. En marzo del 2004 el Consejo del Municipio prohibió "abrir ejercicios comerciales que traten la venta, alquiler y cesión de todo título de material pornográfico de cualquier tipo", y además que "las publicaciones de libre venta en los quioscos o videotecas no sean expuestas a la vista del público".

 

Es una buena noticia. Lástima que no corra como reguero de pólvora. No fue recogida por ningún noticiero televisivo nacional ni internacional y a duras penas recorre la bota italiana. Cayó silenciosa como un copo de nieve, pero su fuerza es imponente como una avalancha. Es una noticia que indica que la conciencia del hombre -mientras no llegue a pervertirse fatalmente- continúa iluminando "el bien que se debe hacer y el mal que se debe evitar".

 

El valiente Municipio de Fontanella hizo frente a la poderosa industria de la pornografía que factura millones de dólares anualmente. Cierto que es como si una hormiga quisiera poner el freno a un caballo en galope, pero Fontanella ha hecho su parte y sirve de ejemplo para todos los que deseen sumar sus fuerzas a la noble causa de defender la dignidad y belleza del cuerpo humano.

 

El ambiente en que nos movemos ha desenfocado la sexualidad humana y la presenta como un mero objeto de placer y no como una donación de toda la persona en un amor bello e íntegro. La era consumista sufre culpablemente el hambre de los placeres carnales porque ha venido privando el alma del hombre de los manjares del cielo.

 

Fontanella apunta la lanza contra la publicidad actual que no se ruboriza de presentar el desnudo como un atractivo comercial y contra el tráfico de material pornográfico. Intenta desenmascarar la malicia que está detrás de una pretendida "naturalidad" en el uso del cuerpo humano, reducido a mero objeto de placer carnal. Es un esfuerzo que corre por los mismos rieles de la enseñanza cristiana, que valoriza la dignidad de la sexualidad humana, como don de Dios, para dar esplendor al cuerpo y a los sentimientos, evitando reducirlos a una banalidad.

 

Hace relativamente pocos años, un trozo de material pornográfico era un escándalo. Pero golpe tras golpe, escena tras escena, portada tras portada, anuncio tras anuncio, se ha venido taladrando la resistencia del pudor y de la decencia, del mínimo respeto y de la dignidad humana. Y así parece que nadie se inquieta ya ante un cartelón provocador, clavado en un cruce de las arterias principales de las grandes ciudades. Hoy, sin pena alguna, corren los niños a los quioscos a comprar sus revistas de aventuras que el vendedor extrae entre un aparador de revistas pornográficas. La publicidad de la televisión y del Internet no tiene escrúpulos para ofrecer productos de una manera en ocasiones obscena. Y en toda esta marabunta uno se siente apenado por la manipulación que las empresas publicitarias hacen de la mujer, que por antonomasia es templo del pudor. Quizás que los movimientos feministas estén de acuerdo que no es necesario presentar un desnudo femenino en el anuncio de una botella de agua mineral, de un champú o de un automóvil. ¡Pobre mujer!, por una parte le ofrecen una constelación de objetos de belleza, de vestidos y joyas, y, por otra, ponen en entredicho su dignidad dejándola a merced de las miradas perversas.

 

La mente que está detrás de estas redes publicitarias juega conscientemente con las pasiones desordenadas del hombre y mete la espada en la dignidad de su cuerpo. No tiene en cuenta que el hombre y la mujer en su corporeidad han sido ennoblecidos por su condición de seres racionales y espirituales.

 

Hay quien se cubre con el paraguas roto de la excusa de que la pornografía es un acto privado, cuando se trata de lo contrario, pues justamente la pornografía ofende la vida privada e íntima de las personas estableciendo una relación innoble con los demás.

 

Los abuelos cuentan que antes había más decencia. Sin duda que sí. Pero hace cien o mil años como ahora y siempre, el hombre lleva dentro de sí un cúmulo de pasiones que necesitan la gracia de Dios y el trabajo personal para ser orientadas y sujetadas debidamente. La batalla contra la pornografía no se libra sólo en términos de leyes municipales. Es ante todo en el interior del corazón, en lo más hondo de cada persona, donde se toma conciencia de la propia dignidad de personas e hijos de Dios. Quien llega a este maravilloso descubrimiento, a esta estupenda realidad de saberse creado "a imagen y semejanza de Dios", llega a la gozosa experiencia de reconocer que es templo de Espíritu Santo: se mira a sí mismo y a los demás con un respeto sagrado.

 

Dice el catecismo de la Iglesia católica en el número 2354 que "la pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico".

 

Para el cristiano y para todo hombre de buena voluntad queda claro que la pornografía no puede ser aceptada impunemente. Uno a veces se admira de la falta de sentido común de algunos padres de familia que se llevan las manos a la cabeza por el embarazo de una hija adolescente o por las denuncias sobre el desenfreno moral de alguno de sus hijos, cuando resulta que no han tenido la suficiente firmeza en su educación y con demasiada ingenuidad los han dejado crecer con "naturalidad" en medio de un ambiente licencioso y permisivo. Les dejan un margen amplio para sus diversiones, les permiten vestir como les viene en gana, a la moda -qué mal visten tantos jóvenes en este inicio del milenio: pantalones a medio caer, bombachos, jeans rotos, vestidos terriblemente ajustados, camisetas no mayores que unos tirantes, etc.-

 

 Son adolescentes y jóvenes que se abren paso en la vida sin criterios maduros, carecen de un suficiente cultivo de las virtudes humanas como la voluntad, la conciencia, la responsabilidad, la reciedumbre, y de las virtudes espirituales y cristianas: la fe, la esperanza, el amor, la humildad, la pureza, etc. Si la matemática no falla, tarde o temprano estos chicos y chicas serán hijos problemáticos.

 

La otra cara de la medalla también se da afortunadamente. Cuántos adolescentes y jóvenes llenos de vitalidad, rebosantes de energía y generosidad, que aman con corazón limpio, que han comprendido que el amor es entrega. Éstos han recibido de su familia y educadores los principios de una vida humana y cristiana completa, sin recortes. El tiempo pasa y ellos maduran creciendo en la alegría de la virtud que conquistan con esfuerzo e ilusión.

 

La pornografía tiene su feudo donde el amor a Dios y su designio de amor sobre el hombre ha quedado en la trastienda, como una leyenda del pasado o un refugio piadoso para devotos. Las personas que alquilan sus cuerpos para esta empresa corren el riesgo de perder la sensibilidad de su alma. Uno a veces se pregunta: ¿no sucederá que el hijo o la hija de la modelo tal o del artista cual sienta vergüenza y pena por lo que su madre o padre hacen? ¿Qué sentimiento de rubor correrá por el corazón de un jovencito cuando vea la foto de su madre en la portada de una revista indecente que corre de mano en mano en un corro malicioso?

 

Las incoherencias son un diente más del engranaje. Un día un niño quería ver una película pero su madre le dijo que no podía porque "era para mayores de 18 años". La respuesta del niño fue la siguiente: "¿Entonces cuando tenga 18 años podré ver toda la pornografía que quiera?". Este niño sin darse cuenta estaba denunciando la incoherencia de una sociedad que pretende quitar la malicia colocando una catalogación de edad. ¿Los mayores de 18 años tienen mano libre para la pornografía? ¿Su edad quita la malicia de este hecho? ¿Dónde se dice que el pecado pueda ser aceptado con la mayoría de la edad?

 

Fontanella ha levantado su voz, aunque se queda sólo en una prohibición externa. Aún es incompleta, pero laudable. Queda abierto el horizonte de formar niños, jóvenes y adultos de mirada y corazón limpios, de nobles sentimientos, de fe y de amor sobrenaturales que reconozcan la dignidad que Dios nos ha concedido como hijos adoptivos. Esta labor se levanta en el interior de cada persona. La pornografía termina donde un corazón humano es limpio. La oración y la profundidad humana son medios para contemplar, valorar y defender la belleza del hombre y de la mujer que han sido creados "a imagen y semejanza de Dios".

 

Cuando Cristo afirmó que el cuerpo es templo del Espíritu Santo nos enseñaba que los templos son bellos y sagrados y que se deben conservar siempre dignos de Aquél que su dulce Huésped y Señor.

 



Perspectiva femenina y masculina del sexo...

 

Querien Vangal
julio / 2007

 

El punto de partida es que existen dos realidades emocionales: La de él y la de ella.  Las raíces de estas diferencias emocionales, aunque pueden ser en parte biológicas también, pueden remontarse a la infancia y a los mundos emocionales separados en los que viven niños y niñas mientras crecen.

Existen muchas investigaciones sobre estos mundos separados en que las barreras están reforzadas, no solo por los juegos diferentes que prefiere cada uno, sino por el temor de las criaturas a ser ridiculizadas por tener "novio" o "novia".

Un estudio sobre las amistades de los niños reveló que las criaturas de tres años dicen que aproximadamente la mitad de sus amigos son del sexo opuesto; en los de cinco años es aproximadamente el 20% y a los siete años, casi ningún niño o niña dice que su mejor amigo es del sexo opuesto.

Estos universos sociales separados se cruzan escasamente hasta que los adolescentes empiezan a salir.

Entre tanto a los niños y a las niñas se les enseñan lecciones muy distintas acerca de cómo manejar las emociones.

En general los padres hablan de estas (con la única excepción de la ira) más con las niñas que con los niños.

Las niñas están más expuestas que los niños a la información sobre las emociones: cuando los padres inventan historias para contarles a sus hijos en edad preescolar, utilizan más palabras que expresan emociones cuando hablan con sus hijas que cuando lo hacen con sus hijos.

Cuando las madres juegan con los pequeños, muestran una gama de emociones más amplia con las niñas que con los niños; cuando hablan con las hijas de sentimientos, discuten más detalladamente el estado emocional mismo que cuando lo hacen con los hijos, aunque con estos entran en más detalles acerca de las causas y las consecuencias de emociones como la ira (probablemente como moraleja).

La investigación sobre las diferencias en las emociones de uno y otro sexo, proponen que debido a que las niñas desarrollan la facilidad con respecto al lenguaje más rápidamente que los chicos, son más expertas en expresar sus sentimientos y más hábiles que los varones para usar palabras que exploran y sustituyen reacciones emocionales tales como peleas físicas; en contraste, señalan, " los niños, para los que la verbalización de los afectos queda menos enfatizada, pueden ser absolutamente inconscientes de los estados emocionales, tanto de los propios como los de los demás".

A los diez años aproximadamente el mismo porcentaje de niños que de niñas es abiertamente agresivo, dado a la confrontación directa cuando están furiosos. Pero a los trece surge una reveladora diferencia entre ambos sexos: las niñas se vuelven más expertas que los varones en ingeniosas tácticas agresivas como el ostracismo, el chismorreo malévolo y las venganzas indirectas.

En general, los varones sencillamente siguen siendo discutidores cuando están furiosos y pasan por alto estas estrategias más ocultas.

Esta es sólo una de las muchas formas en que los adolescentes - y más tarde los hombres- son menos expertos que el sexo opuesto en los vericuetos de la vida emocional.

Cuando las niñas juegan juntas lo hacen en grupos pequeños e íntimos, poniendo el acento en minimizar la hostilidad y potenciar al máximo la cooperación, mientras los juegos de los varones se desarrollan en grupos más grandes y ponen el acento en la competición.

Una diferencia clave es la que surge cuando los juegos que desarrollan niños o niñas quedan interrumpidos porque alguien se lastima. Si un varón que se ha lastimado se siente mal, se espera que salga de en medio y deje de llorar para que el juego pueda continuar.

Si ocurre lo mismo en un grupo de niñas, el juego se interrumpe mientras todas se reúnen para ayudar a la niña que llora.

Esta diferencia entre niñas y niños representa la diferencia clave entre los sexos: los varones se enorgullecen de su autonomía y su independencia inflexible, mientras las niñas se consideran parte de una red de relaciones.

Así los varones se ven amenazados por cualquier cosa que pueda desafiar su independencia, mientras las niñas sienten lo mismo cuando se produce una ruptura en sus relaciones.

Y estas perspectivas diferentes significan que hombres y mujeres desean y esperan cosas muy distintas de una conversación: los hombres se contentan con hablar de "cosas" mientras las mujeres buscan la conexión emocional.

En resumen, estos contrastes en el aprendizaje de las emociones favorecen habilidades muy distintas: las chicas se vuelven "expertas en interpretar las señales emocionales verbales y no verbales y en expresar y comunicar sus sentimientos", y los chicos en "minimizar las emociones que tienen que ver con la vulnerabilidad, la culpabilidad, el temor y el daño".

En la literatura científica aparecen varias pruebas de estas posturas diferentes. Centenares de estudios han descubierto, por ejemplo, que como promedio las mujeres muestran más empatía que los hombres, al menos como queda establecido por la capacidad de interpretar a partir de la expresión facial, el tono de voz y otros indicios no verbales, los sentimientos no expresados de alguien.

Del mismo modo, suele ser más fácil interpretar los sentimientos, observando el rostro de una mujer que el de un hombre; aunque no existe diferencia en la expresión facial entre los niños y las niñas más pequeños, a medida que avanzan en la escuela primaria los varones se vuelven menos expresivos que las niñas.

Esto puede reflejar en parte otra diferencia clave: como promedio, las mujeres expresan toda la gama de emociones con mayor intensidad y más inconstancia que los hombres; en este sentido, las mujeres son más emocionales "que los hombres".

Todo esto significa que, en general, las mujeres llegan al matrimonio preparadas para jugar el papel de administradora emocional, mientras los hombres llegan con mucha menos apreciación de la importancia de esta tarea para ayudar a que la relación sobreviva.

En efecto, el elemento más importante para las mujeres – pero no para los hombres- en la satisfacción de su relación mencionada en un estudio de 264 parejas, fue la noción de que la pareja tiene "buena comunicación".

"Para las esposas, la intimidad significa hablar de las cosas profundamente, sobre todo hablar de la relación misma.

Los hombres en general. No comprenden lo que las esposas quieren de ellos. Ellos dicen: "yo quiero hacer cosas con ella y lo único que quiere ella es hablar".

Durante el noviazgo, descubrieron, los hombres estaban mucho más dispuestos a hablar de formas adecuadas al deseo de intimidad de sus futuras esposas. Pero una vez casados, a medida que pasa el tiempo, los hombres – sobre todo en las parejas más tradicionales- pasaban cada vez menos tiempo hablando de esta forma con sus esposas y encontraban la intimidad sencillamente en cosas como dedicarse juntos al jardín en lugar de hablar.

Este creciente silencio por parte de los esposos puede deberse en parte al hecho de que, en todo caso, los hombres son eternos optimistas con respecto a la situación de su matrimonio, mientras sus esposas son más sensibles a los problemas; en un estudio llevado a cabo con matrimonios, los hombres mostraban una visión más optimista que sus esposas acerca de los distintos aspectos de la relación: el acto amoroso, las finanzas, los vínculos con la familia política, la forma en que se escuchan mutuamente, cuántos de sus defectos tienen importancia.

Las esposas por lo general, son más ruidosas que los esposos con respecto a sus quejas, sobre todo entre parejas desdichadas.

Combinemos la visión optimista de los hombres con respecto al matrimonio con su aversión a las confrontaciones emocionales, y es evidente por qué las esposas se quejan tan a menudo de que sus maridos intentan esquivar la discusión de los temas conflictivos de la relación.

Desde luego, esto es una generalización y no es real en todos los casos: un amigo psiquiatra se quejaba de que su esposa es reacia a discutir los problemas emocionales que existen entre ellos y es él quién debe plantearlos.

La lentitud de los hombres para plantear los problemas de la relación, se combina sin duda con su relativa falta de habilidad cuando se trata de interpretar la expresión facial de las emociones. Las mujeres, por ejemplo, son más sensibles a una expresión de tristeza del hombre que ellos para detectar la tristeza de una mujer.

Así, la mujer tiene que estar muy triste para que un hombre note sus sentimientos de inmediato, sin mencionar que plantee la pregunta de cuál es el motivo de su tristeza.

Consideremos las implicaciones de esta brecha emocional entre ambos sexos, con respecto a la forma en que las parejas se enfrentan a las quejas y desacuerdos que cualquier relación íntima inevitablemente provoca.

De hecho, temas específicos tales como con cuanta frecuencia hacer el amor, como disciplinar a los hijos o cuantas deudas y ahorros resultan aceptables, no son los que unen o rompen matrimonios.

En todo caso, es la forma en que una pareja discute esos temas críticos, lo más importante para el destino del matrimonio.

El simple hecho de haber alcanzado un acuerdo acerca de cómo discrepar es clave para la supervivencia marital; hombres y mujeres tienen que superar las diferencias innatas de sexo para abordar las emociones más fuertes. Si no lo logran las parejas son vulnerables a la escisión emocional que finalmente puede quebrar su relación.

 

 



Pasión y muerte por amor

 

Querien Vangal
julio / 2008

 

Con inusitada frecuencia desfilan hoy día por las pantallas de televisión episodios de dolor, de violencia y de muerte realmente aterradores. ¡Bienvenida sería, también en esto, una discreta censura!

 

Nunca podré olvidar las escenas que transmitieron en un noticiero de Galavisión hace algunos años. Aquel día los telespectadores presenciamos cómo, en un poblado de la República Mexicana, apresaban, ataban a un árbol, rociaban de combustible y quemaban vivo a un homicida. Creo que no fue suficiente la advertencia de la presentadora para preparar el ánimo y la sensibilidad ante semejante barbaridad.

 

Así mismo, quedarán para siempre impresas en la memoria de los que lo vieron, las imágenes de la aplicación de la pena de muerte a una mujer en la cámara de gas, televisada al mundo entero, desde los Estados Unidos, no hace mucho tiempo.

 

Lo más sobrecogedor y terrible, al estar viendo aquello, era saber que no había ningún truco ni montaje. No era cine o película. Era pura y cruda realidad. Y ante ella, cualquier sensibilidad mínimamente despierta, se ve presa de una tremenda sacudida y conmoción.

 

Al reflexionar en todo esto me ha asaltado el recuerdo otra ejecución. La más importante y trascendente de la historia.

 

Ocurrió hace ya bastantes siglos, por lo que no disponemos de ninguna filmación. Pero el carecer del video no importa tanto; sabemos que fue tan real como la que más.

 

Tenemos a mano los documentos donde está recogida la historia de los últimos instantes de ese hombre-Dios ajusticiado en una cruz junto a dos malhechores, en el monte Calvario, a las afueras de Jerusalén.

 

¡Qué bien nos vendría a todos repasar de vez en cuando esas páginas del Evangelio cargadas de dramático realismo! Y hacerlo no con ojos miopes, corazón tibio o mente superficial; sino abriéndonos a ese misterio con toda nuestra capacidad humana de asombro, de admiración, de sobrecogimiento, de gratitud.

 

Mucho me temo que algunos de nosotros ya hemos sedado nuestra sensibilidad ante la pasión y muerte de Cristo. ¡Qué lástima que veinte siglos hayan erosionado y desfigurado tanto la imagen de ese cuerpo crucificado!

 

¡Qué pena que ya no nos conmueva y estremezca! A fuerza de verlo en tantas partes, nos hemos acostumbrado a pasear delante de él con apatía e indiferencia. Ya no nos lacera ese rostro abofeteado y cubierto de salivazos, esa frente bañada en sangre y ceñida de espinas, ese torso sembrado de llagas y hematomas, esas manos y esos pies perforados por los clavos.

 

Todo eso, junto a otros insondables sufrimientos espirituales y morales, lo padeció Cristo, siendo inocente. Él no había cometido maldad alguna y no hubo nunca en su boca mentira. Él pasó por el mundo haciendo el bien. Y fue apresado como un delincuente, escarnecido como un demente, ajusticiado como un criminal.

 

Como cordero al degüello era llevado... y tampoco él abrió la boca. ¿Por qué? ¿Por qué ese modo de comportarse tan escandalosamente impropio de alguien que es Hijo de Dios? ¿Por qué su pasión? ¿Por qué su muerte? Y, ¿por qué en la cruz?

 

La respuesta, en el fondo, es una sola. Porque amaba inmensamente al Padre. Porque amaba locamente a los hombres. Porque amaba y ama a cada uno de nosotros; y con un amor llevado hasta el extremo, hasta dar su vida colgado de un madero.

 

¿Quién no se conmociona al descubrir detrás de ese crucificado el amor infinito y personal de todo un Dios hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación?

 

Dejemos que la contemplación del amor de Cristo, manifestado en su pasión y muerte, toque nuestro corazón y haga brotar en él la decisión de corresponder con un amor al menos semejante.



Muchas gracias Dios mío

 

Querien Vangal
julio / 2007

 

¡Gracias! Hace poco leí un artículo que empezaba con esas palabras. ¡Gracias! ¡Qué hermosa palabra! Un autor decía que es como una flor exótica en medio de la montaña de la vida. Es verdad, es muy difícil decir ¡gracias!, pero ¿Cómo no hacerlo con alguien que nos ha hecho tanto bien? Más de alguna vez he escuchado a personas decir que Dios no los ama, ya sea porque el sufrimiento no los ha abandonado, ya sea porque la fortuna nunca ha tocado a su puerta. Es una dura afirmación y, a la vez, triste.

 

Sin embargo, creo que Dios no ha dejado nunca de amarnos, Dios nos sigue amando cada día, a cada paso, a cada instante. Me apena que los hombres no descubramos ese amor bendito que no se esconde y que nos acaricia siempre.

 

Dios me ama cada mañana cuando me levanto y me doy cuenta de que estoy vivo, cuando me dirijo a la calle y puedo salir con mis propias piernas y moverme de un lado para otro ¿Cuántos hombres desearían dar por lo menos una de mis zancadas o golpear una vez un balón de fútbol? Dios me ama cuando, día a día, me permite mover estos brazos con los que estrecho a un ser querido o saludo a un compañero. Me ama cada día cuando escucho la voz de un niño o cuando veo una sonrisa o las lágrimas en su rostro. Y qué decir cuando sé que tengo unos padres que me quieren y unos amigos que jamás me traicionarían. Y aún más, cuando me acerco a la mesa y observo que jamás me ha faltado un plato y un poco de alimento. Dios me ama, me ama a cada día, a cada paso, a cada instante. Basta dejar de ser miope y descubrir a Dios en la trastienda de la vida para contemplar el milagro inaudito de su protección.

 

Pero si es maravilloso sentirse amado por Dios y experimentarlo a cada momento, lo es más el saberse particularmente amado. Dios me ama personalmente. Y sé que es así porque nadie más ha recibido mi vida, porque nadie más que yo ha salido a la calle con mis piernas, porque cada vez que abrazo a alguien son mis brazos y es mi corazón el que se alegra. Mis ojos son los que no se cansan de ver una amanecer. Los regalos de Dios no se dan en promoción y en grandes cantidades. Cada tonelada de amor de Dios es para mí solo. Él no ama multitudinariamente sino a domicilio.

 

No obstante nos empeñamos en sacarle la vuelta. Y cuando perdemos alguno de esos regalos (porque son eso, regalos), entonces volvemos la cara e incluso nos sentimos menos amados, a pesar de que Dios también ama con el dolor. No es Dios el que nos vuelve la cara somos nosotros, que la tenemos tan pegada a la tierra, que no nos damos cuenta de todo su amor. Somos nosotros los verdaderos culpables de la miopía de la sociedad, porque no alcanzamos a ver más allá de nuestros gustos y de nuestras vanidades. No valoramos lo que tenemos, nos limitamos a poseerlo, pero no a gozarlo y a agradecerlo.

 

Los hombres fuera de la memoria y de la misericordia divina no existen. Dios sigue amando con toda su omnipotencia y a cada uno. No somos unos extraños para Él. Por eso, regresa a la primera línea, vuelve a leerla, repite esa primera palabra y deja que esa flor exótica de la montaña se convierta en la flor más abundante del jardín de tu vida. ¡Gracias! porque Dios no deja de amarnos cada día, a cada paso, a cada instante.



¿Miedo a los hijos?

 

 Querien Vangal
julio / 2007

 

En los últimos tiempos, algo que se habla y mucho, es en referencia al tema de la vida, o de una nueva vida, con intentos de "educar sexualmente", donde sólo se intenta "enseñar" a como disfrutar del "sexo" sin riesgos, y cuando me refiero a "riesgos" no sólo en el caso de enfermedades, sino que en no pocos momentos se habla de "prevención de embarazos", como si fuera una "enfermedad", y ni que decir sobre las infinitas teorías que quieren justificar el "aborto", sean por los motivos que sean.

Mi reflexión parte de preguntarme si con todas estas "justificaciones", campañas educativas, etc., lo que se busca es una manera de dar rienda suelta al placer, por el placer mismo, y entonces como "todo vale", tratemos de buscar la manera de "prevenirnos", o en el fondo hay como un "miedo a los hijos".

Quizás las razones de fondo de todo esto, debamos buscarla a partir de los conceptos de "egoísmo y generosidad". Hay quienes sólo les interesa "vivir su vida", conquistar su propia felicidad, cerrados y centrados en sí mismos, y hay quienes entienden que la verdadera felicidad está en "darse" y "abrirse" a los demás, y en esto está en primer lugar la familia, y sobre todo aquella que cada uno puede formar a partir de la capacidad que Dios le ha dado de ser colaboradores en la obra de la creación.

El "dar vida" es un acto de la más profunda y sublime generosidad, claro que ello no es sólo parte de un momento, sino que es un compromiso para toda la vida, siendo que un hijo que llega al mundo es un ser que necesitará mucho que lo cuiden, ayuden a crecer, protejan, acompañen. Y esto, claro, para quien prefiere el "egoísmo" de pensar en sí mismo, no deja de ser una "molestia".

El principio de "dar vida" es algo que está en la naturaleza humana, no es algo que parte de una concepción religiosa, como muchos pretender hacer creer, sino que es algo propio del ser humano; y la prueba de todo esto es que por más campañas que se hagan, no logran impedir que haya quienes deseen tener hijos, quienes encuentren su plena felicidad en "dar vida", y comprendan que el acto de amor se hace más pleno y profundo cuando se abre a la vida, y no piensan que con "miedo" en el hijo, como si fuera alguien que viene a "entrometerse" y pasar a ser el enemigo de la felicidad de las personas.

Por todo eso va mi pregunta inicial: ¿miedo a los hijos? Me cuesta creerlo, aunque hay muchas situaciones que perecen responder afirmativamente a esta pregunta, aunque sin embargo si nos ponemos a pensar que lo peor para el ser humano es el "egoísmo", vamos a comprender que no es "al hijo" a quien se debe temer, sino a esa enfermedad que puede hacer que el corazón del hombre se cierre en sí mismo y no le permita encontrar la plena felicidad, que es aquella que se alcanza cuando logramos abrirnos a los demás.