martes, 6 de julio de 2010

Dioses de nuestro tiempo

 

Querien Vangal

Septiembre / 2007

 

 

Estos dioses -que son múltiples como Dios es uno- cambian frecuentemente de cara y de lenguaje, se procrean e inventan nuevos engaños. Son máscaras de satanás, quien tiene la propiedad de mimetizarse y transformase como la mentira, ya que no está sujeto al "si, sí, no, no" de la verdad, que es una sola uy no se disfraza.


I. EL DIOS PROGRESO

 

Por ello los laicos, con su competencia en los asuntos profanos y con su actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminación de su verbo, sean promovidos, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil, para utilidad de todos los hombres sin excepción (Lumen Gentium, 36)

 

Su credo es éste: "Caminamos en un progreso indefinido que no se detendrá. Ha habido guerras, genocidios y tragedias espantosas. Pero estamos progresando. Todo lo que es progreso es bueno, aunque esto suponga sacrificar el presente en aras de un futuro incierto. El progreso debe ser adorado.

 

Sin embargo, los remozones producidos por Hiroshima, Chernobil, la guerra química, el auge del ecologismo, la situación de miseria o de injusticia a que están sometidas grandes masas de población, la violencia siempre constante en algún lugar del mundo...han sacudido fuertemente las columnas del Progreso, llevando a veces desconfianza al mismo Progreso y sus promesas, y poniendo en disputa sus mismas bases filosóficas. ¿Y los pueblos enteros que sufren hambre y miseria por causa de la guerra, la corrupción, el colonialismo, la usura internacional? ¿Y los que no tienen acceso a la cultura, al confort, a la tecnología? Pueblos enteros sometidos a la esclavitud económica, social, política, psicológica...manipulados por los ideólogos, por los tecnócratas, por la usura internacional.

 

Por tanto, criticamos a este ídolo lo siguiente:

 

1. Los avances que lanza este progreso no siempre están de acuerdo con la ética y la moral, quedan desvinculados de ella. A este ídolo le interesa la ganancia, que llega a ser la prueba contundente de su bondad y acierto. Hace de esa ganancia ley, llegando, así, lo legal (derecho positivo) a ser lo justo (derecho natural). Una vez más, no sabe o no quiere distinguir entre derecho natural y derecho positivo. Se preocupa de la efectividad, no de la moralidad. Detrás de esta posición se esconde el influjo de Kant (1724-1804) que decía: el mérito proviene del deber y no del bien. Y este deber deriva de la decisión común a todos los hombres. Y si la decisión común dice que hay que esterilizar, estimular los experimentos in vitro que nos darán un día humanoides fríos (terrorismo de laboratorio enguantado y silencioso), criados sin necesidad de madres, emplear la anticoncepción y el aborto para detener el crecimiento demográfico (que crece de modo geométrico, mientras que los alimentos crecen aritméticamente -a decir de Malthus-), legalizar la eutanasia...entonces es bueno eso. Pero aquí el bien no nace de la verdad y la verdad no surge de la realidad. El bien para este dios depende del futuro, del proyecto del futuro, a donde él nos conduce.

 

2. Este progreso tiene poder para romper toda barrera; le da a la técnica y a la experimentación un cheque en blanco para someter incluso la intimidad del hombre. El dios Progreso llama progreso a toda costumbre nueva, por más desvergonzada que sea. Por eso, los países musulmanes desprecian tanto a Occidente.

 

3. La disidencia para este dios es un pecado gravísimo. En la URSS significaba la muerte o la cárcel. En Occidente significa la muerte civil, se excluye al sujeto de la sociedad, no se lo deja hablar ni se le oye, se le juzga sin ecuanimidad, y se le condena no por lo que hace, sino por lo que piensa y por lo que él mismo es. Si es un político, se le cierran todos los medios de comunicación. Si es un docente, se le persigue por no estar al día en las novedades pedagógicas. Si es un dirigente social, se lo condena por ser moralista y no ser práctico. Si es un promotor de la fe, se lo margina por estar fuera de tiempo.

 

4. Ese dios no ha podido quebrar esa búsqueda de sobrenaturalidad insaciable del alma humana. Dios está de moda siempre. Pero este dios progreso intenta confundir a la gente, proporcionándoles dioses en lugar de Dios, religiosidades en lugar de religión, sectas en lugar de Iglesias, opiniones en lugar de fe, mundalismo en lugar de unidad, consuelos en lugar de justicia y auténtica paz; fantasmas y reencarnaciones en lugar de Cristo, encarnado en el seno de María. Anécdota de la muerte de Malenkov, aquel jerarca soviético de la posguerra. Lo estaban velando, en presencia de altos jerarcas que venían a brindarle su homenaje. En ese momento, delante de todos, para despedirse, se acercó la viuda al féretro, le dio un beso e hizo sobre él la señal de la cruz, porque Malenkov en el último tiempo de su vida había pedido el bautismo.


II. EL DIOS LIBERTAD

 

Cada hombre, dice este dios, tiene una libertad absoluta. De esa libertad brotan los valores. Todo lo que vaya contra esa libertad es antisagrado (moral, religión católica con sus dogmas y mandamientos). No hay pecado. No hay límites. La libertad salva, rige y condena.

 

Digamos nosotros:

 

1. Hay influjo de la revolución francesa, inspirada a su vez en Rousseau, para quien "el hombre nació bueno, sin pecado original" (Contrato Social). Influjo también de Nietzche, padre del nacional-socialismo como del bolcheviquismo, cuyo mayor terrorismo fue decretar que "Dios está muerto" y, como lógica contrapartida, decretar la "inocencia dionisíaca de los hombres". Es como decir: Dios es el culpable y lo hemos guillotinado; y el hombre es inocente y lo adoramos.

 

2. En nombre de este dios se asesinaron durante la revolución francesa a 250.000 de una población de 600.000 personas, 778 parroquias. En España durante la guerra civil, se destruyeron 20.000 iglesias, incineración de tesoros de arte religioso, el asesinato del 80 por ciento de los sacerdotes; esto en la zona nacional. En la zona roja, 11 obispos y más de 10.000 sacerdotes. A esto se añade: la profanación de imágenes sagradas que luego sirvieron de blancos para práctica de tiro; los vasos sagrados como orinales.

 

3. Este dios ha dado a luz al terrorismo de Sendero luminoso en Perú, el de Hitler, el de Stalin, todos surgidos de la misma raíz iluminista. Otros: asesinatos en la plaza de Tianonmen en China Popular; la entrada de marines en Panamá y la demolición de barrios indefensos hostiles a los invasores; el bombardeo selectivo y discriminado de templos (mezquitas e iglesias católicas) y hospitales en Irak, durante la guerra del golfo. En Bosnia-Herzegovina, los serbios llevan más de 40.000 mujeres violadas, monjas incluidas.

 

4. Como es una libertad sin Dios, que se endiosa, y está destinada a esclavizar y no a liberar.

 

5. La libertad es un desafío y una responsabilidad. Es un fruto que se consigue ganando las batallas interiores del dominio propio y entregando las propias energías no a fines egoístas, sino a objetivos superiores y generosos.

III. EL DIOS CIENCIA

 

"La organización técnico-científica de ciertos países está engendrando una visión cientista del hombre cuya vocación es la conquista del universo. En esta visión, sólo se reconoce como verdad lo que la ciencia puede demostrar; el mismo hombre se reduce a su definición científica. En nombre de la ciencia todo se justifica, incluso lo que constituye una afrenta a la dignidad humana. Al mismo tiempo se someten las comunidades nacionales a decisiones de un nuevo poder, la tecnocracia. Una especie de ingeniería social puede controlar los espacios de libertad de individuos e instituciones, con el riesgo de reducirlos a meros elementos de cálculo" (Puebla, 315).

 

"Es cierto que el progreso actual de las ciencias y de la técnica, las cuales, debido a su método no pueden penetrar hasta las íntimas esencias de las cosas, puede favorecer cierto fenomenismo y agnosticismo cuando el método de investigación usado por estas disciplinas se considera sin razón como la regla suprema para hallar toda la verdad. Es más, hay el peligro de que el hombre, confiado con exceso en los inventos actuales, crea que se baste a sí mismo y deje de buscar ya cosas más altas. (Gaudium et spes, 57)


Su credo: sólo la ciencia nos puede dar certezas, está por encima del bien común, de la ética, de la persona. Todo lo que no es ciencia es sentimiento, subjetivismo, espiritualismo.

 

A la diosa ciencia le corresponde un altar; el bien del hombre, su conciencia, su conducta, su integridad moral están por debajo de ella.

 

Esto es lo que expresó Roosevelt en 1912: "Creo que la asimilación de los países latinoamericanos será larga y difícil mientras esos países sigan siendo católicos". En la misma línea Rockefeller, en 1969, recomendó en Roma que sustituyera a los católicos de Latinoamérica por otros cristianos, recomendación que está en marcha con ingentes recursos de todo orden. Tendencia asociada con el control de natalidad y con la política monetarista del FMI.

 

Digamos:

 

1. Hay influjo de Comte y de Kant que decían había una separación absoluta e irreductible entre los sentimientos y los hechos. A los primeros -dicen- corresponde el mundo subjetivo; a los segundos, el objetivo, experimentable, científico. Si fuera verdad esto, tendríamos que eliminar el misterio que todo hombre lleva consigo.

 

2. Hay un reduccionismo científico. Nuestro conocimiento verdadero se entiende que es conocimiento de lo experimentable o de lo medible. Se niega a la inteligencia la capacidad de ponerse en contacto con lo que no está sujeto a ella ni es medible; se la reduce a la capacidad de conocer lo cuantitativo.

 

3. Hay un reduccionismo del hombre, de sus capacidades espirituales, su razonalidad

 

4. Hay que decir también que la fe no está contra la razón ni contra la ciencia. Por tanto, la ciencia se convierte en ídolo y en su soberbia quiere llenarlo todo cuando abandona su misión de instrumento y pretende dictar leyes al mismo Dios. Es el momento en que cae de su pedestal y se rompe.

IV. EL DIOS HOMBRE

 

"La religión del Dios que se hace hombre se ha encontrado con la religión del hombre que se hace Dios". (Pablo VI)

 

Su credo: el hombre es inmanentista, total y completo en sí mismo, nada sobre él. Es la medida de todas las cosas. Su placer, su tener, su yo, marcan su ley. Es él el principio supremo de la ley. Dios es válido en la medida en que le sirve.

 

Decimos:

 

1. Aquí el hombre ha perdido su condición de creatura. Estamos retornando a Feuerbach (1804-1872).

 

2. Aquí Dios viene suprimido, su gracia. El hombre consigue todo con sus fuerzas, incluso en cosas del espíritu. De ahí, el yoga, el control mental y la meditación trascendental para conseguir la experiencia mística. Ya no es Dios que llega y atrapa, sino el esfuerzo humano que quiere conseguir todo, incluso llegar a Dios.

 

3. Aquí el hombre dice a Cristo que baje de la cruz, que no necesita del sufrimiento. Predican una religiosidad de consumo, superficial y demagógica. Predican que vendrá una nueva era, la del Acuario, hacia el 2140, donde un maestro, la reencarnación de Cristo, enseñará a los hombres a salvarse por sí mismos.

V. EL DIOS UTILIDAD

 

Ley: lo útil es lo bueno. La eficiencia como tarjeta principal de presentación. El hombre como material humano, medido por el rendimiento (marxismo, capitalismo liberal). Utilitarismo y pragmatismo.

 

Juzgamos:

1. Nada de sentido heroico de la vida. Nada que no sea para conseguir algo práctico. Nada de poesía, de arte, de contemplación y de oración. Cualquiera de estas cosas, sí, si me traen beneficio. Si por la contemplación me voy a curar de mi estrés, ¡bienvenida!

2. Por el utilitarismo actual, y bajo el amparo del dios ciencia, hemos llegado a una civilización de la muerte.

3. Ha exaltado el hedonismo, el uso de droga para codearnos con el infinito.

4. En nombre de este dios se sacrifican muchas aberraciones: se justifica la esterilización de enfermos mentales, como lo hizo el Parlamento europeo, o el suicidio voluntario, o por decisión de la familia, de los enfermos, como en Holanda.

5. Este ídolo es barato y chato. Sólo sociedades decadentes, que han perdido sus aspiraciones, están en condiciones de aceptarlo para regir sus vidas. Pero el hombre es un ser llamado a las más empinadas alturas y, por eso mismo, está también propenso a caer en los más profundos abismos.


VI. ALGUNOS SUBDIOSES

 

1. Democracia liberal: es un engaño de democracia. El pueblo vota y se le acaban sus atribuciones. Es un cero a la izquierda. Se anula el poder de las sociedades intermedias, que son las encargadas de tejer la red de relaciones sociales que hace fuerte a una nación; se acusa a las sociedades intermedias, o a los centros de fuerza de ser "corporaciones", que por su naturaleza producen tiranía, gobiernos derechistas, autoritarismo. Sociedades que son: Iglesia, sindicatos, universidades, fuerzas armadas, municipios, federaciones de comercio, agrarias o de industria, sociedades de beneficencia, clubes.

2. Paz: paz como no-guerra o no-conflicto. No como fruto de la justicia.

3. Vida: en forma de hedonismo. Vivir y gozar de la vida: sexo libre, droga, usura... ¿Qué decir de los mártires que sacrificaron sus vidas por causas superiores, o la consumen a diario por los demás? La vida no es lo supremo. Hay cosas superiores. Hay otra vida. Sin un sano desprecio por la vida nos convertimos en poco menos que gusanos. Una vida digna es la vida que se pone al servicio de lo que está por encima de la vida. La vida mejor vivida es la que aparentemente se pierde. No hay mayor gloria que darla por aquello que la trasciende.

4. Moda: es de los ídolos más estúpidos. Pero por su apariencia alegre e inofensiva es quizá el que tiene más seguidores. Es fanático y dogmático. Quien no hace caso a la moda es marginado de la sociedad. Es ídolo irracional e impuesto, pero funciona. Está relacionado con el dios Progreso. Detrás de este ídolo se esconde la concepción evolucionista, relativista e historicista de la vida. Niega la verdad objetiva, la estabilidad de la naturaleza, los principios inconmovibles de la moral. Incluso niega que la naturaleza humana sea algo terminado y proclama que es dependiente de las transformaciones sociales (por eso muchas veces está en manos de gente sexualmente promiscua, ambigua o cambiante). Niega la capacidad del hombre a definir, porque definir es la negación de la evolución y del progreso. Niega la capacidad del hombre a conocer las esencias, pues una cosa que ayer era hoy ya no es. Por eso los hombres debemos quedar libres incluso de la propia naturaleza humana, de la moral, de los principios, y adaptarnos a los cambios, aceptarlos y asumirlos porque no hay otra alternativa. La Moda se establece sobre la base de un anonimato. Se sigue una fuerza ciega, pero omnipotente. Satánica destrucción de las cosas, de la creación misma, de Dios.

5. Amor: es un idolillo del dios libertad absoluta. Total culto al cuerpo, predicado desde el púlpito de Hollywood. Amor de sentimiento, a primera vista. Amor que permite la infidelidad, el divorcio: "Ya no siento nada por el otro, no debo fingir...por tanto, debo separarme". Ya no es darse, sino sentir y gozar y abusar del otro. Amor pasajero, pues los sentimientos son pasajeros. Amor como sexopatía. Es un amor pordiosero que se contenta con migajas, que nunca está seguro, que no sabe a donde va, que sufre mucho y trata constantemente de acallar ese gemido interior con nuevas experiencias, que traen un analgésico cada vez más pasajero, y que aumenta la desesperanza. Digamos que el hombre ha sido hecho para amar. No meramente para sentir amor. Hecho para el matrimonio, para la familia, los hijos, la estabilidad, la vejez serena y confiada. No para aventuras, para el infinito y estúpido coqueteo, para la inseguridad y la inmadurez constante.

 

Conclusión:

 

Hoy nos conducimos como paganos, adorando ídolos (Is 30, 1-5). Idolos que son máscaras del mismo satanás. Estos ídolos han sido llamados también como modernismo, secularismo, humanismo ateo. Con estos ídolos no podemos construir la ciudad de Dios, la civilización del amor. Se nos exige una verdadera cruzada.



¡Dios mío y todas mis cosas!

 

Querien Vangal

Septiembre / 2007

 

 

Francisco de Asís, uno de los Santos más queridos de la Iglesia, tenía este lema, que se repetía siempre:

 

¡Dios mío y todas mis cosas!

 

Con ello venía a confesar que lo único que le interesaba en la vida, lo único en que valía la pena pensar, lo único por que se podía aspirar es Dios y nada más que Dios. En Dios tenía toda su riqueza, y fuera de Dios no le decían nada todas las criaturas de este mundo, que, en tanto valen, en cuanto nos llevan a Dios.

 

Este mensaje de Francisco es perenne, para todos los lugares y todos los tiempos, para los pueblos igual que para cada persona en particular.

 

En nuestros días debe ser más actual que nunca, porque aún están coleteando en el mundo las consecuencias del ateísmo militante, y, además, se nos echa encima un nuevo paganismo.

 

Hoy contamos ciertas cosas del comunismo ateo con una satisfacción muy grande. Porque, ¡gracias a Dios!, pasaron aquellos años en que estaba proscrita la religión, y el sólo nombrar a Dios ya era un delito penado con la misma muerte. ¿Es posible esto?... ¡Y tan posible!

 

Por poner un caso nada más. En la revolución marxista española de 1936, es allanado un apartamento en busca de algún sacerdote. No se encuentra a nadie, porque el Padre que allí había lo supo disimular tan bien, que los milicianos se marchaban tal como habían venido. Lo malo fue que, al despedirse, aquel hombre, de quien no sospecharon, los despidió cortésmente con el simple y tradicional ¡Adiós!... Los rojos entran en sospechas.

 

-¿Qué es eso de "adiós"?... Ahora se dice "¡Salud!"...

 

Y por aquel ¡adiós! educado que le salió tan espontáneo, el Sacerdote paró ante el pelotón de fusilamiento... Repetimos, ¿es posible que se odie así a Dios?...

 

Esto fue el comunismo en todas partes. En Rusia, para ir contra Dios, se llegó a dar normas que nos parecen inconcebibles. Por ejemplo, se ordenó que en todas las escuelas se escribiera el nombre de Dios con minúscula. Porque Dios no era un ser divino, singular y personal, sino un producto de la razón, una fantasía ingeniosa, un cuento pasado de moda, una palabra común carente de sentido.

 

Sabemos que este hecho fue la última gota que rebasó la paciencia del gran disidente soviético y premio Nobel de Literatura. Descaradamente, se rebeló contra la orden gubernativa de escribir así el nombre de Dios, mientras que había de escribirse con mayúscula el de la policía o cualquier organismo del Estado. Las palabras de este valiente tuvieron resonancia mundial: Es el colmo de la mezquindad atea contra la más excelsa fuerza creadora del universo, y ¡no me someteré a esta nueva indignidad!...

 

Gracias a DIOS y habremos de escribir con mayúsculas las cuatro letras del nombre bendito, que todo ha cambiado en aquellos países esperanzadores, en los que hoy se vuelve a adorar públicamente a Dios como es debido. El ateísmo oficial hubo de declararse impotente frente a la fuerza interna que el Reino de Dios desarrollaba dentro del pueblo ruso.

 

Pero este fenómeno es siempre para nosotros un aviso, una invitación, una exigencia.

 

En la vida del hombre, y más en nuestros tiempos de tan grave secularización, se corre el peligro de olvidar a Dios. Más, se correría el peligro de abandonar conscientemente a Dios, si es que Dios llegara un día a estorbar en el disfrute del mundo. Nosotros vemos el peligro del materialismo moderno, y nos preguntamos para prevenirnos:

 

¿Quién podrá más, Dios o el materialismo que nos rodea?

¿Quién nos seducirá definitivamente, el placer o Dios?...

 

El grito del salmo: ¿Quién, fuera de Dios?, debe tener en la vida del hombre resonancias fuertes y continuas. Es casi un grito de guerra. La que se libra dentro de cada uno, cuando ve que a su alrededor apostatan muchos del amor de Dios para darse sin freno a las cosas perecederas.

 

Ni el bienestar, ni la fama, ni el amor meramente humano, ni nada ni nadie, pueden llenar el vacío que se produce en el corazón cuando falta Dios.
Lo único que nos llena es ese Dios que satisface nuestra sed de eternidad.

 

Un filósofo de la antigüedad griega, después de pasearse por todo el mercado sin haber comprado nada, pronunció su sentencia célebre: ¡De cuántas cosas no tengo necesidad alguna! Me sobra todo. Me basta la filosofía de mi cabeza...

 

El hombre que se contenta con Dios, dice también: ¡No necesito nada! Con Dios tengo bastante...



Dios ama cada día

Querien Vangal

Septiembre / 2007

 

¡Gracias! Hace poco leí un artículo que empezaba con esas palabras. ¡Gracias! ¡Qué hermosa palabra! Un autor decía que es como una flor exótica en medio de la montaña de la vida. Es verdad, es muy difícil decir ¡gracias!, pero ¿Cómo no hacerlo con alguien que nos ha hecho tanto bien? Más de alguna vez he escuchado a personas decir que Dios no los ama, ya sea porque el sufrimiento no los ha abandonado, ya sea porque la fortuna nunca ha tocado a su puerta. Es una dura afirmación y, a la vez, triste.

 

Sin embargo, creo que Dios no ha dejado nunca de amarnos, Dios nos sigue amando cada día, a cada paso, a cada instante. Me apena que los hombres no descubramos ese amor bendito que no se esconde y que nos acaricia siempre.

 

Dios me ama cada mañana cuando me levanto y me doy cuenta de que estoy vivo, cuando me dirijo a la calle y puedo salir con mis propias piernas y moverme de un lado para otro ¿Cuántos hombres desearían dar por lo menos una de mis zancadas o golpear una vez un balón de fútbol? Dios me ama cuando, día a día, me permite mover estos brazos con los que estrecho a un ser querido o saludo a un compañero. Me ama cada día cuando escucho la voz de un niño o cuando veo una sonrisa o las lágrimas en su rostro. Y qué decir cuando sé que tengo unos padres que me quieren y unos amigos que jamás me traicionarían. Y aún más, cuando me acerco a la mesa y observo que jamás me ha faltado un plato y un poco de alimento. Dios me ama, me ama a cada día, a cada paso, a cada instante. Basta dejar de ser miope y descubrir a Dios en la trastienda de la vida para contemplar el milagro inaudito de su protección.

 

Pero si es maravilloso sentirse amado por Dios y experimentarlo a cada momento, lo es más el saberse particularmente amado. Dios me ama personalmente. Y sé que es así porque nadie más ha recibido mi vida, porque nadie más que yo ha salido a la calle con mis piernas, porque cada vez que abrazo a alguien son mis brazos y es mi corazón el que se alegra. Mis ojos son los que no se cansan de ver una amanecer. Los regalos de Dios no se dan en promoción y en grandes cantidades. Cada tonelada de amor de Dios es para mí solo. Él no ama multitudinariamente sino a domicilio.

 

No obstante nos empeñamos en sacarle la vuelta. Y cuando perdemos alguno de esos regalos (porque son eso, regalos), entonces volvemos la cara e incluso nos sentimos menos amados, a pesar de que Dios también ama con el dolor. No es Dios el que nos vuelve la cara somos nosotros, que la tenemos tan pegada a la tierra, que no nos damos cuenta de todo su amor. Somos nosotros los verdaderos culpables de la miopía de la sociedad, porque no alcanzamos a ver más allá de nuestros gustos y de nuestras vanidades. No valoramos lo que tenemos, nos limitamos a poseerlo, pero no a gozarlo y a agradecerlo.

 

Los hombres fuera de la memoria y de la misericordia divina no existen. Dios sigue amando con toda su omnipotencia y a cada uno. No somos unos extraños para Él. Por eso, regresa a la primera línea, vuelve a leerla, repite esa primera palabra y deja que esa flor exótica de la montaña se convierta en la flor más abundante del jardín de tu vida. ¡Gracias! porque Dios no deja de amarnos cada día, a cada paso, a cada instante.

 

 

 

 



¡Aquí traigo la cura para curar cualquier enfermedad!

 

Querien Vangal

Septiembre / 2007


- ¡Ya llegó! ¡Aquí traigo la cura para curar cualquier enfermedad! Para todo tengo remedio: para ardor de estómago, dolor de rodillas, malestar de cabeza... ¡Vengan por el remedio que han estado esperando! Gritaba el brujo del Imperio, subido sobre un amplio tronco, poblado de retoños verdes, desde donde la multitud podía verle con facilidad.

 

Una horda de aldeanos se apiñaba a su alrededor. El vasallo, que paseaba por allí, permaneció observando la escena, por un breve espacio de tiempo.
- ¡Pidan lo que necesiten! ¿Qué enfermedad les achaca? ¡Pidan, pidan!

 

Una mujer alzó la voz:

 

- Tengo dos años con un dolor de huesos espantoso. No hay día que no me duelan. Nada me ha podido curar...


- ¡Señora! –exclamó el brujo- Aquí traigo lo que usted necesita. Tome. Hierva estas hojas y tómese dos tazas cada hora. Verá: en tres días, adiós dolores...

La gente permanecía sorprendida. Otra voz sonó:

 

- Llevo treinta días sin dormir. Cuando trato de cerrar los ojos, un ardor de estómago me hace pasar la noche en vela. Tengo hijos que mantener y en el trabajo no rindo, porque llego muy cansado...


- Pero, caballero... ¡Por qué no acudió conmigo antes! Lo que usted necesita es un masaje diario con este aceite de flor silvestre. Únteselo antes de acostarse y verá que en cinco escasos días dormirá más profundo que una piedra.


Parecía que el brujo tenía cura para todo y para todos, pues cientos de manos se alzaban y, en cuestión de minutos quedaban saciadas. El vasallo sintió deseos de acercarse también, para pedirle a aquel hombrecillo feo y encorvado algún remedio para su dolor de pies.


Y así, de entre la gente aglutinada alrededor del brujo, cuando éste seguía con sus entregas de mercancía, un joven apuesto alzó la mano. Elevando la voz, dijo:


- Si eres capaz de curarlo todo, dame algo para este mal que traigo...


El brujo fijó sus ojos en el joven y los aldeanos guardaron silencio.


- ¿Qué cosa te duele? – preguntó el brujo y el joven contestó:


- El alma.

- ¿El alma? Pero, jovencito, si yo no puedo curar esas cosas...


- Entonces – agregó el joven -, ¿por qué pregonas que eres capaz de curarlo todo cuando no tienes remedio para sanar lo más importante?


Y tan grande fue el enfado de aquel joven, que a punto estuvo de derribar de un puñetazo el cajón y los frascos que el viejo brujo exhibía. Una mano se lo impidió. Una mano suave que se posó sobre su hombro.


- ¿Te duele el alma?


Una chica de mirada pura y apacible posó su mano sobre el joven, que, al verla, respondió ruborizado:


- Sí. Llevo muchos años así y no he podido encontrar quién me cure.


Los aldeanos se quedaron sin habla y sin respirar. El brujo fruncía el ceño, en signo de disconformidad. Aquel chico le había dejado muy mal delante de la gente. La chica le miró a los ojos.


- ¿Sufres soledad, no es así?


Y como el joven asintiera con la cabeza, ella afirmó:


- Lo que necesitas es orar.


El brujo se burló.


- Y ¿qué es orar? –preguntó el joven.


- Es saber que Alguien te escucha y te comprende. Es dialogar con Alguien a quien le interesas más que cualquier otra cosa. Es sentirte querido.


Y el joven, con el rostro iluminado y una leve sonrisa trazada sobre los labios, exclamaba:


- ¡Eso es justamente lo que anduve buscando durante años: que alguien me hiciese caso y se preocupara por mí!


El joven se alejó pegando brincos sobre su propia sombra, mientras que el brujo, delante de la atenta mirada de la multitud, recogía su tinglado para desaparecer de allí.


El hombre no sólo es un cuerpo sano o enfermo. El hombre también es alma, espíritu. Hay dolores que ni la medicina ni las terapias, ni los exhaustos tratamientos pueden aniquilar. Dolores del alma, que conocemos con el nombre de soledad o tristeza. Orar, orar mucho. No hay cura más fiable que la oración.



lunes, 5 de julio de 2010

Dos posiciones en la UNAM

 

Enrique Galván-Duque Tamborrel

Septiembre / 2007

 

 

La Universidad Nacional Autónoma de México, mi Alma Mater, se apresta a cambiar de rector. Juan Ramón de la Fuente dejará el cargo y pasará a la historia como uno de esos rectores que lograron cumplir su periodo y mantener estable a la Universidad. En eso, sin duda, hay un mérito claro. Mérito que, por otra parte, comparte con el Gobierno del Presidente Vicente Fox, quien se mostró respetuoso de la Máxima Casa de Estudios de México, ya que las intervenciones políticas de fuerza han sido un factor importante en la desestabilización de la vida universitaria.

}

La Universidad tiene un gran valor, sin duda. Sin embargo, es necesario reconocer que en ella conviven la ciencia y la demagogia; la avanzada y el retroceso; el orden y el desorden; la disciplina y la indisciplina.

 

Hay facultades, como la de Veterinaria con la cual tuve un reciente encuentro, que deslumbran de limpieza, de proactividad, disciplina, trabajo y servicio. Hay otras donde no ha podido superarse el Siglo XIX, pues siguen ancladas en visiones pasadas del marxismo y constituyen la fuente de la anarquía y la subversión. Así es la UNAM.

 

La libertad de cátedra permite, sin duda, la convivencia de diversas ideologías y escuelas. Sin embargo, en algunos ámbitos es posible reconocer que los catedráticos han generado un ciclo repetitivo al ser un modo de inserción laboral de los recién egresados y que encuentran en las aulas un modo cómodo de resolver su colocación profesional sin enfrentarse al mundo hostil externo, con lo cual no logran experimentar en la vida productiva la teoría aprendida ni confrontar las creencias con la realidad ad extra de las aulas.

 

Uno de los factores que permitieron que la gestión del rector De la Fuente se desarrollara en paz, fue, por una parte, su vinculación con el antiguo sistema político mexicano gestado por el PRI, y por la otra sus relaciones con el Partido de la Revolución Democrática, de la cual se llegó a decir que en caso de anularse la elección podría haber sido su opción como Presidente interino en tanto se reponía el proceso que impugnaba esa fuerza política en julio del año pasado.

 

Esos vínculos y compromisos provocaron que no todo en la Universidad fuera claro, transparente, libre y plural, pues aún subsisten en la UNAM visos de sectarismo ideológico entre quienes pueden decidir qué se dice y qué no en dicha casa de estudios, como ya ocurrió en las décadas de los sesentas y setentas de manera eminente. También es necesario evitar que esa casa de estudios sea refugio temporal de políticos caídos en desgracia o sexenalmente desocupados, como ha sido frecuente en el pasado, sin que eso signifique que como parte de la vinculación con la realidad social no deban participar en la cátedra hombres provenientes de dicho sector, lo mismo que de la vida empresarial.

Ahora que está en juego la rectoría de la UNAM, los mexicanos queremos sentir un verdadero orgullo de esa casa de estudios, no sólo por sus programas, por sus institutos de investigación o por sus centros culturales. El verdadero orgullo de la UNAM deben ser sus estudiantes y sus egresados, que permitan superar plenamente, esa sombra de sospecha que, aunque diluida o discriminada según las facultades, se extiende en algunos ámbitos de la sociedad mexicana como consecuencia de los desórdenes del pasado o la permanencia de catedráticos que dejan mucho que desear respecto de la formación del estudiantado.

 

Al próximo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México le tocará, junto con los directores de facultad que le acompañen, realizar un verdadero esfuerzo de modernización de la UNAM, a fin de ponerla, no sólo emblemáticamente, sino por el aprecio y reconocimiento que se tenga de ella en todos los ámbitos de la sociedad mexicana, como paradigma de lo que debe ser la educación en México.

 

La elección del rector está en manos de personas eminentes que, sin embargo, no dejan de tener vinculaciones e intereses políticos. Esperamos que así como México ha vivido una transición política, ésta alcance también a la Universidad, adaptándose a esa nueva realidad y al México que se debe gestar desde sus aulas para el Siglo XXI.

 

 



Ante su mirada

 

Querien Vangal

Septiembre/2007

 

 

 

Que mirada tan profunda, tan serena, tan llena de paz y de ternura, tan llena de luz y de vida, es la mirada de Jesús! Es la mirada que resume tu vida y que te dice: te conozco mas que tú mismo. Se quien eres, se de tus triunfos y fracasos, de tus buenas y malas obras, conozco al dedillo tus virtudes y defectos y sin embargo te amo. Es la mirada que en vez de
condenarte, te perdona, en vez de reprocharte, te habla con dulzura, en vez de castigarte te premia y en vez de repudiarte (desde su pureza) por tus errores te sumerge en su costado abierto de misericordia, y en vez de lastimar tus heridas las sana y lava con su sangre y te conduce hacia fuentes tranquilas y en verdes prados te hace reposar.

 

Su mirada es como un rayo de luz que traspasa el cerco de nuestra intimidad e ilumina todo nuestro interior y nos hace aparecer ante su presencia desnudos de todas las caretas y disfraces que nos impiden vernos tal cuales somos. Pero no es para delatarnos y acusarnos, sino mas bien, para romper las cadenas que nos atan y derribar los muros que nos encierran en nuestro egoísmo y tristeza, en nuestro odio y soledad, y darnos la oportunidad de ser liberados con el poder de su Santo Espíritu.

 

Pero, muchas veces, tenemos miedo de alzar nuestros ojos y entrecruzar la mirada con la del Maestro. Sentimos temor de aluzarnos en el espejo de Justicia porque en el estado de abandono y miseria en que nos encontramos, nos hace sentirnos indignos de ponernos en su presencia. Y no olvidamos de que Él es la fuente del Amor y la Misericordia, desde donde brotan ríos de agua viva que saltan hasta la vida eterna. Ignoramos que estamos como tierra reseca agostada sin agua y que necesitamos ser regados por el Agua de la Vida, para que podamos ser fecundos y dar frutos en abundancia.

 

Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana, en el pozo de Jacob, se le confesó como el dueño de esa fuente de agua viva que se prueba y colma nuestra sed para siempre. La fuente que todos los hombres ansían pero no saben cómo llegar a ella, pero que cuando la descubren son capaces de vender todo cuanto tienen para quedarse con ella, porque han encontrado la perla que tanto buscaban. Y es a través de su mirada que Jesús nos permite ver la gran riqueza que hay en Él, y la gran necesidad que tenemos de sus dones y gracias. Y el gran deseo que tiene nuestro Señor de compartir con sus hijos, lo que el Padre Dios le ha dado, porque nos ama con un amor eterno.

 

Su mirada nos descubre y nos busca entre la multitud y el bullicio de este mundo, se poza sobre nosotros y nos hace saber sentir la necesidad de acercarnos a Él. Es una fuerza irresistible y poderosa que emana de la fuente inagotable de su misericordia. Fuerza que nos hace sentir unidos y vinculados a un Dios vivo y cercano que por su infinito amor, nos ha incluido en su plan maravilloso de salvación y vida eterna.

No temas en mirar a Jesús, poner tu confianza y apoyo en Él, porque Él desea compartir tu cruz, tu peso y tu dolor y redimirte de un modo personal, de tal suerte que puedas ser un testigo auténtico de su amor. De ese amor que se derrama y te abraza con poder para que pises firme y puedas caminar sobre las aguas turbulentas.



Ante la mirada de Dios

 

Querien Vangal

Septiembre/2007

 

¡Que mirada tan profunda, tan serena, tan llena de paz y de ternura, tan llena de luz y de vida, es la mirada de Jesús! Es la mirada que resume tu vida y que te dice: te conozco más que tú mismo. Se quien eres, se de tus triunfos y fracasos, de tus buenas y malas obras, conozco al dedillo tus virtudes y defectos y sin embargo te amo. Es la mirada que en vez de condenarte, te perdona, en vez de reprocharte, te habla con dulzura, en vez de castigarte te premia y en vez de repudiarte (desde su pureza) por tus errores te sumerge en su costado abierto de misericordia, y en vez de lastimar tus heridas las sana y lava con su sangre y te conduce hacia fuentes tranquilas y en verdes prados te hace reposar.

 

Su mirada es como un rayo de luz que traspasa el cerco de nuestra intimidad e ilumina todo nuestro interior y nos hace aparecer ante su presencia desnudos de todas las caretas y disfraces que nos impiden vernos tal cuales somos. Pero no es para delatarnos y acusarnos, sino más bien, para romper las cadenas que nos atan y derribar los muros que nos encierran en nuestro egoísmo y tristeza, en nuestro odio y soledad, y darnos la oportunidad de ser liberados con el poder de su Santo Espíritu.

 

Pero, muchas veces, tenemos miedo de alzar nuestros ojos y entrecruzar la mirada con la del Maestro. Sentimos temor de aluzarnos en el espejo de Justicia porque en el estado de abandono y miseria en que nos encontramos, nos hace sentirnos indignos de ponernos en su presencia. Y no olvidamos de que Él es la fuente del Amor y la Misericordia, desde donde brotan ríos de agua viva que saltan hasta la vida eterna. Ignoramos que estamos como tierra  reseca agostada sin agua y que necesitamos ser regados por el Agua de la Vida, para que podamos ser fecundos y dar frutos en abundancia.

 

Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana, en el pozo de Jacob, se le confesó como el dueño de esa fuente de agua viva que se prueba y colma nuestra sed para siempre. La fuente que todos los hombres ansían pero no saben cómo llegar a ella, pero que cuando la descubren son capaces de vender todo cuanto tienen para quedarse con ella, porque han encontrado la perla que tanto buscaban. Y es a través de su mirada que Jesús nos permite ver la gran riqueza que hay en Él, y la gran necesidad que tenemos de sus dones y gracias. Y el gran deseo que tiene nuestro Señor de compartir con sus hijos, lo que el Padre Dios le ha dado, porque nos ama con un amor eterno.

 

Su mirada nos descubre y nos busca entre la multitud y el bullicio de este mundo, se poza sobre nosotros y nos hace saber sentir la necesidad de acercarnos a Él. Es una fuerza irresistible y poderosa que emana de la fuente inagotable de su misericordia. Fuerza que nos hace sentir unidos y vinculados a un Dios vivo y cercano que por su infinito amor, nos ha incluido en su plan maravilloso de salvación y vida eterna.

 

No temas en mirar a Jesús, poner tu confianza y apoyo en Él, porque Él desea compartir tu cruz, tu peso y tu dolor y redimirte de un modo personal, de tal suerte que puedas ser un testigo auténtico de su amor. De ese amor que se derrama y te abraza con poder para que pises firme y puedas caminar sobre las aguas turbulentas.