jueves, 14 de enero de 2010

Navidad, símbolo y significado

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2009

 

La Navidad es el período más feliz del año. La gente sonríe con más facilidad. Da gusto ir caminando por las calles y ver tiendas llenas de regalos, anuncios felicitándonos por la Navidad y el año Nuevo, adornos, luces, estrellas, árboles de Navidad, Santa Claus, nacimientos o belenes… Todos encuentran motivo para sentirse más hermanos, para reunirse en familia y dejar los problemas para después. Cada uno de los símbolos que tanto ambiente crean y tanto regocijo nos dan tiene un significado muy profundo. Muchos lo desconocen y se quedan sólo en el adorno, sin llegar al rico significado que hay detrás de él.

 

Por ejemplo, la historia del popular árbol de Navidad. Los antiguos pueblos nórdicos europeos tenían la costumbre de adornar ciertos árboles de hojas perennes durante los últimos días de diciembre, durante el invierno, cuando toda la naturaleza parece muerta y fría. Su verde perenne era símbolo de la inmortalidad. Al convertirse al Cristianismo, los primeros cristianos, que eran muchas veces provenientes de la cultura pagana, conservaron la tradición, pero cambiaron totalmente el significado, refiriéndolo a Cristo como "Nuevo árbol de Jesé (Is. 11, 1-3).

 

San Bonifacio (680-754; obispo y mártir), patrón y evangelizador de Alemania, llegó a la ciudad de Geismar la víspera de la Navidad y cortó de raíz una encina considerada sagrada. En su lugar, al día siguiente, día de Navidad, plantó un pinito verde, y lo señaló como símbolo del nacimiento del Hijo de Dios. A partir de entonces un árbol verde adornado con objetos brillantes alumbra las casas, símbolo de la vida eterna que Cristo nos trajo al mundo, la perpetua primavera de la gracia. Del norte de Europa la tradición se extendió a los Estados Unidos y de ahí, al mundo entero.

 

El famoso Santa Claus es en su origen san Nicolás de Mira. Vivió en el siglo IV en Mira (la actual Turquía). Existen numerosas leyendas sobre su persona y la fama de su nobleza y generosidad. Por ejemplo, cuando era joven, arrojó por la chimenea una cuantiosa suma de dinero a un padre que no podía casar a sus hijas porque no tenía dinero para la dote. Su cuerpo fue trasladado a Bari, (sur de Italia) en 1087. Su fama de extendió por toda Europa, hasta llegar a Rusia de donde es copatrono junto con san Andrés. Los holandeses levantaron muchos altares en su honor y se cree que fueron colonizadores neerlandeses los que llevaron la devoción del santo a los Estados Unidos donde se difundió la fama de Santa Claus (este nombre es la deformación del original San Nikolaus).

 

La gran generosidad de la que hizo gala toda su vida le valió ser el simpático personaje que regala juguetes a los niños. Al inicio se le representaba con traje de obispo, como era en la realidad. La imaginación popular y la mercadotecnia han añadido el rubicundo anciano de barba larga y blanca, con un costal lleno de regalos a la espalda, la tronante y alegre risa, y el trineo volátil tirado por renos.

 

Es más evidente y en sí inmediato el significado religioso de los Nacimientos (en América Latina) o Belenes (en España). San Francisco de Asís fue el que instituyó esta costumbre. En la víspera de Navidad del 1223, movido por el deseo de revivir el nacimiento del Señor en el establo, montó el primer Nacimiento del que se tenga noticia en una cueva del bosque de Greccio (aldea italiana en la región toscana) con personas y animales reales.

 

El hecho obtiene simpatía entre la gente. La costumbre de representar la cueva de Belén en el período navideño se extiende por toda Europa y América. Esta tradición adquiere fuerza sobre todo en los países de cultura latina. En algunas partes hay concursos de belenes, donde se hacen verdaderas obras de arte.

 

La misma fecha de Navidad, el 25 de diciembre, tiene un origen peculiar. En la Roma pagana, anterior al Cristianismo, se celebraba la fiesta del nacimiento del sol invicto: natalis solis invicti en latín. Esta fecha era celebrada también por los celtas, germanos y otros pueblos antiguos. La fiesta tenía un significado religioso y psicológico. El 25 de diciembre coincide con el solsticio de invierno, el momento en el que el sol alumbra menos, pero empieza a su vez la prolongación de su imperio.

 

El astro de la luz había descendido en ese momento a su punto más débil, lo cual infundía al hombre primitivo terror de que las tinieblas pudieran apagarlo. Sin embargo, a partir del solsticio, el sol volvía a crecer en luz y calor, invicto e invencible. Celebrar ese resurgimiento tenía el significado de contraponer la luz a las sombras, la vida a la muerte. Los primeros cristianos vivían en la cultura romana, y conocían esos ritos.

 

El Cristianismo, que respeta lo que de positivo hay en las culturas, tomó el aspecto positivo de la fiesta. Jesús mismo se definió la "Luz del mundo". Además, la misma posición del sol ayudó a cristianizar la celebración. Los paganos veían el oriente como el origen de la luz y de la vida, lux ex oriente, decían los latinos.

 

El Cristianismo, nacido en oriente respecto al antiguo mundo clásico aprovechó estos elementos de cultura y religiosidad para anunciar más fácilmente el mensaje cristiano. A partir de ahora el "sol" que nace será Cristo, y con Él la luz que ilumina nuestras almas en el camino a la salvación. Este mismo significado de la luz lo tienen las innumerables velas y luces que bellamente adornan el entorno navideño.

 

El mismo nombre de la celebración, Navidad, es la deformación castellana del latín nativitas, que propiamente significa nacimiento, nacimiento del Salvador. Hemos visto cómo muchas de las tradiciones han venido de ambiente pagano y se han cristianizado, pero el proceso que se verifica ahora es justo el contrario: tradiciones cristianas que se paganizan. El sentido de la Navidad ha desaparecido frente a las grandes ofertas navideñas. La gente prepara con semanas de antelación sus vacaciones navideñas, pero pocos saben lo que se celebra.

 

No es malo disfrutar de un buen descanso durante este período, que se goce de una buena cena, de unos buenos regalos y de la compañía de los seres queridos. Como cristianos, no somos ni materialistas ni maniqueos. Cristo vino a redimir al hombre entero, en su cuerpo y en su alma. Todos estos bienes materiales y sensibles son buenos y legítimos. Pero lo que no podemos aceptar es que el sentido de la Navidad se reduzca a ello. Hay tanta felicidad en el período navideño porque hay Uno que vino a salvarnos y esta es la fuente de la alegría y la celebración.

 

Dios quiera que esta Navidad sea diferente a las demás. Cuando veamos el árbol navideño, las luces, el Santa Claus, los belenes o nacimientos, que no nos quedemos en qué bonita decoración o qué bien se ve, sino que penetremos en el rico significado que quieren darnos: Jesucristo nace para darnos la luz y la vida inmortales.

 

Un período navideño vivido así, nos traerá más prosperidad y sosiego que los simples regalos y vacaciones. A la celebración material añadamos la celebración espiritual y tendremos un período plenamente feliz. Que al centro de las celebraciones, esté el celebrado y que no nos olvidemos del festejado en su fiesta. Si toda la fiesta la centramos en su significado espiritual, tendremos las navidades más felices y fecundas de nuestra vida.

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

Navidad, la alegría de saberse amado

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2006

 

En una noche de diciembre, antes de las fiestas navideñas, Carlitos y su mamá caminaban de la mano, dentro de una iglesia iluminada y acogedora. Su mamá lo llevó hasta donde estaban las figurillas del nacimiento e inclinándose le dijo al oído: "Ella es mamá Virgen, mira sus ojos tan bellos y tiernos, y mira a san José que siempre cuida de Ella". Carlitos preguntó: "¿por qué están aquí?" "Porque están esperando a Dios" –respondió su mamá-. "¿Va a venir Dios? ¿Y por qué no preparan su casa, así como tú lo haces cuando vienen mis abuelos?" "Porque no tienen casa, están en una cueva que les prestaron". "Pero aquí no puede venir Dios -dijo Carlitos extrañado-, en medio de una vaca y de un burro y entre paja y tierra… ¿Y cómo va a venir?". "Va a nacer el día de Navidad, y va a ser un bebé como cuando naciste tú". "¿Dios va a ser igual de pequeñito que yo? ¿Y no va a tener frío en las noches? Porque aquí no hay ventanas, ni cama, ni cobijas". Y sin pensarlo se quitó el suéter y lo puso junto a la figura de María. "Para que cobije a Dios y no se enferme", dijo con voz inocente. Su madre guardó silencio mientras los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

La Navidad es un misterio que sólo los de corazón sencillo pueden aceptar y comprender. Un misterio que no puede dejar indiferente nuestro corazón, un misterio de amor, amor de Dios, amor grande, amor infinito, amor desinteresado, amor y dolor, amor sincero y duradero.

 

Navidad es gozo, es alegría y paz, es confianza y esperanza, es seguridad. Navidad es fuerza en la debilidad, consuelo en la amargura, calor en las horas de frío, es respiro y aliento.

 

La Navidad se celebra cada año sin falta porque cada año se nos da una nueva oportunidad para amar. Cada año recordamos el mayor don, el mayor amor. Cada año se renueva el compromiso de amistad y de entrega eterna. Cada año se nos recuerda que las puertas están abiertas, que esta vida aún no comienza.

 

Jesús nació en un establo. El silencio de la noche lo arrullaba. Que el silencio de nuestra alma sea también la música de su sueño, pues donde no hay silencio, no hay Navidad. No es un silencio de mudez, sino de paz, de calma y de oración. Mira que Jesús quiere nacer en ti, déjale un espacio en tu interior. No te pide mucho, un rincón para él es suficiente.

 

Carlitos dejó su suéter. ¿Yo que le voy a ofrecer? Si en la noche del 24, la Virgen María y San José tocaran el timbre de tu casa, ¿qué harías por ellos? Llorarías de alegría y los pasarías dentro, donde no golpea el frío. Les ofrecerías una manta, un té caliente y un lugar para su descanso y estarías muy cerca de ellos esperando la llegada de Dios.

 

Este próximo 24, debemos estar atentos. "Mira que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,20). Jesús tocará la puerta de tu corazón buscando un lugar donde nacer. Puede venir de muchas maneras: En la Eucaristía, en tu oración, en tus hijos, en tu esposa o esposo, en tu vecino, en tu amigo o enemigo, en el vagabundo, en el enfermo, en el pecador, en el triste y el enfermo, en el solitario, en el amargado o desesperado, en la tristeza y en al alegría. Pero sobre todo, Jesús viene en la Eucaristía y pide un poco de calor en este mundo de invierno y al mismo tiempo Él es Calor que nace en el corazón de quien ama.

 

Jesucristo, como un sol en el pesebre, nos interpela con la elocuencia de su inocencia y pone en boca de San Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1Jn 4,10).

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

Mientras haya esperanza habrá vida

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2006

 

En una viñeta sugestiva aparece una cigüeña que lleva a un niño. Vuela delante de un anciano que mira hacia arriba. El anciano, al ver al niño, exclama: "¡Mientras haya vida habrá esperanza!" El niño, desde arriba, responde: "¡Mientras haya esperanza habrá vida!".

 

Entre vida y esperanza se establecen unas relaciones muy profundas. Muchas parejas de esposos jóvenes se plantean preguntas como estas: ¿cuándo tendremos un niño? ¿Cuántos hijos tendremos? ¿Tendremos de verdad hijos? Según el cuadro que se dibuje en el horizonte, la respuesta puede ser muy distinta. Además, hay cosas que no dependen de los esposos, como es el doloroso drama de la esterilidad.

 

Tal vez alguno piense que una pareja que tenga una casa propia, con un trabajo seguro, con una estabilidad emocional y familiar y con unos salarios aceptables, estaría más preparada a acoger pronto a uno o varios hijos que pudiesen nacer como fruto de su amor. Una pareja, en cambio, que apenas está pagando su piso, que no tiene un futuro laboral claro o que recibe salarios bajos, y que encima vive con tensiones familiares, tenderá a retrasar la venida del primer (o segundo o tercer) hijo. Soñará seguramente en convertirse en una familia pequeña.

 

Sin embargo, la vida nos da muchas sorpresas. Hay familias bien dotadas económicamente que, contra lo que uno esperaría, no tienen casi hijos. Otras familias menos favorecidas, incluso pobres, acogen uno tras otro a un pequeño ejército de chiquillos que alegran los pocos rincones disponibles del pequeño hogar que les cubre de las lluvias o de los rayos del sol. Descubrir el porqué de una y otra situación resulta algo muy difícil.  Lo que sí está claro es que, si en un matrimonio reina el amor y el respeto mutuo, y se vive en un clima de optimismo, de confianza, de generosidad, de armonía, de fe profunda, es más fácil abrirse a la posibilidad de un primer, segundo... quinto o séptimo hijo, aunque antes de la venida de cada uno se pueda hacer una lista más o menos larga de dificultades que acompañarán al nuevo inquilino de la casa.

 

Desde luego, hay situaciones que exigen a los padres el pensar seriamente en retrasar el nacimiento de un nuevo hijo. Pero en otros casos, con un poco de esfuerzo y de optimismo lo que parecía un problema se resuelve con esa dosis de esperanza que permite el inicio de un nuevo embarazo.

 

Hay quienes, en nuestro mundo, creen que cada hijo que nace es un nuevo problema que resolver, sobre todo en los lugares donde hay más pobreza y donde faltan alimentos y medicinas. Pero si valoramos a cada hombre por lo que es, y rompemos esquemas de egoísmo y de pereza, nos daremos cuenta de que cada niño que nace, incluso en condiciones de pobreza, nos obliga a todos a agudizar nuestro ingenio, a trabajar por darle lo que necesita, a distribuir mejor las riquezas de un mundo que vive en medio de injusticias clamorosas, y a dejarle crecer como un nuevo ciudadano que podrá, si acoge la semilla de una buena educación, mejorar a esta humanidad y hacerla algo más justa y menos egoísta.

 

Por eso, si mantenemos en alto la bandera de la esperanza, veremos que muchos esposos que se creían casi obligados a renunciar a nuevos hijos entre las paredes del hogar, encuentran maneras y modos para que, si Dios lo quiere, puedan asomarse nuevas cabecitas en este planeta que necesita crecer en la esperanza.

 

Mientras en Europa hay países donde las escuelas se vacían y los gobiernos prevén serios problemas económicos en unos 15 ó 20 años por la falta de niños y jóvenes, América vive la presión de algunos grupos de interés que quieren controlar, desde arriba o con propaganda más o menos subliminal, y no pocas veces con engaños y violencias, el número de hijos de tantas parejas que querrían acoger, con generosidad, una nueva vida.

 

Ojalá un día esos grupos, que muchas veces dicen querer combatir la pobreza, renuncien a eliminar el hambre con la táctica de impedir nuevos nacimientos. No es así como se logra la justicia en nuestra tierra sufriente. El hambre se elimina con hombres y mujeres que puedan recibir educación y ayudas económicas con las cuales podrán desarrollar actividades económicas capaces de darles alimento, vivienda y sanidad. La pobreza no se quita con millones de dólares destinados a esterilizar a miles de personas, a veces contra su voluntad, sino con millones de dólares para distribuir medicinas, para enseñar técnicas agrícolas, para abrir nuevos pozos de agua. No puede ser justo el mundo globalizado si permite, por ejemplo, que en Haití o en Vietnam haya más facilidad de acceso a los contraceptivos que al agua potable...

 

Mientras haya esperanza habrá vida. Quizá todavía los profetas del pesimismo seguirán luchando contra la familia, contra los hijos. En cambio, el progresismo basado en el respeto al hombre y a la mujer y en la acogida de cada vida como un tesoro de valor incalculable trabajará por distribuir mejor las riquezas, para que los ricos no sean siempre más ricos ni los pobres vean cada día aumentar su pobreza. La esperanza nos lleva a construir un mundo mejor. Nuestros hijos serán los primeros beneficiarios, y, ¿por qué no?, también nosotros nos daremos cuenta de que hemos crecido un poco en el amor y la justicia.



«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

Matrimonio y familia no admiten negociación alguna

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2006

 

Toca a los cristianos denunciar y alzarnos frente al progresivo arraigo en nuestras sociedades de una cultura de la muerte que lleva al desprecio sistemático de la vida sin repercusión jurídica

 

El valor incondicional de la vida humana, la dignidad sagrada del matrimonio y la familia, la libertad de los padres en la educación de los hijos, son cuestiones que hoy en la vida pública no admiten componenda, renuncia ni negociación.

 

Los cristianos tenemos el derecho de reclamar el lugar que nos corresponde y tenemos tareas obligadas en ellos: la dignidad de la persona humana, los derechos naturales que le son propios, derechos superiores que tenemos por el hecho de nacer, derechos naturales de raíz divina e intangibles para el legislador, que deben ser nuestra referencia constante.

 

Hay aspectos en la vida pública respecto a los cuales los cristianos tenemos no el derecho, sino el deber moral de recordar el sentido y la trascendencia de lo que está en juego.

 

Por ello, toca a los cristianos denunciar y alzarnos frente al progresivo arraigo en nuestras sociedades de una cultura de la muerte que lleva al desprecio sistemático de la vida sin repercusión jurídica y frente al desconocimiento de los derechos de los más débiles, frente a las legislaciones que tergiversan, difuminan y desnaturalizan la concepción natural del matrimonio y la familia.

 

Debemos denunciar la ordenación de un sistema educativo que no atiende realmente la dimensión espiritual del hombre, y que no protege suficientemente el derecho de los padres a que los hijos puedan educarse de acuerdo con sus convicciones morales.


La vida humana es valor fundamental.  Son valores irrenunciables la dignidad intrínseca de cada hombre, la vida humana como valor fundamental y el valor de la identidad singular de todo ser humano, cuestiones que son a veces olvidadas por la ciencia y la tecnología actual.

 

Es lamentable que la sociedad actual prefiera el entretenimiento, la innovación y la tecnología sin rumbo, o la moda como frivolidad. Cuestiones reflejadas en el arte, la literatura, el teatro, el cine y los medios de comunicación, frente a la trascendencia y la espiritualidad, valores fundamentales en la vida humana, no tienen significado.

 

Esta ideología inmanente lleva a consecuencias desastrosas: la ética está en lo que decide la sociedad o la mayoría de un grupo humano, recordemos que por la historia conocemos las trágicas consecuencias de estas categorías mentales.

 

 

«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

Los dolores de parto de una democracia

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Diciembre / 2006

 

Los espasmos empezaron tres días antes, cuando en el pleno de la Cámara de Diputados los legisladores panistas y perredistas irrumpieron en la tribuna como parte de una estrategia, la de los primeros para asegurar la toma de protesta de Felipe Calderón Hinojosa como Presidente de México, y los segundos para impedirlo.

 

Tres noches anteriores al 1 de diciembre, diputados de ambas fracciones pernoctaron en el salón de sesiones de San Lázaro. Ahí comieron, dormitaron y vivieron los momentos más intensos de la incipiente LX Legislatura.

 

"Si bien los perredistas venían dispuestos a todo, los panistas más. La estrategia fue básicamente de contención y fue suficiente", describió más tarde el diputado federal por Acción Nacional Carlos Madrazo Limón.

 

México amaneció el viernes 1 de diciembre con una incertidumbre mayor a la que vivió en la jornada electoral del 2 de julio, fecha en la que empezó la gestación de este cambio de Gobierno.

 

Había muchos escenarios, desde una eventual negociación entre las fracciones del PAN y del PRD para desocupar la tribuna, hasta un recrudecimiento de la provocación, la agresión y consecuentemente el enfrentamiento físico entre legisladores.

 

Aunque con algunos conatos de trifulca, empujones, patadas y jaloneos, la toma de protesta de Felipe Calderón Hinojosa finalmente se logró cerca de las 9:50 horas.

 

"Siempre tuvimos el control"

 

Que este acto protocolario se llevara a cabo en el Palacio Legislativo de San Lázaro fue un triunfo de los diputados y senadores del Partido Acción Nacional.

 

Gustavo Madero, senador panista por Chihuahua, dijo a los corresponsales extranjeros que estaban preparados para todos los escenarios, "siempre tuvimos el control de la tribuna y esto permitió precisamente garantizar que se llevara a cabo (la toma de protesta) en el escenario óptimo, que era en la tribunal".

 

Y planteó que con ello se dio paso a una nueva etapa en la vida democrática del país; "estos fueron los dolores de parto de una democracia".

 

El diputado Gerardo Buganza Salmerón confió a este medio que la estrategia de la fracción era permitir el acceso del Presidente de México en por lo menos tres entradas.

 

En el acceso principal montaron una valla, sólo como táctica para distraer a los inconformes.

 

La guerra de gargantas

 

Minutos antes de las 8:00 de la mañana, en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados empezaron a retumbar aplausos y silbatos; estaba por concluir la tregua -aquella que habían decretado los perredistas y que implicaba la no agresión.

 

La entrada al pleno de los legisladores del PAN Santiago Creel Miranda, coordinador de la bancada en el Senado, y Alejandro Zapata Perogordo, subcoordinador, enardeció a los inconformes. Un grupo de perredistas les salió al paso y otro de panistas se aprestó a rodear a sus compañeros.

 

Así se iniciaron las primeras refriegas legislativas de ese día, en las que hubo patadas, codazos y jaloneos.

 

La senadora Adriana González Carrillo fue prácticamente remolcada por un diputado del PRD que se esforzaba por zafarse de las manos de ésta.


- Yo vi que iba sobre mis compañeros no es justo, teníamos que hacer algo- comentó más tarde la panista a La Nación.

 

Los diputados del PRD pedían a los reporteros que salieran del "corral" donde se ubicaban y observaran de cerca los golpes.

 

Algunos aceptaron la invitación y saltaron al salón de sesiones, aun contra la resistencia de los elementos de seguridad de San Lázaro y del Estado Mayor Presidencial.

 

En tanto, el diálogo a gritos entre las bancadas protagonistas:

 

-¡México quiere paz!- lanzaban desde tribuna los panistas.

 

-¡Obrador, Obrador!- contestaban los otros.

 

Así fue durante casi una hora. Tensa calma, nerviosismo, bromas de los reporteros a los legisladores, sonrisas y mentadas de madre, pero siempre la expectativa de que la violencia volviera a aparecer.

 

Radio colombiana, desde Bogotá, hizo contacto con el senador Zapata Perogordo para conocer de viva voz qué estaba pasando en México. El país estaba en los ojos del mundo.

 

El enviado de Antena 3, televisión española, una y otra vez repetía frente a su camarógrafo: "Ante este triste circo parlamentario, en un país con tantos odios y resentimientos, los parlamentarios de izquierda bloquearon la mesa del Congreso". Finalmente la toma quedó.

 

La otra estrategia

 

Y mientras los perredistas bloqueaban las entradas al salón de sesiones, con el fin de impedir el quórum, algunos diputados, incluidos los del PRD, lograban llegar al recinto a través del acceso de los reporteros.

 

Por ahí tuvieron que saltar Arturo Nuñez Jiménez, la actriz María Rojo y Leonel Godoy Rangel, ex presidente del partido del sol azteca, entre muchos otros.

 

Y dentro del corral en el que decenas de reporteros, camarógrafos y fotógrafos se afanaban por esclarecer la situación, el diputado Modesto Brito González tomó el control del acceso a esta área, porque su objetivo era que no pasara Felipe Calderón.

 

Pero quien sí pasó fue un grupo de notarios que testificaron la asistencia de los legisladores, y a las 9:15 los panistas coreaban: "¡Tenemos quórum!", pues ya los diputados y senadores del PRI habían logrado entrar por una puerta del salón Balderas, de la que minutos después salieron sorpresivamente Felipe Calderón Hinojosa y Vicente Fox Quesada. Algunos ni cuenta se dieron, hasta que el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados llamó a la compostura.

 

Entonces los silbatos que llevaban los perredistas nuevamente enloquecieron. Ya no había nada qué hacer: el Presidente de México había llegado hasta la tribuna a través de un acceso trasero, custodiado en todo momento por el Estado Mayor Presidencial.

 

Sin duda fue la toma de protesta más breve en la historia de los cambios de gobierno, pero fue la más esperada, la más vista, por mexicanos y hasta por extranjeros, y –por obvias razones--   será la más recordada.

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

martes, 12 de enero de 2010

La verdad de la persona es el corazón de la paz

 

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2006

 

 

El insobornable compromiso de la Iglesia por la paz.- Desde el año 1968, cada primer de año, todos los 1 de enero, es la jornada mundial de la paz, por iniciativa del Papa Pablo VI, quien expresaba de este modo el objetivo y anhelo de esta celebración:

 

"Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura".

 

Era el comienzo de 1968, en plena guerra fría, en los albores mismos de aquel emblemático año 68, con el conflicto de Vietnam como pesadilla mundial y con un mundo dividido en dos bloques antagónicos.

 

La voz más coherente.- Han pasado treinta y nueve años y, mientras la paz es tantas veces sólo una aspiración -muchas veces quimérica-, el compromiso de la Iglesia en favor de la paz se mantiene inalterable e insobornable. Resulta elocuente a este respecto observar cómo todos los gobiernos del mundo y en todos los conflictos bélicos de estas cuatro décadas, antes o después, han recalado en el Vaticano, y cómo la Santa Sede ha sido siempre una voz coherente y ecuánime para reclamar y fundamentar la paz desde la justicia, la solidaridad, los derechos humanos y el primado de la reconciliación. "Todo se pierde con la guerra; nada se pierde con la paz y con el diálogo y acciones en pos de ella", han reiterado los Papas. Bastaría citar como ejemplo la actitud del Papa Juan Pablo II ante la guerra de Iraq del año 2003 o los puntos de vista, cada vez más compartidos por los Estados y por la opinión pública acerca de la polvorín existente en Oriente Medio --particularmente en el conflicto judeo-palestino--, como asimismo se podía comprobar en el mensaje Urbi et Orbi del Papa Benedicto XVI en el día de la pasada Navidad.

 

La persona humana --su verdad y sus derechos inalienables-- son el corazón de la paz, que predica sin cesar la Iglesia. Así nos lo recuerda Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada mundial de oración por la paz de este 1 de enero de 2007. "Estoy convencido -afirma- que respetando a la persona se promueve la paz y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral. Así es como se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones.

 

El don y la tarea de la paz.- Para la Iglesia, sacramento y prolongación de Jesucristo Salvador, el Príncipe de la Paz, la paz es un don de Dios y es una tarea confiada a los hombres. El presupuesto básico de la paz auténtica es la ley natural, que no impone directrices desde fuera, que coartan la libertad del hombre, sino que, todo lo contrario, es la fuente de la verdadera libertad. Desde esta premisa, la paz se basa en el respeto de todas las personas, concretamente a partir de sus derechos fundamentales.

 

Para ello, para ser fieles constructores de la tarea de la paz, el criterio básico es el respeto a la "gramática" de la paz, inscrita en el corazón del hombre por su Divino Creador. Esta "gramática" de la paz ha de encontrar su primer referente en la preeminencia, tutela legal y reconocimiento concreto y exhaustivo, de los derechos a la vida y a la libertad religiosa. El crimen, el aborto, la eutanasia, el narcotráfico, el terrorismo, la experimentación con embriones son un atentado contra la paz, como lo son también la negación teórica o práctica del derecho a la libertad religiosa y a su libre ejercicio.

 

Un verdadero humanismo integral.- Esta "gramática" de la paz significa también la vivencia efectiva y la potenciación de la real igualdad de naturaleza de todas las personas y su dignidad intrínseca y sagrada. Atenta contra la paz la marginación de la mujer, la explotación de los niños, las desigualdades en el acceso a la alimentación, a la vivienda, a la salud o a la educación. La pobreza y la miseria son una injusticia y son una amenaza a la paz.

 

Camino de paz ha de ser también la integración entre las correctas "ecologías" humanas, sociales y naturales, en actitud hacia los bienes de la Creación que podemos aprender de comportamientos y sentimientos como los que inspiraron en el siglo XIII el hermosísimo Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís.

 

Por último y no por ello menos importante, la Iglesia, siempre depositaria y servidora de la trascendencia de la persona humana, entiende que "gramática" y camino de paz es la presentación y la vivencia de una concepción integral del hombre, lejos de las posiciones restrictivas del inmanentismo, positivismo y neorracionalismo actuales. Benedicto XVI también alerta sobre visiones de la persona viciadas "por prejuicios ideológicos y culturales o intereses políticos y económicos que inciten al odio y a la violencia… concepciones antropológicas que conlleven el germen de la contraposición y de la violencia". Igualmente, el Papa recuerda que son "inaceptables las concepciones de Dios que impulsen a la intolerancia ante nuestros semejantes y el recurso a la violencia contra ellos… Nunca es aceptable una guerra en nombre de Dios. Cuando una cierta concepción de Dios da origen a hechos criminales, es señal de que dicha concepción se ha convertido ya en ideología".

 

Por todo ello, se trata de la vivencia y promoción de una antropología, que reconozca la trascendencia del ser humano en su origen, en vivir cotidiano y en su destino. Y es que, en suma, la verdad de la persona es el corazón de la paz.

Lemas de las Jornadas Mundiales de la Paz.- El solo enunciado de los lemas de las Jornadas Mundiales de la Paz son muestran inequívocamente el compromiso, las recomendaciones y los caminos para la paz propuestos por la Iglesia.

 

En las seis primeras ediciones de la Jornada Mundial de la Paz no hubo lemas. Era Papa Pablo VI, quién firmó su último mensaje para esta Jornada en 1978. Los mensajes para esta Jornada entre 1979 y 2005 son de Juan Pablo II y los dos últimos, de Benedicto XVI.

 

 

«Por mi patria hablará la razón de la justicia»
 



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La seriedad de la Navidad

 

Por: Querien Vangal

Diciembre / 2006

 

En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía "Sed perfectos", ni "sepulcros blanqueados", ni "vende tus bienes y sígueme" ni "Yo soy la Verdad y la Luz". Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

 

En el día de la Encarnación todos vuelven la vista hacia Belén, como en día de sol radiante se refugian todos a la sombra del alero. Los más complicados Góngoras hacen versillos de claveles y auroras, con melodía pastoril. Los más escolásticos y abstractos Calderones, escriben para la fiesta diálogos de Mengas y Pascuales. San Juan de la Cruz, que ha volcado hasta los umbrales del divino desposorio, en una Nochebuena sale de su celda como un loquillo de atar, meciendo al Niño en sus brazos, bailando y cantando una cancioncilla de amores aldeanos:

 

"Si amores me han de matar ¡agora tienen lugar…!"

 

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

 

No; no puede ser la Navidad subterfugio y evasiva de la Encarnación. No es la fiesta de un derretimiento pueril y pasajero. Es la fiesta de un exigente amor varonil y total.

 

Vienen ya de camino Magos de Oriente que le van a quitar al portal todo el aspecto de fiesta de familia. Los magos no son ya pastores con cantarcillos, con requesón, manteca y vino. Son sabios y poderosos y científicos y extranjeros que vienen aleccionados por la astronomía. No vienen a pactar una noche de tregua de trinchera a trinchera: vienen a exigir las últimas consecuencias de la Paz prometida a todos los hombres. Vienen a hacer de Belén, la aldea de la Encarnación, la primera ciudad plenamente internacional del planeta. Vienen a ver si realmente ha nacido un rey que traiga la verdadera paz, la justicia auténtica y el amor sin componendas.

 

¿Hemos entendido esto del todo?... ¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

 

A Belén se acercarán este año:

 

El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.  Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.  Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.

 

Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.

Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

 

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

 

Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

 

Navidad no son los almacenes en oferta.

 

Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos.

 

Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos.

 

Navidad no son las comidas especiales.

 

Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

 

Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

 

Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo.

 

Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

 

Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el alma…como hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

 

Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

 

Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

 

Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

 

Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza…; y las de María: pureza, fe, generosidad…y las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan…y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

 

Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

 

Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa todas nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

 

Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

 

Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

 

Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

 

Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

 

El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

 

En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

 

¡Qué unidos están Belén y Calvario!

 

El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

 

Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

 

¿Castañuelas, panderetas y zambombas? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnado…pues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: "Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme". Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

 

Terminemos con una oración:

 

"Niño del pesebre, pequeño Niño Dios, hermano de los hombres. El alma se me llena de ternura y el corazón de dicha, cuando te veo así, pequeño, pobre y humilde, débil e indefenso, recostado en las pajas del pesebre.

Enséñame, Jesús, a apreciar lo que vale tu dulce encarnación. Ayúdame a comprender el profundo sentido de tu presencia entre nosotros. Haz que mi corazón sienta la grandeza de tu generosidad, la profundidad de tu humildad, la maravilla de tu bondad y de tu amor salvador".

«Por mi patria hablará la razón de la justicia»
 



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