miércoles, 28 de abril de 2010

El auténtico padre

 

Querien Vangal
junio / 2007

 

 

Un hombre que brinda con absoluta lealtad y entusiasmo su apoyo moral, psicológico y material a la mujer que ha embarazado y participa de la ilusión de la espera del milagro del nacimiento de su hijo, es un hombre que está preparado para ser un auténtico padre.

 

Igual que como leímos en una colaboración anterior la madre cumple con roles vitales para la formación y educación de sus hijos y su papel es insustituible, el padre tiene roles de capital importancia que también son insustituibles.

 

El auténtico padre es: protección y dirección, es guía e instructor, es respeto y conducción, es comprensión y consejo, es amistad, amor y entrega.

 

Es el complemento y el completo de la educación formal que reciben los hijos en el seno del hogar. Es la educación más importante que recibe un ser humano. En la escuela y en las universidades aprendemos a servir. En nuestros hogares aprendemos a vivir.

 

Sustento lo anterior, además de otras cuestiones, en lo dicho por Albert Einstein "No debemos convertir el intelecto en Dios, es verdad que su musculatura es muy poderosa pero carece de personalidad y es que su función no es tanto la de dirigir, sino la de servir."

 

La personalidad, el carácter, la manera de ser, la inteligencia emocional, el así nací y así soy, eso, como queramos llamarlo, se forma básica, principalmente y casi en su totalidad en el crisol familiar, bajo la responsabilidad absoluta de mamá y papá.

 

Nuestra actitud en la vida en general, nuestras actitudes para enfrentar la enorme diversidad de problemas y contingencias diarias, nuestras actitudes para relacionarnos convenientemente con los demás dependen básica y primordialmente de los sentimientos sembrados por nuestras mamás y encauzados por la guía y los consejos de papá.

 

La protección ese factor fundamental que nos brinda papá en etapas de nuestro crecimiento, ya fuera de los amorosos brazos maternos, que nos permite alimentarnos, vestirnos, instruirnos, tener un techo, estar sanos, practicar deportes etc. y que nos aporta seguridad.

 

La dirección que es precisamente el cauce de nuestras inquietudes, ilusiones y temores.

 

La guía en las cuestiones que ignoramos pero que papá domina y lo convierte en instructor o mentor.

 

Vestido con el traje de respeto confeccionado por mamá, la diferencia absoluta del carácter y lo grueso del tono de voz, lo fuerte y poderoso que vemos a papá nos infunde un enorme respeto, que el auténtico padre aprovecha como base de lanzamiento para la conducción familiar. Con respeto y amor a los suyos no con violencia.

 

Papá comprende, el también fue niño y un a ratos desorientado adolescente, joven dinámico muy estudioso o no, trabajador inteligente y también fue hijo y recuerda con agrado los desplantes de amistad de su padre y con secreto resentimiento los malos y a veces injustos tratos recibidos.

 

El auténtico padre comprende y sabe que su dirección y guía tienen un camino, tienen una forma esplendorosa, tienen una fórmula única que se llama consejo.

 

Que nos da papá cuando nos da un consejo……….Nos da parte de si mismo…….nos da lo que ha sufrido y lo que ha gozado……..nos da lo que le fue mal y lo que le fue bien…….lo que hizo y lo que debió hacer……en general, sus éxitos y sus fracasos……!nos da su experiencia de vida!.

 

Dicen los expertos que un simple consejo es un buen ejemplo de lo que significa instruir, de lo que significa ayudar a otros a desarrollarse, y que este arte se practica de persona a persona. El núcleo de la instrucción y el perfeccionamiento, dicen, es el arte de aconsejar, y la efectividad de esos consejos, gira sobre la empatía y la capacidad de centrar la atención sobre los sentimientos propios, para compartirlos.

 

Entonces para ayudarnos a desarrollarnos el padre auténtico utiliza el consejo, que es la misma arma que utilizamos entre amigos verdaderos; siempre nos aconsejamos. Y cuando esa arma es utilizada por papá amigo su efecto es totalmente trascendente.

 

Papá como verdadero amigo nos aconseja con toda la fuerza de su experiencia, con toda la fuerza que sus recuerdos emocionales le proporciona, pero además con toda la intención que su amor por nosotros predispone.

 

El auténtico padre deja un hueco enorme cuando se va……..nos quedamos sin amigo guía……sin amigo consejero……….¿ y ahora que?……pues solo extrañarlo e imitarlo y convertirnos en protectores , guías y consejeros de nuestros hijos……este es el camino que nos ha encomendado Dios.






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«El respeto a la ley enaltece nuestro espíritu»

G. B. Quever
Insurgentes Sur 949
03810  México, D.F.

Dolor

 

Querien Vangal
junio 2007
 

 

 

La neuritis es la inflamación de un nervio. Y no hay cosa que duela más que un nervio inflamado, al punto que inmoviliza a quien lo padece, dejándolo rígido como una tabla. Esta noche, esta neuritis, este dolor de Dios que se me corre desde el hombro hacia abajo es como una bendición, porque me sitúa justamente en el tema que me ocupa: el valor salvífico del sufrimiento. Y no es que este dolor me haga santo, por supuesto, pero reconozco que, acercándome a mis límites me planta los pies sobre terreno. Sólo pido a Dios que el dolor al correrse por mi brazo no me paralice la palabra antes de que ésta salga de mis dedos.

 

Hay muertes que no son noticia y que, sin embargo, pueden dejarnos pasmados ante una cajita de madera cubierta de claveles horizontales. "El Zoruyo" era un niño de tres años cuyo más grande anhelo era llegar a los cinco para subirse a los columpios del jardín de niños Ovidio Decroly de los Arenales en Tijuana. Pero Dios permitió que ese niño de tres años celebrara a cubetazos con los niños del vecindario una guerra de agua y felicidad y al día siguiente muriera de neumonía. ¿Por qué si Dios es bueno permite que sucedan estas cosas? ¿Por qué permite el sufrimiento, las miserias, los terremotos, las inundaciones y las muertes de todos los días de tantos niños inocentes como El Zoruyo?

 

Me aviento al ruedo con un toro grande, y a usted se le abren los ojos buscando las distancias entre los cuernos y el capote. Mas, se lo digo de antemano, siento desilusionarlo si espera pases formidables. Ante la muerte de los inocentes sólo nos queda aceptar con humildad los designios inescrutables de Dios, de la misma forma que no nos queda más remedio que arrodillamos consternados delante del misterio más grande que es, precisamente, la muerte del mayor inocente, Cristo quien, por encima de su inocencia, voluntariamente aceptó padecer su destino de Cruz para salvarnos.

 

Aunque fuimos hechos de tiempo y de barro nuestro destino son la eternidad y el Cielo, y el sentido del dolor escapa a nuestra dimensión terrenal. Por eso al reflexionar sobre el valor del sufrimiento debemos partir por redimensionar nuestra perspectiva de apreciación acerca de los verdaderos males que afligen al hombre, comenzando por reconocer que el único mal absoluto es el infierno.

 

No todo el mal que sufre el hombre procede de cataclismos o enfermedades. Parte del sufrimiento de los hombres es causado por otros hombres. La injusticia social, por ejemplo, no es sino el producto de hombres que, teniendo el poder de incidir en las vidas de otros hombres y el libre albedrío o libertad de escoger entre hacer el bien o el mal, los someten a esquemas de miseria y opresión.

 

Buscar el sentido del sufrimiento en la ocasión para ejercitar la caridad podría parecer un razonamiento siniestro pero, considere usted que si no existieran la pobreza ni las enfermedades ni las injusticias ni las catástrofes naturales no tendrían significado el amor, el sacrificio ni la entrega generosa. Si no existieran esos flagelos estaríamos ya en el Cielo. Y entonces ¿qué sentido tendría esta tierra a la que fuimos arrojados tras el pecado de Adán? Ningún propósito tendría el hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que se conmueve ante la desgracia del prójimo, el buen samaritano del Evangelio. Y, en cambio, esa parábola se ha convertido en uno de los pilares de la cultura moral de nuestra civilización.

 

Andan pregonando por allí: "pare de sufrir", pero esa divisa no es cristiana. Jesucristo mismo nos indica así el camino: "Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame". El dolor ofrece al cristiano la ocasión de dar testimonio de su fe. El Evangelio del sufrimiento habla ante todo del sufrimiento "por Cristo", "por Su causa", "por Su nombre". De igual manera, el hombre que descubre en los sufrimientos propios los sufrimientos de Cristo, les da contenido y significado.

 

Tampoco as que seamos masoquistas los cristianos. Yo contra la neuritis tomo Naxen cada doce horas, y para el dolor que no puedo quitarme con una tableta de 500 miligramos la fe me da la certeza, aunque muchas veces yo no lo entienda, de que existe un significado.

 






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«El respeto a la ley enaltece nuestro espíritu»

G. B. Quever
Insurgentes Sur 949
03810  México, D.F.

lunes, 19 de abril de 2010

Vacaciones: Descanso físico y alimento espiritual

 
Querien Vangal
junio / 2007
 


Antes de la oración mariana, el Papa dirigió unas palabras a los cientos de personas que habían acudido a saludarlo. "Frente a estos espectaculares prados, bosques y cimas que se elevan hacia el cielo -dijo- brota espontáneamente en el ánimo el deseo de alabar a Dios por las maravillas de su obra y nuestra admiración ante estas bellezas naturales se transforma fácilmente en oración".

 

"Todo buen cristiano sabe que las vacaciones son un tiempo oportuno para que el físico descanse y el espíritu se nutra dedicando más tiempo a la oración y la meditación, para crecer en la relación personal con Cristo y conformarse cada vez más a sus enseñanzas".

 

El Papa se refirió después a la lectura del evangelio de hoy, el relato del buen samaritano, y afirmó que "cada uno de nosotros debe hacerse prójimo de todo aquel que encuentra. Amar, dice Jesús, es comportarse como el Buen Samaritano. (...) Nosotros sabemos, además, que el Buen Samaritano por excelencia es Él: aún siendo Dios, no dudó en rebajarse hasta hacerse hombre y dar la vida por nosotros".

 

"El amor es, por tanto, el corazón de la vida cristiana; efectivamente sólo el amor, suscitado en nosotros por el Espíritu Santo, nos hace testigos de Cristo", subrayó el Santo Padre, y recordó que a "esta importante verdad espiritual" estará dedicado el Mensaje para la XXIII Jornada Mundial de la Juventud que se publicará el próximo viernes, 20 de julio y cuyo título será: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos".

 

"Este es el tema queridos jóvenes -concluyó- sobre el que os invito a reflexionar durante los meses próximos, para preparaos a la gran cita que tendrá lugar en Sydney (Australia), dentro de un año".



Una crítica exaltación a la misión del padre

Querien Vangal
junio / 2007

 

 Cuando hablamos del 'padre' o del 'padre de familia' o del 'padre de los niños', casi siempre lo hacemos en función de la madre, pero, cuando hablamos de la 'madre', en pocas ocasiones por prudencia quizá, nos atrevemos a preguntar por el 'padre', como si tener madre bastara.

A principios del siglo XX, la mayor parte de los niños esperaban razonablemente crecer en un hogar con papá y mamá; hoy ya es común que no sea así. Se comienza a aproximar la paridad de 'paternidad' con la de 'sin-padre' que es lo mismo a 'madre divorciada', como rasgo característico de muchos niños. Si ampliamos un poco nuestra imaginación, pensemos cuántos niños el día de hoy se irán a dormir por la noche, o llegarán de la escuela y tratarán de identificarse con un adulto masculino en un hogar en donde no vive su padre. Hay estadísticas de países adelantados como por ejemplo: E.U.A., en donde la mitad (50%) de los niños que alcanzan los 18 años de edad, han pasado la mayor parte de sus vidas alejados de su padre y todos ellos crecen sin saber lo que significa tener un papá.

En estadísticas demográficas se demuestra la tendencia de esta generación: crecer sin un padre. Ante esto, se destacan las políticas de ayuda a las madres solteras, ampliación de horarios en las guarderías y una mayor cantidad de las mismas, etc. Crecer sin padre es la causa principal del decremento del bienestar de los niños en nuestra sociedad, asimismo, es el motor que genera algunos de los problemas sociales más serios: desde el crimen hasta los embarazos juveniles, el abuso sexual, la violencia doméstica. Sin embargo, a pesar de las consecuencias sociales, los hogares sin padre constituyen un problema prácticamente ignorado o negado; a este problema aún no se le ha dado un nombre aunque esté cambiando ya la visión social. Es un hecho que la sociedad que habla el mismo idioma, vive en el mismo país y tiene una misma historia, se encuentre dividida en dos grupos separados y desiguales que viven vidas diferentes: un grupo habrá tenido beneficios psicológicos, sociales, económicos, educativos y morales y todo esto habrá sido negado al segundo grupo. La línea que divide a estos dos grupos no es la raza, ni la religión, clase social, educación o género. La línea es el patrimonio, en el primer grupo se encontrarán aquéllos que habrán crecido con la diaria presencia y provisión de un buen padre y una madre y en el segundo grupo estarán aquéllos que no los tuvieron. Por fortuna, ambos grupos aún no son equivalentes en número pero lo serán según las tendencias.

Hace poco observé por la calle a un joven que llevaba una camiseta con una inscripción que me dio escalofrío, decía: " Hijo de nadie ". Preguntémonos: ¿Quién se puede poner una camiseta así?

¿Por qué está decayendo la paternidad? ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Puede esta sociedad hacer algo para reforzar la paternidad efectiva como signo de conducta del comportamiento masculino?

Existen datos alarmantes en cuanto al incremento de divorcios, que además parece incentivarse al proponerse cambios de ley que lo hagan más expedito; se dan soluciones ignominiosas a embarazos indeseados dando muerte a seres humanos aún no nacidos; el problema de la pobreza que es constante; violencia juvenil; conjuntos habitacionales inseguros; debilitamiento de la autoridad paterna. En todos estos problemas se omite plantear el elemento común a todos ellos: la huida de los varones de la vida de sus hijos. Ni siquiera se nos ocurre socialmente hablando, que puede ser muy probable que este sea el principio de todos aquellos problemas. Tratamos de evitar esta conexión porque, como sociedad, estamos cambiando el papel que juega el hombre en la vida familiar; como idea cultural, nuestro entendimiento tradicional del padre está en condición crítica.

Debemos también considerar el hecho de que la exclusión de la mujer de la vida política, jurídica, económica y cultural trajo consecuencias negativas, no sólo para su realización personal sino para toda la sociedad. Frente a esto, surgió el primer feminismo o feminismo liberal de la igualdad y después el feminismo de la diferencia que reivindicó en parte los valores que tradicionalmente había asumido la mujer aunque tuvo el desacierto de hacerlo desde una posición de exaltación unilateral de lo femenino, esto es, considera a los varones como "patriarcas" guiados exclusivamente por criterios de poder y de violencia. El error está en que atribuye al género masculino los caracteres y modos de construir la realidad que a éste le había asignado la modernidad.

Actualmente ha surgido, aunque aún no con suficiente fuerza, una nueva corriente en la que se trata de evitar caer en los errores, tanto del subordinacionismo como del igualitarismo de la mujer con respecto al varón ya que ambos son excesos. Se presupone entonces que mujer y hombre somos diferentes pero al mismo tiempo, iguales antológicamente ya que ambos somos personas y por tanto, poseemos igual dignidad . A esta corriente se le llama 'feminismo de la complementariedad' y por tanto ambos, varón y mujer participan de la misma naturaleza y tienen una misión conjunta: la familia, la cultura y la sociedad.

La Organización de las Naciones Unidas, Commission on the Status of Women (Comisión sobre el Status de la Mujer, 2004) recomienda que es necesario urgir el "establecimiento del principio de poder compartido y responsabilidad entre mujeres y hombres en el hogar, en el sitio de trabajo y en los amplios ámbitos de las comunidades nacional e internacional", y más adelante en el inciso h) añade "crear programas educativos que desarrollen conciencia y habilidades entre los varones, incluyendo los jóvenes en su papel de padres y la importancia de compartir responsabilidades familiares".

Me permito compartirles una pequeña experiencia familiar: cuando mi hijo mayor se casó hace casi cinco años, muchos de sus amigos también casaron y han evitado la paternidad o tienen actualmente de 1 a 3 hijos. Aunque casi todos tienen entre 33 y 35 años de edad, hoy la mayoría están separados o en trámites de divorcio. ¿Qué ha pasado? Los hombres en general y los padres en especial se conceptúan como superfluos para la vida en familia. La masculinidad misma, entendida de otras maneras diferentes de lo que se consideraba ser hombre, es tratada con sospecha en nuestro discurso cultural. Consecuentemente, nuestra sociedad no puede sostener y ni siquiera encontrar una razón para creer en la paternidad como un distintivo dominante de la actividad masculina. Asimismo se ha olvidado que cualquier diferencia entre varón y mujer presupone necesariamente, la igualdad. Esta igualdad presupone a la vez dos elementos estructurales comunes a ambos: su dignidad intrínseca y su carácter independiente.

El primero implica que todo ser humano, mujer o varón posee una excelencia o eminencia ontológica, una superioridad en el ser frente al resto de lo creado . El segundo elemento que sustenta la igualdad radica en que varón y mujer somos seres relacionales e interdependientes. De esto se deduce que debe construirse una cultura de corresponsabilidad y que ésta debe asentarse en la superación de la trampa antropológica que supone la exaltación de los criterios considerados masculinos en la sociedad. Los llamados "modos de ser masculinos" como el individualismo, la utilización irresponsable de la sexualidad o la poca dedicación a la familia son en cierto modo, los atributos y actitudes que la modernidad asignó al varón y que éste ha asimilado, en gran medida, de una manera acrítica.

La pregunta esencial es ésta: ¿Necesita cada niño un padre?

Nuestra sociedad actual contesta: - No - , o por lo menos: - no necesariamente -, ¡Cuidado! está en juego nada más ni nada menos lo que significa ser todo un hombre; además, quiénes serán nuestros niños y qué clase de sociedad queremos.

Muchas programas televisivos dan mensajes de padres que son ya sea débiles, ignorantes o indiferentes y ante sus hijos se presentan como perdedores. ¿Qué mensaje se da a los niños sobre el valor de un padre? ¿o sobre el modelo que necesitan los niños para su futuro como padres de familia? ¿o a las niñas en la búsqueda de su futuro esposo?

Sólo me resta decir a todos los padres que leyeron este artículo:

¡ Hey ustedes, padres de familia!! ¡Los necesitamos!!

 

 

 



Una bonita anécdota

 

Querien Vangal
junio / 2007

 

El padre José Luís Martín Descalzo narraba una anécdota que le sucedió a un compañero de trabajo. Este amigo suyo volvía de la oficina a su casa. Al llegar a la estación compró, como siempre, un billete de metro, pero al pagar se llevó una sorpresa. La chica que le atendía, con una sonrisa tímida, le respondió: «Hoy no tiene usted que pagar». El hombre se quedó de una pieza. Preguntó el porqué. «Porque ayer se fue sin coger el vuelto», respondió la chica desde el otro lado del cristal. ¿Acaso recordaba su rostro? ¿Conocía quién era? Nada de eso. La chica ni siquiera había estado el día anterior; pero una compañera le había dicho por la mañana: «Cuando venga el señor que siempre nos da las buenas tardes, dile que hoy no tiene que pagar». Con esta referencia, la muchacha en turno supo puntualmente de quién se trataba.

Una hermosa experiencia que hace brillar la nobleza de un corazón. Sin embargo, esta misma luz pone de manifiesto la oscuridad de tantas personas que han olvidado ya ser amables con los demás. ¡Cuántas personas pasarían por aquellas taquillas del metro madrileño! Y sólo una de ellas era inconfundible porque era «el señor que siempre nos da las buenas tardes».

En la cultura que se ha ido imponiendo en nuestros días parece que ser amable es ser amilanado, débil o, simplemente, tonto. Expresiones que denotan respeto y educación se evitan, ya que el usarlas nos haría quedar mal delante de nuestro "círculo de amistades".

Si le doy las gracias al mesero que me sirve la mesa dejaría entrever que estoy necesitado de su servicio. Como en todos los casos implica una degradación de nuestra grande personalidad, mejor no usarlas para poder aparecer como alguien fuerte y seguro de sí mismo.

Ser amable no es sinónimo de falta de reciedumbre. Todo lo contrario, produce más admiración y gratitud quien dice: «pase usted» que quien simplemente se echa a un lado para quitarse de enfrente de la puerta. Ser cordial indica mayor entereza y domino que poner un rostro frío de absoluta indiferencia. El "duro" se hace respetar, el cortés es respetado por lo que es.

Siempre tenemos cientos de oportunidades para ser amables con los demás. Basta pensar que, cada mañana, podemos decir «buenos días» a nuestros padres, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a los profesores, a los compañeros de oficina o al conductor del autobús.

Ceder el asiento en el metro a una señora o a un anciano se puede hacer con facilidad. Desear un buen día de trabajo al mesero de nuestro café preferido no cuesta mucho. Oportunidades, desde luego, no faltan; sólo hay que descubrirlas y hacer la costumbre.

Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo. ¿Por qué? Porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad de lo que verdaderamente son: personas e hijos de Dios. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días».



Desmitifican perfil de emigrante mexicano


Enrique Galván-Duque Tamborrel
junio / 2007

 

 

«Contrario a lo que se creía, quienes tienen ingresos medios son los que más salen del país, no los pobres».


Contrario a la creencia de que los emigrantes en México provienen de los hogares con mayor pobreza, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer que los hogares con ingresos intermedios tienen mayores tendencias a salir del país hacia Estados Unidos.

Luís Felipe López Calva, director de la oficina regional de PNUD, dijo durante la presentación del estudio Informe sobre Desarrollo Humano México 2006-2007 en su tercera edición dedicada a la emigración, que quienes ganan entre 10 mil y 15 mil pesos trimestrales (unos 900 y 1,500 dólares) son los que buscan salir del país ante la brecha de la desigualdad con la riqueza.

"En cierta medida, este resultado apoya la idea de que se necesita cierto nivel de ingreso en el hogar para tomar la decisión de migrar", señaló.

Thierry Lemaresquier, representante residente del PNUD en México, consideró que es natural que la emigración se esté dando de esta manera, porque los pobres necesitan financiamiento para irse y los ricos tienen una fuente estable de empleo.

Esto se detalla en el informe: "Los pobres, en muchos casos, la decisión de migrar la toman con urgencia, ya sea con el fin de pagar una deuda antes de que la familia quede en la ruina, disponer de dinero antes del siguiente ciclo agrícola, reconstruir cuanto antes la casa o suplir de inmediato el ingreso perdido de un recién desempleado para poder subsistir".

Esta urgencia —continúa— limita las alternativas de la migración. Por ejemplo, reduce las posibilidades de negociar cuidadosamente con el traficante de personas llamado coyote (coloquialmente denominado pollero) el costo del cruce y de asegurar vivienda o empleo en la localidad de destino antes de partir.

"En contraste, los jefes de familia no pobres suelen tener una visión de mediano plazo, con planes específicos de acumulación de activos por medio de la migración, en muchos casos gracias a la posesión de visas de turista o permisos de residencia, sin necesidad de acudir a prestamistas informales, opción de financiamiento que suele ser de alto costo".

Además, indica el estudio de desarrollo humano, la pobreza también influye en la organización del viaje. Los emigrantes con mayores recursos escogen casi siempre la seguridad y no el bajo costo. La población pobre suele tener redes sociales de menor alcance, lo que limita su control sobre la organización del viaje, debido a la falta de experiencia acumulada.

La desmitificación del perfil del emigrante mexicano surge de una pregunta fundamental que se hizo PNUD al inicio de su estudio: ¿La migración es producto del ejercicio de la libertad de las personas o es la única opción disponible?

La pobreza y la emigración se han asociado tradicionalmente porque los municipios que reciben remesas más cuantiosas por habitante son rurales y altamente marginales: 29% de las remesas tiene como destino 492 municipios con niveles muy altos de marginación, donde vive 8.6% de la población mexicana.

Sin embargo —destacó López Calva— la distribución geográfica de los flujos migratorios no corresponde con la de los niveles de pobreza.

"De los cinco estados con mayor marginación, sólo dos muestran tasas de migración superiores al promedio. Esas entidades no constituyen evidencia suficiente para concluir que existe una dinámica de la migración explicada fundamentalmente por la pobreza. Los niveles máximos de emigración se observan en municipios con marginalidad y pobreza medias", explica el estudio.

Se estima que alrededor de 400 mil personas cruzaron anualmente la frontera entre México y Estados Unidos en el periodo 2001-2005. En este último año, el Consejo Nacional de Población (Conapo) calculó que radicaban en Estados Unidos más de 11 millones de mexicanos.

Independientemente del perfil de la emigración, el PNUD lamentó, en voz de Lemaresquie, la pérdida de desarrollo humano en México debido a la emigración. Señaló que por ahora los estados que más pierden son Chiapas, Sinaloa, Veracruz, Oaxaca, Puebla y Sonora.

El organismo de la ONU realiza en todos los países afiliados un índice para medir el desarrollo humano a partir de la esperanza de vida, educación e ingreso per cápita. Este último reporte en México estableció que la ausencia de migración implicaría un índice de desarrollo mayor para 25 de los 32 estados de México.

 


Cuando la víctima vence al verdugo

 

Querien Vangal
junio / 2007

 

El verdugo desea el mal de la víctima. Ultrajar, golpear, herir, matar a un hombre inocente y desarmado es posible sólo desde un odio profundo, desde un anhelo perverso de daño.

 

Pero la víctima posee un alma, un corazón, una interioridad, que ningún verdugo podrá tocar. Sus certezas, sus convicciones, sus amores, son capaces de vencer el deseo de mal, de mirar la misma muerte con esperanza gozosa, de ofrecer un gesto de perdón al asesino.

 

Sócrates afrontó su muerte con una serenidad envidiable. Quienes le condenaron a la pena capital deseaban librarse de él, arrojarlo a sufrimientos denigrantes. Sócrates, en cambio, puso su confianza en la divinidad, acogió el "destino" con la certeza de que la muerte no puede dañar al inocente, porque si la permite Dios será para otorgar un bien más profundo.

 

Muchos cristianos de todos los siglos han afrontado el martirio con una paz profunda, quizá superior a la de Sócrates. Al aceptar la muerte, al ofrecer su cuello a la espada o su pecho a las balas asesinas, ponían la propia vida en manos de un Dios que es misericordia, que acoge a sus hijos, que no permite que el mal derrote a sus amigos.

 

El recuerdo de los miles de mártires en España y en el mundo entero abre un horizonte inmenso de esperanza. Para quien confía en Dios, para quien acepta que la vida es un preámbulo de un cielo inmensamente bello y justo, la muerte cobra un sentido nuevo, es acogida en un clima de paz serena.

 

De modo especial, el perdón ofrecido por tantos mártires a sus verdugos testimonia la existencia de un amor superior, de caminos de justicia y de concordia. Porque el mal no se elimina a costa de odios desatados, sino desde corazones abiertos, gracias a los cuales víctima y verdugo pueden abrazarse, más allá de la muerte, como hermanos.

 

Existe, es la fe sincera de cada mártir, un Dios que ayuda y acoge a quienes optaron por el perdón, a quienes decidieron ser fieles a un Cristo que les enseñó a vencer el mal con un gesto de amor sincero.

 

Desde entonces, la víctima vence al verdugo. Por eso el odio merece ser olvidado, mientras que la única memoria que llega a lo profundo de la historia humana es la de quien se une a un Crucificado que murió diciendo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".