domingo, 27 de junio de 2010

La ilusión en la vida

 

 Querien Vangal

Agosto / 2007

 

…pero mueren contentos porque creyeron tener alas.
(Amado Nervo)

 

"Sin ilusiones la humanidad moriría de desesperación o de aburrimiento", dijo Anatole France.

 

Todas las aventuras, los inventos, los hallazgos arqueológicos...se han llevado a cabo gracias a personas ilusionadas en la vida.

 

Acuérdense del alpinista Edmund Hillary, el neozelandés que escaló por vez primera la cima del Himalaya, clavando lleno de ilusión y sano orgullo su bandera nacional. La ilusión de los conquistadores españoles que se echaron a la suerte y se lanzaron a alta mar, conquistando México, Perú y las Américas, y llevando la fe cristiana, aunque a muchos les costó la vida. El bacilo de Koch, la penicilina de Fleming, la máquina a vapor de James Watt y Stephenson, el cine de los hermanos Lumiére, el submarino de Monturiol e Isaac Peral, el avión de los hermanos Whright...todos estos inventos se llevaron a cabo gracias a la ilusión de estos hombres. Sin ilusión no hay avances, ni progreso, ni heroísmo. Sin ilusión la humanidad muere de desesperación o de aburrimiento. La ilusión da ganas de vivir y nos hace crecer las alas de nuestra alma.

 

La ilusión empuja, arrastra, tira, fascina por su contenido y pone en marcha la motivación. Es como sentirse hipnotizado ante aquello que queremos conseguir.

 

¡Cuántas veces hemos oído de algún amigo que, con el rostro radiante, nos dice con palabras rotundas: "Estoy muy ilusionado"!

 

¿Qué podemos decir de la ilusión positiva, la que no deforma la realidad, como veremos después, sino que es el soporte de la acción, la energía emocional que nos mueve en pro de la consecución de nuestro proyecto?

 

No pocas veces la realidad cotidiana se nos presenta "gris", enormemente rutinaria, por seguir una pauta marcada y, por tanto, desprovista de incentivos. Es verdad que cada día nos vemos obligados a realizar una serie de tareas que son más o menos iguales; pero detengámonos y pensemos:

 

1) ¿Por qué, en vez de mantener fija nuestra vista en el componente negro del gris, no impregnamos mucho más nuestra mirada del componente blanco?

2) Aunque desempeñemos todos los días las mismas tareas, no quiere decir que tengamos que realizarlas de la misma manera. Podemos hacer intervenir a nuestra fantasía, de manera que demos calor y alegría a lo que es rutinario y repetitivo.

3) Por otra parte, siendo el hombre ser inacabado y continuo proyecto, siempre es posible diseñar proyectos que se salgan de lo cotidiano, que sean asequibles y nos motiven.

 

Tanto si nos ocupamos en las tareas necesarias del cotidiano vivir, como si proyectamos cosas nuevas, debemos vivir con ilusión y realizando un constante ejercicio de esperanza. Un buen resultado se obtiene haciendo bien lo que debemos hacer, con ilusión positiva, fundada en la percepción real de las cosas.

 

 



La gran lección de la vida

 


Querien Vangal

Agosto / 2007



 

Había una vez un anciano, que solo buscaba alguien que lo escuchara. Caminó por ciudades, transitó por caminos buscando siquiera una sonrisa humana.....pero.... era tanta la prisa que todos llevaban....que ni esa sonrisa la pudo encontrar.

 

Desanimado, y falto de fuerza, se sentó sin esperanza junto a un árbol....allí, precisamente allí, encontró a otro anciano también desanimado porque tampoco había encontrado quien le brindara una sonrisa y lo escuchara.....ambos comenzaron hablar de sus tristezas, de sus amarguras, de su desesperanza. Ambos encontraron el mismo camino de ingratitud, de egoísmo y amargura....ambos terminaron convencido de una cosa: lo importante de saber escuchar y ser escuchado, de saber compartir las penas y los sufrimientos de los demás....

 

Ambos aprendieron la gran lección que le habían dado los hombres.... el camino del egoísmo sólo lleva a la destrucción de los valores más importantes de la humanidad: amar, compartir y servir.

 

Aprendamos también nosotros ésta hermosa lección, que estos dos ancianos nos dan: vivir solo para sí ,es el pecado más grave de la humanidad de hoy.



sábado, 26 de junio de 2010

La Familia

 

Enrique Galván-Duque Tamborrel

Agosto / 2007

 

A través del tiempo se ha planteado la idea de que, dependiendo de la eficacia de la acción del Estado, los pobres dejarán de serlo como consecuencia de los "programas sociales". Algunos piensan que se saldrá de la pobreza en la medida en que la sociedad resuelva por sí misma ciertas carencias, o presione al Estado para hacerlo. Otros plantean que todo dependerá de la capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece el proceso económico, lo que se relaciona con el concepto de "habilitación", que apunta a identificar los factores personales y espirituales que inciden en que los pobres "surjan" (2)

 

Este concepto lleva a modificar la idea economicista clásica, en que los resultados materiales tangibles, como por ejemplo el disponer o no de una vivienda propia y nueva, son los factores determinantes en la superación de la pobreza, cuando en verdad debiera enfatizarse, junto a lo anterior, el desarrollo de capacidades individuales, familiares, comunitarias y de la sociedad en su conjunto.

 

Las declaraciones de las reuniones cumbres de organizaciones macrosociales demuestran el reconocimiento cada vez mayor de que es necesario disponer de múltiples programas sociales y de salud no sólo para el individuo, sino también para la familia y la comunidad circundante. Las metas escogidas constituyen un reto de dimensión mundial, y sólo podrán alcanzarse si se encuentran nuevas maneras de ampliar la cobertura a los grupos subatendidos.

 

Para avanzar más allá de la supervivencia y lograr crecimiento y desarrollo normales, con buena salud y avance integral de las familias, será necesario contar con un compromiso firme de los líderes políticos (3). Consideramos que la mayoría de las políticas públicas para elevar el bienestar de los pobres descuidan los problemas que precisamente los llevan a una integración deficiente con la sociedad. Prevalece en esto, el concepto de que sólo el mejorar las condiciones materiales, mejorará la calidad de vida en forma global.

 

Algunas de estas ideas están reflejadas en varios documentos emitidos por la Organización Panamericana de la Salud (3, 4), en los cuales se expresa la necesidad de promover políticas públicas que fortalezcan a la familia en forma integral, teniendo en consideración las transformaciones que ésta ha experimentado en las últimas décadas. Deben considerarse entre ellas, el aumento de la familia monoparental encabezada por mujeres, aumento en la edad promedio del primer matrimonio, incorporación de la mujer al mercado laboral, cambio de roles de género al interior de la familia, menor tamaño de las mismas y la mayor carga vinculada al aumento de los miembros dependientes.

 

La familia, al menos en teoría, es la institución fundamental que une a las personas vinculadas, por nacimiento o por elección, en un hogar y unidad doméstica. Se ha dicho que "la familia conforma un espacio de acción en el que se definen las dimensiones más básicas de la seguridad humana: los procesos de reproducción material y de integración social de las personas" (5). Se ha mencionado que la familia es esencial para la humanización de la persona, y que el desarrollo psicológico del niño tiene estrecha relación con el entorno donde es criado, en el amplio sentido de la palabra. Todo ello plantea la necesidad de generar políticas públicas que también consideren a la familia como el centro de la atención de salud, más allá de las condiciones físicas: la salud del sistema familiar representa más que la suma de la salud de los individuos que la conforman (4).

 

En discordancia con lo anterior, observamos que la mayoría de las acciones de salud pública y políticas habitacionales gubernamentales enfatizan la salud y la seguridad física vista en forma individual, centrándose en datos como número de viviendas, nivel de polución, agentes biológicos, tóxicos u otros; de esta forma, relegan a un segundo plano la salud mental individual, familiar y comunitaria, dejando también de lado la interacción entre el ambiente y el ser humano (6).

 

En esta línea se plantea que podrían existir tres fuentes de influencia del ambiente en el individuo:

 

  1. Como fuente de estrés: Elementos como la polución, el ruido, el hacinamiento, el temor a la delincuencia.
  2. Como influencia en la red social y de apoyo, que tiene que ver con amistades, conductas de vecindario y apoyo grupal.
  3. Como efecto simbólico y de etiquetamiento social; por ejemplo, hay barrios denominados "de tráfico de drogas" u otros "de delincuentes" o "de la gente linda".

 

En relación con el entorno habitacional, existe la creencia generalizada de que el ambiente contribuye al estado del ánimo. De hecho, es fácil imaginar el efecto que una vivienda tiene en este aspecto cuando consideramos frases como "qué deprimentes los colores de la pieza" o "da gusto vivir en una casa como ésta". En consecuencia, el averiguar qué factores de tipo habitacional, de la vivienda, la calle o el barrio, afectan los distintos elementos de la salud mental de un individuo, la familia o comunidad que habita ese espacio debiera constituirse en tema preferente de investigación psicosocial, ecológica y de salud mental comunitaria..

 

Enfermedad Mental y Vivienda

 

Existe evidencia que correlaciona el ambiente con la salud mental. En un artículo aparecido a comienzos del siglo pasado, se definió el síndrome de "neurosis suburbana", en el cual se describió cómo los barrios, la distancia desde la casa al empleo, la pérdida de un vecindario familiar y el aislamiento social aumentaban el índice de trastornos ansiosos (7). Stafford y Marmot (8), en un trabajo basado en el estudio longitudinal de Whitehall II de 1997 a 1999 en la población británica, demostraron cómo el empobrecimiento individual y del barrio incrementaba el riesgo de depresión. Weich et al. (9) plantearon la hipótesis de que existiría mayor prevalencia de depresión en áreas donde existen "incivilidades sociales", caracterizadas por edificios abandonados, abundantes graffiti o espacios públicos abiertos.

De gran interés es el estudio longitudinal realizado por Sundquist et al. (10), que abarcó la totalidad de la población de Suecia entre 25 y 64 años, con un total 4,4 millones de personas, por un período de tres años. Mediante el análisis de índices tales como el ingreso hospitalario por depresión o psicosis, se evidenció una clara relación entre niveles de urbanización, evaluado por densidad poblacional, e incidencia de psicosis y depresión. En el modelo ajustado por edad, el quinto quintil, conformado por personas que vivían en zonas con mayor nivel de densidad, presentó mayor riesgo de depresión (125 - 166 %) y psicosis (27 - 43 %) que el primer quintil.

 

Con respecto a la vivienda propiamente tal, Birtchnell (11) evaluó la asociación entre depresión en mujeres jóvenes casadas y variables de diseño de la vivienda, relacionadas principalmente con densidad, accesibilidad, privacidad y manejo de zonas "buffer" entre los espacios públicos y privados (por ejemplo, entradas comunes a las viviendas); el estudio demostró una relación significativa entre residir en viviendas más deficitarias y experimentar más patologías depresivas.

 

En relación con el tipo de vivienda, Evans et al. (12), tras una extensa revisión de la literatura, concluyen que casi todos los estudios (diecisiete trabajos versus uno) sugieren que los domicilios múltiples (por ejemplo, edificios) se asocian con hallazgos adversos en salud mental, en comparación con viviendas separadas, aunque los estudios presentan problemas metodológicos. Al analizar los efectos de habitar en pisos altos, de ocho estudios, seis presentaron asociación con pobre salud mental (evaluando depresión, número de incidentes psiquiátricos, niveles de neurosis, entre otros).

 

Los mismos autores (12) hacen notar que factores no habitacionales "moderan", amplificando o atenuando, los efectos de la vivienda sobre sus moradores. Por ejemplo, las mujeres que se quedan en casa con niños pequeños, son especialmente vulnerables si viven en la parte alta de los edificios. Esto posiblemente es debido al aislamiento social causado por la imposibilidad de poder dejar jugar a los niños fuera de la casa. Otros moderadores serían el sexo, la edad, el nivel socioeconómico del vecindario, hacinamiento, ruido, etc.

 

Evans et al. (12), además, identifican cinco "procesos mediadores", que corresponderían a los mecanismos psicológicos por los cuales un factor externo, como la vivienda, influye en el bienestar psicosocial:

 

  1. Identidad: La vivienda como símbolo de quien somos, tanto hacia nosotros mismos como hacia otros. (Ej.: estigmatización de residentes de viviendas sociales).
  2. Inseguridad: Movilización habitacional involuntaria. Preocupación sobre seguridad e higiene puede aumentar síntomas de ansiedad.
  3. Apoyo social: Aislamiento y soledad en residentes de edificios altos.
  4. Paternidad: Se ha asociado restricción de los juegos infantiles con escaso espacio en viviendas en pisos altos. Padres sin sitios de privacidad pueden estar menos dispuestos a interactuar con sus hijos.
  5. Control: El tamaño y la calidad del espacio pueden dificultar la regulación en las interacciones sociales. Ejemplo de esto es que las entradas de grandes edificios son difíciles de controlar y se han asociado a más eventos criminales.

 

Al analizar la calidad de la vivienda, Weich et al. (9), en un estudio que incluyó a 1,887 individuos en Gran Bretaña, encontró una asociación significativa entre depresión y habitar en una vivienda con problemas estructurales tales como humedad, goteras en el techo, maderas estructurales podridas y presencia de plagas. En una revisión que abarcó 27 estudios, la totalidad de ellos señalaron que la calidad habitacional se correlaciona en forma positiva con el bienestar psicológico de sus residentes (12). Se utilizaron múltiples medidas operacionales tales como presencia de roedores, humedad, moho, insatisfacción con la vivienda, etc. Lamentablemente, la mayoría de estos reportes no son concluyentes y presentan problemas metodológicos (por ejemplo: caracterización de la calidad habitacional basadas en auto-informes de los residentes).

 

En relación con la densidad intradomiciliaria, Gabe (13) describe, en mujeres inglesas, una relación positiva entre altos niveles de hacinamiento (1,5 personas por habitación) y estrés. Por otro lado, en un estudio realizado en Toronto, Canadá, Hwang et al. (14) encontraron un nivel comparativamente menor en salud física y mental estadísticamente significativo en relación con el resto de la población, en personas mayores de 35 años que vivían en habitaciones subarrendadas.

 

En esta misma línea se está realizando un estudio pan-europeo sobre vivienda y salud, entre cuyos objetivos está el generar recomendaciones concretas acerca de salud mental y vivienda, así como a estudiar la interrelación entre pobreza, vivienda y salud (15). Esta investigación se está desarrollando con información recopilada en ocho ciudades de Europa, con un total de 8,519 individuos y 3,373 viviendas. Los hallazgos preliminares, expuestos en la Cuarta Conferencia Ministerial en Ambiente y Salud Europea (16), pueden ser resumidos así:

 

Las personas son significativamente más depresivas y ansiosas cuando viven en viviendas que:

  1. No presentan suficiente protección ante agresiones externas: ruido, vibraciones, humedad, moho, corrientes de aire o frío en invierno.
  2. No tienen espacios de privacidad (hacinamiento o pobre diseño arquitectónico), o sus residentes manifiestan no sentirse "libres".
  3. Carecen de luz y/o no tienen una vista agradable del exterior.
  4. No facilitan socialización (ausencia de parques o jardines).
  5. Presentan objetivos fáciles a acciones de vandalismo.

 

También se relaciona con depresión y ansiedad, el que los habitantes presenten:

  1. Bajo nivel socioeconómico.
  2. Temor a perder la vivienda.
  3. Incapacidad monetaria para cambiar de residencia.
  4. Una mala imagen del barrio.

 

Por otra parte, dilucidar si los índices deficientes en salud mental son causados por el medio ambiente o por migraciones selectivas hacia esos mismos barrios, también ha sido motivo de investigación. En tal sentido, un estudio longitudinal a 10 años, realizado en Oslo evaluó la influencia de estos factores, concluyendo que estresores ambientales tales como falta de servicios y posibilidades recreacionales, problemas económicos y déficit en las redes sociales, tendrían más influencia en la salud mental de sus habitantes (ansiedad y depresión), que migraciones selectivas de personas con mala salud mental hacia esos mismo lugares (17). Lo anterior da cuenta de la importancia del ambiente y su impacto directo en las políticas sociales de prevención e intervención.

 

Pobreza, Familia y Vivienda

 

Enríquez (18), en su estudio sobre familias de bajos recursos en México, observó que en mujeres pobres viviendo en zonas urbanas, el apoyo emocional se concentra en los propios miembros de la familia nuclear, lo que confirman otros estudios (19, 20). Por lo mismo, cuando se habla de la necesidad de disponibilidad de recursos emocionales, no sólo se debe pensar en el vecindario, o redes sociales del macrosistema (municipalidad, consultorio), sino en fomentar la mejoría en la disponibilidad de recursos intrafamiliares. Ello es aún más imprescindible en momentos de riesgo, como son las fases de transición en una familia; tal sería el caso de un cambio de vivienda, con toda la alteración que esta situación conlleva.

 

La situación de los allegados y sus relaciones familiares constituye otro elemento que debe ser considerado al momento de diseñar políticas habitacionales. En una encuesta realizada en Santiago de Chile (21), se concluyó que el allegamiento no es sólo un tema de vivienda, sino también de pobreza. Es una estrategia de sobrevivencia tanto de los hogares o núcleos de allegados como de los hogares receptores. Hay fuertes lazos de apoyo entre receptores y allegados, con una gran interdependencia y, por lo mismo, una nueva vivienda, en algunos casos, no es por sí sola una respuesta adecuada a esta situación. Algunos de los allegados no se definen como tales, sino como familiares o arrendatarios, y muchos ven su situación como permanente. Otro sondeo en Chile, en el año 2000, mostró que el 28,6% de los hogares urbanos y 14,5% de los hogares rurales presentan la condición de allegamiento (22).

 

Cuando se interviene en una comunidad, trasladando a un grupo de familias desde un lugar ligado a malas condiciones de vida a otro en que se supone estas condiciones se verán mejoradas, los resultados no siempre se dan en la dirección esperada. De hecho, hay estudios que muestran lo contrario. En el nuevo lugar se presentan altos índices de alteración de la salud mental y la aparición de un síndrome denominado "New Town Blues" (7), habiéndose determinado que el mayor causante del estrés era el cambio y no el nuevo ambiente per se. Algunos investigadores concluyen que esta alteración sería sólo temporal (23, 24).

 

Discusión:

 

En el documento "Mundo de los pobres" (25) se plantea que la pobreza se supera "cuando un grupo social inicia con éxito y paso seguro, un proceso de transformaciones internas que le posibilitan incorporarse a la sociedad y a su proyecto. El umbral de la pobreza visto desde esta percepción humanista y comprensiva se ubica, en el ámbito de la cultura, en el espacio de la esperanza. Es la capacidad de iniciar procesos acumulativos económicos y, sobre todo, educacionales, culturales y espirituales".

 

Como hemos señalado, existe evidencia de la relación entre ambiente y salud mental. Barrios pobres se han asociado con aumento de trastornos mentales. Asimismo, las condiciones precarias a las que están expuestos los pobres, como alta densidad poblacional, contaminación ambiental, calles mal iluminadas, vivir en lugares húmedos y sucios, derivarían en conductas de aislamiento, incertidumbre y sensación de vulnerabilidad (26). A su vez, debido al restringido poder de decisión de la población en los barrios pobres y a sus escasas oportunidades de integrarse a la sociedad (27-29), éstos requieren especial atención y acción de los encargados de las políticas sociales en general, y habitacionales en particular.

 

Estas nuevas estrategias deberían considerar un enfoque integral. Barrios con adecuadas áreas recreacionales y verdes; diseños de viviendas que tomen en real cuenta la privacidad; apoyo al mantenimiento estructural de los inmuebles; programas que agrupen a familias relacionadas en zonas cercanas, para conservar los sistemas de apoyo familiar; mayores puntos de encuentro para facilitar las redes sociales entre vecinos; nuevos programas que identifiquen factores habitacionales de riesgo para la salud mental, generando intervenciones precoces y oportunas, son condiciones indispensables para poder influir, desde esta perspectiva, en una mejor salud mental de la población.

 

El fomentar modelos de intervención psicoeducacional a los individuos y familias que accedan a una nueva vivienda, debiera formar parte de los programas habitacionales latinoamericanos. Esto ayudaría a aquellas personas y familias que no disponen de los recursos emocionales ni conductuales adecuados, a enfrentar este cambio. Dada la diversidad de realidades en América Latina, se requieren más estudios que permitan (en función de las características culturales, sociodemográficas y económicas de la región) comprender el impacto de la vivienda, el barrio y medio ambiente en la salud mental, y así generar estrategias de intervención específicas para nuestra realidad. Para ello, más que un enfoque basado en el individuo o la familia, se requiere una visión centrada en el sistema que establece y rige al individuo, a la familia, su ambiente y a la sociedad entera.


Referencias:

 

  1. Dostoievsky F. Crimen y Castigo. Barcelona: Editorial Juventud; 1865.
  2. Tironi E. Algunas reflexiones sobre política social y pobreza. Estudios Públicos. 1995; 59(2):1-5.
  3. Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud. Informe de la 37º Sesión del Subcomité de Planificación del Comité Ejecutivo. La Familia y la Salud. Washington, D.C.: OPS; 2003. (Documento oficial SPP37/6 (Esp.).
  4. Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud. Informe de la 44º Consejo Directivo, 55a Sesión del Comité Regional. La Familia y la Salud. Washington, D.C.: OPS; 2003. (Documento oficial CD44/10 (Esp.).
  5. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Desarrollo humano en Chile. Las paradojas de la modernización. Santiago, 1998.
  6. Cooper-Marcus C, Sarkissian W. Housing as if PeopleMattered. Berkeley: University of California Press. 1986.
  7. Taylor S. Suburban Neurosis. Lancet. 1938; 1:759-761.
  8. Stafford M, Marmot M. Neighborhood deprivation and health, does it affects us all equally? Int J Epidemiol. 2003; 32:357-366.
  9. Weich S, Blanch M, Prince M, Burton E, Erens B,
    Sproston, K. Mental health and the built environment: cross-sectional survey of individual an contextual risk factors for depression. Br J Psychiatry. 2002; 180:428-433.
  10. Sundquist K, Gölin F, Sundquist J. Urbanization and incidence of psychosis and depression. Br J Psychiatry. 2004; 184:293-298.
  11. Birtchnell J, Masters N, Deahl M. Depression and the physical environement. Br J Psychiatry 1988; 133:56-64.
  12. Evans G, Wells N., Moch A. Housing and Mental Health: A Review of the Evidence and a Methodological and Conceptual Critique. J Soc Issues 2003; 59(3):475-500.
  13. Gabe J, Williams P. Women, Housing, and Mental Health. Int J Health Serv. 1987; 17(4):667-679.
  14. Hwang S, Martin R, Tolomiczenko G, Hulchanski JL. The relationship between housing condition and health status of rooming house residents in Toronto, Can J Public Health. 2003; 94(6):436-440.
  15. Bonnefoy X, Braubach M, Moissonnier B, Monolbaev K, Röbbe N. Housing and Health in Europe: Preliminary Results of a Pan-European Study. Am J Public Health. 2003; 93(9):1559-1563.
  16. Bonnefoy XR, Annesi-Maesano I, Aznar LM, Braubach M, Croxford B, Davidson M, et al. WHO-EURO, Review of evidence on housing and health. Presentado como documento de respaldo en Fourth Ministerial Conference on Environment and Health. Budapest, 2004. (EUR/04/5046267/BD/1).
  17. Dalgard OS, Tambs K. Urban environment and mental health. A longitudinal study. Br J Psychiatry. 1997; 171:530- 536.
  18. Enríquez R. Dinámica de las Redes Sociales y de Apoyo Emocional en Hogares Pobres Urbanos: El Caso de México. Presentado en la Reunión de Latin American Studies Association. Miami. Marzo 16-18, 2000. Hallado en URL: http://136.142.158.105/Lasa2000/EnriquezRosas.PDF
  19. Bazán L. El último recurso: Las relaciones familiares como alternativas frente a la crisis. Ponencia preparada para la reunión de Latin American Studies Association. Chicago: Study Association, 1998.
  20. Lara MA, Medina-Mora ME, Salgado de Snyder VN, Acevedo M, Díaz-Pérez MJ, Villatoro JA. Utilización de servicios para problemas de salud mental en población femenina: tres estudios. Salud Mental 1996; 19(2):42-49.
  21. Arriagada C, Icaza A, Rodriguez A. Allegamiento, pobreza y políticas públicas. Un estudio de domicilios complejos del Gran Santiago. Temas Sociales. Boletín del Programa de Pobreza y Políticas Sociales del Sur. 1999; 25:1-11.
  22. Ministerio de Planificación y Cooperación, División Social, Departamento Estudios Sociales. Situación Habitacional 2000, Informe Ejecutivo. Resultados Preliminares. Santiago; 2001. [Citada 2004 Agt 20]. Hallado en: URL: http://www.mideplan.cl/sitio/Sitio/estudios/documentos/informevivienda2000.pdf
  23. Willmot P. Social research and new communities. J Am Plann Assoc. 1967; 29:123-126.
  24. Kasl SV, Will J, White M, Marcuse P. Quality of the residential environment and mental health. En Baum A, Singer JE, eds. Advances in Environmental Psychology. Hillsdale, NJ Lawrence Erlbaum;1982. Pp 1-30.
  25. Consejo Nacional para la Superación de la Pobreza. Mundo de los Pobres. Santiago, Chile; 1994.
  26. Kotliarenco MA, Cáceres I, Fontecilla M. Estado de arte en resiliencia. Washington DC: Organización Panamericana de la Salud; 1997.
  27. Wilson W. The Truly Disadvantaged. The Inner City. The Underclass and Urban Policy. Chicago: University of Chicago Press; 1987.
  28. Wilson W. The Ghetto Underclass: Social Science Perspectives. Newbury Park. California: Sage Publications. 1993.
  29. Massey D. The age of extremes: Concentrated affluence and poverty in the twenty-first century: Demography. 1996; 33(4):395-412.

 

 

 



La diligencia

 

Querien Vangal

Agosto / 2007

 

 

Todos agradecemos a la persona que es diligente, puntual a sus compromisos. Como que tiene un algo de especial.  Demuestra una madurez poco común, y sobre todo, es una persona que transpira responsabilidad, equilibrio y alegría.

 

Por eso, quiero hablar aquí de esta virtud, la diligencia: qué es, cómo se consigue, qué campos abarca, qué frutos aporta en la vida.

 

La palabra diligencia procede del verbo latino "diligere", que curiosamente significa amar. Pero no un amar en general, sino un amar con delicadeza, con cariño. Es mucho más que el simple verbo, también latino, "amare", que es más general, y que abarca también amar cosas y animales. La diligencia se da para expresar este amor de dedicación a las personas y sólo a las personas. Es diligente el maestro que trae las pruebas de los alumnos corregidas y además, y su materia bien preparada. Es diligente el médico, que atiende con amor a su paciente y no le hace esperar absurdamente o con displicencia. Es diligente ese padre o madre de familia que aprovecha cualquier oportunidad para formar y animar a sus hijos. Es diligente ese líder o jefe que sabe adelantarse a las necesidades de sus subalternos y les ayuda a crecer. Es diligente ese entrenador de fútbol que sabe cuándo entrenar, dónde y cómo, mirando el bien del equipo. Es diligente ese alumno que entrega a tiempo su trabajo, y bien. Es diligente ese hijo que obedece a sus padres en todo lo que respecta a sus compromisos de hijo. Es diligente ese obrero que llega puntual y hace su trabajo movido por el amor, y no sólo por el jornal.

 

Esta virtud humana formaría parte de la virtud teologal de la caridad, por una parte, porque está motivada por el amor. Por otra parte, está emparentada con la virtud moral o cardinal de la fortaleza y de la prudencia. De la fortaleza, porque requiere de mucha voluntad para llevar adelante con perfección los compromisos espirituales, intelectuales, profesionales y apostólicos, que uno tiene durante su vida. Y de la prudencia, porque esta virtud nos da la pauta para obrar, aquí y ahora con acierto y sin demora.

 

La diligencia se codea con otros valores que todo hombre o mujer debe alcanzar en su vida: coraje, valentía, ánimo y entusiasmo.

 

Diligencia es el cuidado y el esmero en ejecutar algo. Es esa prontitud de ánimo, esa agilidad interior y exterior, esa prisa apacible en hacer bien, en hacer con amor, en hacer con gozo lo que tengo que hacer en ese momento. Es esa laboriosidad a la hora de realizar las tareas y encomiendas.

 

Lo contrario a diligencia es el descuido, el "ahí se va", el más o menos, la informalidad, la impuntualidad, la desidia, la desgana. Todo esto es síntoma de una persona que ama poco, que ama pálidamente, que ama a cuentagotas. Que es inmadura, en pocas palabras, y enana en su estatura moral.

 

¿Cómo se consigue la diligencia?

 

La diligencia se consigue en gerundio, como se dice hoy día, es decir, poniéndola en práctica aquí y ahora, en todas las circunstancias. En ese trabajo encomendado, en ese estudio, en ese compromiso.

 

Esta diligencia abarca estos campos: con Dios, con los demás y consigo mismo.

Diligencia con Dios significa cumplir bien y con amor mis compromisos con Él: mi oración de cada día, mi misa dominical, mis devociones, y las promesas que hemos hecho.

 

Diligencia con los demás significa formalidad, atención, delicadeza en las tareas que realizo con ellos o para ellos. Meter el alma en hacer las cosas. Poner entusiasmo en cuanto emprendo. Esforzarme siempre.

 

Diligencia conmigo mismo significa ser un hombre ocupado, no inactivo y perezoso. Un hombre de metas, de superación constante, de excelencia. Un hombre que tiene todo a tiempo y lo tiene bien.

 

¿Qué frutos abarca?

 

A nivel personal: una gran madurez, seriedad, perfección en todo cuanto realizo y emprendo.

 

A nivel familiar: todo irá a las mil maravillas en casa. Si hay amor –y eso significa diligencia- habrá cariño, respeto, ayuda mutua, compartir trabajos en casa.

 

A nivel laboral y profesional: diligencia significa seriedad, puntualidad, perfección.

 

Debemos educarnos para la diligencia. Nadie nace diligente. Nos hacemos, a fuerza de voluntad, hábitos y esfuerzo. El miedo paraliza la diligencia, como también la pereza, ese vicio, que nos rebaja como hombres y nos achica.

 

Para vencer esa pereza debemos tener ideales nobles en nuestra vida, mirar modelos a quienes imitar y que nos lancen a conseguir esa diligencia. Pero se puede. Si uno quiere, se puede. Querer es poder, decían los clásicos.

 

Atrévete a cultivar esta virtud.

 

 



La constancia, medicina contra el fracaso


Querien Vangal

Agosto / 2007

 

El fracaso es una realidad. Muchas veces no se puede evitar, las cosas empiezan a complicarse y aquellos puntos sobre los que nosotros poníamos toda nuestra confianza, comienzan a ceder, como columnas de un foro romano que ya no puede resistir. Entonces sucede lo inesperado, o lo previsto: el fracaso. Y luego el fracaso engendra el pesimismo, y el pesimismo nos cubre de púas, haciéndonos intratables; nos encerramos, "nos sentimos fracasados".

 

En primer lugar, no todo el que fracasa es un fracasado. El fracaso no es sino una ocasión para hacer de un fallo una experiencia. Y la experiencia nos hace experimentados, con la posibilidad de convertirnos en expertos.

 

En segundo lugar, hay fracasos que se pueden evitar: muchas de las cosas que nos suceden, suceden por un solo motivo: nuestra falta de constancia. Nunca, la falta de constancia, nos dará un éxito. Nos puede dar una "chiripa", pero no nos dará jamás un éxito. Los éxitos son frutos de la constancia. La importancia de la constancia es evidente en el atleta campeón, en el santo, y en quien ha triunfado, de algún modo, en la vida.

 

La constancia es la fortaleza, pero la fortaleza continua, la fortaleza en el momento presente, y en el que sigue, y en el que sigue.

 

Una forma muy original de ver el tiempo es ésta: "el presente es ese instante que convierte el futuro, que aún no existe, en pasado, que ya no se cambia". El presente es el único momento que tenemos, el único del que disponemos. La constancia es ser fuerte en este momento, hasta que el momento del éxito llegue.

 

Así es que yo puedo ser constante hoy. No sé si ayer no fui constante, no sé si mañana podré serlo, o no, pero ahora puedo. Y lo seré.

 

Cuesta mucho ser constante una semana, un mes, un año. Pero ser constante ahora, eso sí que se puede hacer.

 

Cuando el río Colorado vio la gran meseta sobre la que el Creador lo había puesto, se propuso cavar allí un gran cañón. Y comenzó a correr con toda su fuerza rascando la roca, pero no hacía nada. Pasaban los años y el Colorado no profundizaba nada. Y se desesperaba. Un día llegó un buitre sabio y le dijo al río "¿Qué te pasa? ¿Por qué estás enojado?" "¡Llevo años rallando roca y no he hecho nada! ¡Soy un inútil!" respondió el río. "Ah," dijo el buitre, "la constancia no consiste en hacer todo hoy. Sino en hacer hoy lo que me toca hacer, todo lo que me toca hacer, y sólo lo que me toca hacer". El río se quedó pensativo. Se tranquilizó, y comenzó su trabajo. Ahora, después de seis millones de años, ya ha cavado veintinueve kilómetros, y sigue adelante.

 

No nos desesperemos por el mañana ahora, aprovechemos el hoy, y cuando el mañana llegue, ya será hoy y, entonces, lo aprovecharemos.


--¿Y el fracaso?


--¿Cuál fracaso? Mis fallos no son sino experiencias. Mis fallos me enriquecen. Por lo demás, el ayer ya no lo puedo solucionar. Es inútil que me ponga a llorar porque derramé la leche ¿qué solución tiene?

 

He aquí la conclusión: soy una persona, soy cristiano. Tengo un deber, y tengo un tiempo para hacerlo. No es justo ni provechoso despreocuparme, ni preocuparme. Lo justo, necesario, y provechoso, es ocuparme con constancia en mis deberes, entre los que se encuentran, en primer lugar, mi relación con Dios, y en segundo lugar, mi relación con el prójimo.




 



jueves, 17 de junio de 2010

Humildad, cualidad del verdadero líder

 
Enrique Galván-Duque Tamborrel
agosto / 2007

 

La humildad suele ser con frecuencia
una simulada sumisión…
un artificio del orgullo, que se abate
un momento para elevarse después.

 

Quien por las circunstancias de la vida o por decisión propia encabeza un equipo de personas se habrá dado cuenta de la gran responsabilidad que conlleva esta actividad y posición que ocupa.

 

El verdadero líder sabe que no puede trabajar aislado pensando solo en su propio beneficio, quien así lo hace está solamente guiando a un grupo de personas utilizándolas para lograr sus intereses particulares. En este caso, las personas se convierten en objetos de uso, puesto que, si dejan de ayudarle a la consecución de su bien particular, simplemente son desechadas o hechas a un lado.

 

Por el contrario, el verdadero líder sabe que tiene una misión que cumplir y también reconoce que, al contar con un equipo de personas, estas deberán ayudarle a lograr los objetivos al mismo que tiempo que la realización de ellos como personas. En este sentido hay tres metas en juego: la del equipo en conjunto -misión-; la de cada uno de los miembros de forma particular en relación a la misión -realización personal-; y, finalmente, cada uno de los miembros del equipo en relación a los demás -bien común-.

 

El líder debe tener claro esas tres metas y buscar como el mejor director de una orquesta que haya armonía en el trabajo. Así, con el ejemplo, el violinista seguirá al director pero al mismo tiempo desarrollará su cualidad como violinista sin olvidar que forma parte de un grupo y que su actuación puede afectar o hacer que el trabajo en conjunto sea toda una obra de arte.

 

Esta misión del líder no la podrá realizar sin cualidades muy importantes. De acuerdo con Carlos Llano, quien posee la claridad filosófica y entendimiento del hombre que dirige y actúa, el Líder o Director realiza tres principales actividades que son: Diagnóstico, Decisión y Mando. El Diagnóstico que le permite al líder conocer la realidad, la Decisión que parte del entendimiento de la realidad para saber qué se debe hacer, y el Mando que es la actividad que ejerce con los miembros de su equipo dándoles las pautas a seguir y asegurando el resultado.

 

Nos detendremos en la primera actividad que es el Diagnóstico. Entender la realidad, sobre todo en estos días en los que los medios la presentan tan desfigurada, no es un asunto trivial. Sin embargo, resulta fundamental; por eso el maestro Carlos Llano nos da la clave para poder realizar esa actividad de forma adecuada. Hace énfasis en la aptitud del líder que requiere de dos cualidades que podríamos llamar hábitos y, como hablamos de verdaderos líderes responsables y ejemplares, quizás deberíamos hablar de virtudes: humildad y objetividad.

 

Humildad y objetividad son parte de la forma de ser de las personas. No basta con leer sobre la humildad y la objetividad y aprendernos sus significados; de nada nos serviría un curso sobre ambos temas para poder saber que somos objetivos y humildes. Por lo tanto, es necesario hacer esos conceptos nuestros y que formen parte de nuestra persona al grado de que, como los conductores que manejan un auto de velocidades, ya no necesitan ver la palanca ni el mapa que indica donde están.

 

La objetividad no es otra cosa que la realización de un proceso de pensamiento que reconoce que la Verdad existe y que la realidad ES en la medida en que se apega a la Verdad. Si uno tiene enfrente un tenedor, que es un objeto material con ciertas características evidentes, sería absurdo decir que es un cuchillo, por más que mal usemos a veces el tenedor para cortar la comida suave o para otras cosas. Resulta que hoy en día hay personas que piensan que todo es relativo y, por tanto, un tenedor no es un tenedor sino depende de quien lo observa, y para esto crean una cantidad de elucubraciones y demostraciones que son más complejas que la evidencia que no requiere nada más que el sentido común.

 

En el mismo ejemplo, para que cada uno podamos conocer de manera correcta al objeto y podamos finalmente definirlo, necesitamos información derivada de la observación. Es un objeto pequeño, accesible a la mano, con un mango fino que en uno de sus extremos tiene puntas separadas.

 

Utilicé un ejemplo tonto y simple para entender que la realidad existe y que, como todas las cosas, tiene un principio elemental. Sin embargo, el escenario podría complicarse cuando alguien intente hablar o explicar el objeto como lo estoy haciendo yo, es decir, sin que nadie vea físicamente al objeto en cuestión. En lugar de mencionarlo por su nombre podría decir que vi un objeto con un mango accesible a la mano, esta explicación deficiente de mi parte no hace que el tenedor deje de ser tenedor. Simplemente la información que he dado sobre el mismo es insuficiente.

 

Más complicado si otra persona que también vio físicamente el mismo tenedor interviene y explica que es un instrumento de metal con puntas. Habría dos explicaciones aparentemente diferentes sobre el mismo objeto, pero una vez más, el objeto no dejaría de existir.

 

El líder necesita tomar decisiones para lograr los objetivos. Vamos a suponer, siguiendo con nuestro ejemplo, que este líder es un organizador de eventos y necesita saber si hay tenedores y que está escuchando mi explicación junto con la del otro, pero sin ver el objeto. Ambos estamos viendo y explicando partes de una misma verdad. Si el líder organizador de eventos es un verdadero e inteligente líder no irá a comprar más tenedores. Se asegurará de que la información que está recibiendo sea suficiente, y si no lo es, pedirá más datos para saber que, efectivamente, si hay tenedores.

 

Este proceso de allegarse a la información suficiente es fundamental para el líder que necesita tomar decisiones, y es el proceso que requiere para poder entender la realidad, en este caso una realidad externa a él. Esto lo hace una persona objetiva.

 

La humildad es muy similar a la objetividad que pretende entender la realidad, pero enfocada en el reconocimiento y observación de lo que somos nosotros. En este caso el proceso es mucho más complicado y difícil porque implica conocernos. Hay dos vías para conocernos: una es analizando nuestros actos y otra escuchando a quienes se refieren a nosotros. El ejercicio serio de la humildad implica utilizar ambas vías para conocerse. Es un ejercicio que no cualquier persona es capaz de hacer, el escuchar sin refutar lo que se habla de uno, independientemente de que sea o no cierto, pues al final esto puede ser un percepción que emane de una forma de actuar.

 

El verdadero líder es quien se conoce a sí mismo, sabe de sus capacidades o fortalezas y de sus debilidades y que, al conocerlas, puede incidir en él mismo para utilizar sus capacidades en la consecución del fin y, al mismo tiempo, sabrá qué necesita para poder suplir o eliminar algunas de sus debilidades.

 

Un verdadero líder no es quien se sabe perfecto, sino quien sabe quién es, que conoce, reconoce y admite sus defectos y hace con ese conocimiento de sí cosas grandes.

 

El líder humilde tendrá el tiempo y la capacidad para conocer a quien dirige e influir en ellos para lograr cosas inimaginables.

 

México necesita líderes humildes, capaces de comprender la realidad, de reconocer el bien común y de entender, conociendo la verdad sobre los seres humanos, es decir su naturaleza, que su trabajo es necesario y urgente.

 

Lamentablemente en México se ha desarrollado una casta de líderes que lo único que buscan es servirse de sus seguidores y no de servirlos, se les olvida que éstos son sus compañeros y que en él confían, traicionando así la confianza que en él han depositado, y por qué no decirlo, la fe que en él tienen.  Ya lo dijo hace tiempo el filósofo Querien Vangal: "el día en que se acabe la casta de lideres corruptos y parásitos que en México se ha creado, nacerá un nuevo y claro horizonte para los trabajadores".